Resumen

El acelerado cambio tecnológico y la difusión del conocimiento están cambiando la estructura y la organización del comercio internacional. La automatización y digitalización de la industria, así como los procesos productivos, plantean una serie de interrogantes y desafíos con respecto a la adaptación de los instrumentos de la política comercial, en un entorno global, donde cobra fuerza el comercio de servicios intensivo en capital humano y tecnologías digitales. En tal sentido, la re-industrialización progresiva de la economía venezolana y la construcción de un comercio exterior no petrolero requerirá que los actores públicos y privados analicen las tendencias comerciales actuales para lograr una estrategia de inserción internacional dinámica, innovadora y competitiva en el comercio mundial.

Palabras Clave: Comercio Exterior Venezolano, Política Comercial, Servicios, Economía del Conocimiento.

“Knowledge is the most democratic source of power”

Alvin Toffler


 

El comercio exterior venezolano en las últimas dos décadas profundizó su estructura monoexportadora intensiva en el sector petrolero de acuerdo a datos estadísticos del Banco Central de Venezuela y Trade Map (2018). El 96% de los ingresos externos de Venezuela se obtienen por la venta de petróleo y sus derivados (prodavinci, 2019). Este patrón productivo y comercial ha tenido diversas consecuencias negativas sobre la macroeconomía venezolana dado que, nuestro país al ser dependiente de las materias primas, es vulnerable a los shocks externos producidos por las fluctuaciones de los precios de los recursos primarios.

Esta afirmación se evidencia cuando revisamos la evolución del comportamiento macroeconómico y la tendencia irregular de los ciclos económicos durante los últimos años, bajo períodos de bonanza petrolera que potenciaron un crecimiento económico basado en el consumo interno y las importaciones, pero con ningún impacto sobre la diversificación productiva pese a los esfuerzos realizados entre la década de los setenta y noventa que elevaron la participación de las exportaciones no petroleras (Arellano y Levy, 2013).

La no diversificación exportadora se ha agravado por muchos desaciertos macroeconómicos y comerciales cometidos en los últimos veinte años que han profundizado el rentismo petrolero. La salida del Tratado de los Tres y de la Comunidad Andina, el ingreso irregular al Mercado Común del Sur (fuimos suspendidos en 2017) y la falta de una política coherente de promoción de exportaciones respondió a una estrategia de integración basada en criterios ideológico-políticos que no generó impacto positivo alguno sobre el comercio exterior no petrolero, desplazando a Venezuela de las nuevas tendencias del comercio internacional.

A este panorama complejo, debemos añadir el colapso actual de la producción petrolera y la tendencia a la baja (y posterior estabilización por debajo de los 60$) de los precios internacionales del petróleo desde 2015, lo que ha profundizado la recesión de la economía venezolana que cumplirá su sexto año en contracción en 2019. En paralelo a lo descrito, el comercio internacional atraviesa por grandes alteraciones que merecen la pena señalar en este artículo. El cambio tecnológico y el auge del comercio internacional de los servicios basados en el conocimiento, en el marco de la Cuarta Revolución Industrial, desafían las clásicas ventajas comparativas basadas en recursos naturales, puesto que las nuevas relaciones comerciales a escala global priorizan en ámbitos como la innovación, la digitalización y la creación de bienes intensivos en propiedad intelectual.

En este orden de ideas, la consolidación de un dinámico comercio exterior requerirá comprender estos fenómenos para formular una política comercial que promueva el desarrollo de ventajas tecnológicas a través de la promoción y financiamiento de ecosistemas de innovación, plataformas digitales y aceleradoras de emprendimiento. En tal sentido, el objetivo del presente artículo es exponer una serie de consideraciones para promover el debate en torno a la reinserción comercial de nuestro país en el comercio internacional en un contexto de industrias digitales y disrupción tecnológica.

Un repaso de la política comercial venezolana en los 50 años.

Un buen manejo de los instrumentos de la política comercial puede favorecer la internacionalización de las pymes venezolanas y crear las condiciones para atraer inversión extranjera directa, agregar valor a nuestras exportaciones y generar competitividad. Es una herramienta clave para la integración económica y la diversificación de la canasta exportable de Venezuela, a través de la negociación de acuerdos comerciales y la promoción de la marca país en el comercio internacional.

Cuando revisamos la historia de las relaciones comerciales internacionales de Venezuela encontramos algunos hechos que merecen la pena mencionar en este artículo. Desde el inicio de la democracia en la década de los sesenta del siglo pasado, la política comercial venezolana estuvo guiada por el famoso modelo de industrialización por sustitución de importaciones en un esfuerzo por diversificar la economía (aunque los resultados no fueron del todo satisfactorios).

Desde los setenta, los sucesivos gobiernos democráticos suscribieron distintos esquemas de integración económica como la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (posterior ALADI), Acuerdo de Cartagena (CAN), Sistema Económico Latinoamericano (SELA), se creó el Instituto de Comercio Exterior (ICE) y el Fondo de Financiamiento de las Exportaciones para impulsar las exportaciones no petroleras, pero este activismo comercial fue afectado entre la década de los setenta y ochenta debido a los desequilibrios en el mercado cambiario ocasionado por los shocks petroleros positivos y la posterior inestabilidad macroeconómica que afectaron la dinámica económica nacional luego del viernes negro.

Pese a esto, Venezuela entre la década de los ochenta y noventa siguió la modalidad de integración económica planteada por ALADI en el Tratado de Montevideo (1980): los acuerdos de alcance parcial y de complementación económica, se suscribieron acuerdos comerciales bilaterales y de alcance regional con algunos países caribeños y sudamericanos. Veamos los acuerdos comerciales suscritos:

Acuerdos comerciales País / Parte signataria Fecha
Alcance Parcial N23 Guatemala 1985
Alcance Parcial N25 Nicaragua 1986
Alcance Parcial N26 Costa Rica 1986
Alcance Parcial N27 El Salvador 1986
Alcance Parcial N16 Honduras 1986
Alcance Parcial N20 Trinidad y Tobago 1989
Alcance Parcial N22 Guyana 1990
Alcance Parcial N24 CARICOM 1992
Acuerdo de Complementación Económica N23 Chile 1993
Acuerdo de Complementación Económica N33 (G3) Colombia y México 1994-2006
Multilateral OMC 1995

Fuente: Foreign Trade Information System 

En el marco de la ronda de Uruguay y el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, se realizaron diversas reformas para fomentar una integración comercial dinámica, se flexibilizaron procedimientos administrativos y se buscó elevar la canasta exportable no petrolera. Como bien señala Arellano y Levy, las exportaciones no petroleras a finales de los noventa llegaron a representar 30% del valor del comercio exterior total del país. En 1996, el ICE pasó a convertirse en el Banco de Comercio Exterior (Bancoex). 

Sin embargo, este ímpetu comercial fue interrumpido durante las últimas dos décadas, la diversificación productiva pasó a un segundo plano. Esto se evidencia en materia de integración económica: el Estado venezolano se retiró de la CAN, del grupo de los 3 (acuerdo de complementación económica N-33) y promovió la creación de esquemas de integración basados en criterios político-ideológicos (ALBA, Petrocaribe y UNASUR) para sostener la petrodiplomacia. Veamos los siguientes datos de las exportaciones petroleras y no petroleras; para 1997, las exportaciones privadas no petroleras alcanzaron los 3700 millones de dólares; para 2018, rondaron los 699 millones de dólares. Las estadísticas confirman el estancamiento y colapso posterior de las exportaciones privadas no petroleras:

Banco Central de Venezuela

En tal sentido, el comercio exterior venezolano profundizó su estructura monoproductora debido a múltiples factores tales como el control de cambios que sobrevaluó la moneda durante años y fue un incentivo para la re-primarización, el boom de los precios del petróleo que permitió financiar una ola de importaciones y la estatización masiva de empresas privadas que erosionaron los derechos de propiedad, la libertad de empresa, la productividad laboral y la competitividad; elevando el coste del sector productivo nacional para acceder al mercado internacional. Aunque desde 2013 se han ido simplificando algunos procedimientos administrativos para la exportación no petrolera, la aguda recesión, la falta de una política de Estado, la desindustrialización y la espiral inflacionaria han socavado cualquier esfuerzo gubernamental. Esto lo podemos evidenciar con los siguientes datos de los bienes exportados para 2018:

Partida arancelaria (Capítulo) Producto Valor exportado en 2018 (miles de USD)
Total Todos los productos 34.882.348
27 Combustibles minerales, aceites minerales y productos de su destilación; materias bituminosas; ceras minerales 29.981.837
71 Perlas finas (naturales) o cultivadas, piedras preciosas o semipreciosas, metales preciosos, . . . 2.718.238
29 Productos químicos orgánicos 561.659
72 Fundición, hierro y acero 251.386
76 Aluminio y sus manufacturas 229.147
26 Minerales metalíferos, escorias y cenizas 219.027

Fuente: Datos suministrado por Trade Map. Cuadro de elaboración propia.

Lamentablemente, esta matriz exportadora intensiva en recursos naturales con escaso valor agregado se ha venido intensificando ante la severa desindustrialización, desplazándonos de las cadenas globales de valor y las tendencias tecnológicas del comercio internacional.

La nueva economía mundial y la necesidad de construir una nueva política comercial

Ahora bien, toda revisión futura del comercio exterior no petrolero venezolano pasa por comprender las nuevas tendencias comerciales para identificar oportunidades y nichos de negocios. Debemos entender que el comercio internacional contemporáneo ha sufrido una serie de transformaciones debido a factores estructurales que han modificado los patrones comerciales, así como los modos en los que se intercambian y comercializan los bienes y servicios. En una primera instancia, la naturaleza de los bienes físicos que se intercambian han cambiado, la proporción de bienes intermedios (piezas y partes) aumentó y representa el 60% del comercio mundial (UNCTAD, 2015).

En una segunda instancia, los servicios adquieren fuerza y representan un peso importante en la economía mundial. De acuerdo al Instituto McKinsey (2019), el comercio de servicios ha crecido 60% más rápido que el comercio de bienes físicos en la última década y representan alrededor del 20% de las exportaciones mundiales según las estadísticas tradicionales (BID, 2018). No obstante, nuevas metodologías desarrolladas por la OMC y la OCDE ofrecen estimaciones que, medido en términos de valor agregado, elevan el peso de los servicios al 45% de los intercambios mundiales superando el comercio de manufacturas. Este crecimiento se explica como bien señala McKinsey:

“R&D, engineering, sales and marketing, finance, and human resources all enable goods to go to market. In addition, we find that imported services are substituting for domestic services in nearly all value chains. In the future, the distinction between goods and services will continue to blur as manufacturers increasingly introduce new types of leasing, subscription, and other “as a service” business models.” (op. cit.).

Por otro lado, el comercio internacional actual se organiza bajo la fragmentación geográfica de las etapas de producción, también conocidas como Cadenas Globales de Valor (representan el 90% del comercio mundial), donde participan diversos países con distintos niveles de ingreso, dotación de recursos productivos y competitividad. Cada país participante se especializa no en una industria sino en una determinada cadena de producción a través sus ventajas comparativas. Nos parece importante destacar que las CGV ha cambiado la geografía económica internacional porque ha favorecido la participación de las economías emergentes, que contribuyen a más de la mitad del PIB global (FMI).

A su vez, desde hace algunos años en los círculos académicos se ha venido discutiendo e investigando los nuevos objetos referentes de la economía mundial. “La economía del conocimiento” es un sector de la economía donde su valor económico no reside en el uso intensivo del capital físico (maquinarias) o en los factores de producción clásicos, sino en la creación, utilización y difusión del conocimiento en las actividades económicas a través del capital humano y las innovaciones tecnológicas, es decir, el factor de producción en la economía del conocimiento es la propiedad intelectual.

La economía del conocimiento agrupa otros sectores como la economía digital y la economía creativa o naranja que se basan en la intangibilidad, la descarbonización, la digitalización de los bienes, el uso intensivo de los datos, la automatización y las innovaciones tecnológicas, con lo cual la naturaleza del comercio mundial está en fase de transformación , es decir, cómo se comercia, los tipos de bienes que se comercian y los países que participan. ¿Cómo ha sido posible? El auge y difusión de las tecnologías de la información y comunicación, han generado un impacto económico sin precedentes elevando los niveles de productividad y sentando las bases para un cambio estructural en la organización de la economía mundial. Veamos los siguientes datos que sustentan mi afirmación y reflejan como ha crecido la inversión privada en activos intangibles (marca, diseño, software etc.):

McKinsey

Este impulso de los intangibles en el comercio se evidencia con un sector que está ganando impulso: los servicios basados en el conocimiento (SBC) caracterizados por su uso intensivo del capital humano con elevada calificación y tecnologías digitales como la inteligencia artificial, la big data, blockchain y el internet de las cosas. Este sector cobra fuerza en la cadena de valor porque abastece toda la línea de producción que va desde el diseño e investigación del producto hasta el marketing. Entre los servicios de este sector podemos señalar las telecomunicaciones, diseño, publicidad, servicios financieros, servicios audiovisuales, educación a distancia, telemedicina y servicios informáticos (BID).

Estos servicios son exportables (outsourcing y offshoring ) debido a que el costo de generar, almacenar y transmitir información ha venido disminuyendo gracias a las TIC. La distancia no importa en este sector, una persona puede realizar un diplomado impartido por una institución extranjera, una multinacional puede tercerizar los servicios informáticos en otro país y un paciente puede ser operado desde la distancia. Richard Baldwin llama esto la “telemigración y la servificación[1]”, o la gran convergencia de la economía mundial donde la ventaja comparativa reside en los trabajadores, sus habilidades e ideas. Baldwin (2019) señala: 

«Tele-migration will allow people with skills in developing nations to export their services directly. This may allow the emerging market miracle to continue, but also to spread to many nations that until now have only been able to export commodities.» (Vox)

Interesante, ¿no?

McKinsey

 

Cuando revisamos detalladamente algunos datos de McKinsey, nos damos cuenta que los subsectores de los SBC más favorecidos son los servicios corporativos, telecomunicaciones y tecnologías de la información, propiedad intelectual y finanzas. Esta tendencia comercial representa una oportunidad para crear nuevos nichos de negocios en estos sectores, empleos y agregar valor a nuestras exportaciones no petroleras. Sin embargo, esto requiere consolidar una cultura emprendedora que pueda iniciar un proceso dinámico y virtuoso de constitución de nuevas empresas sustentables e innovadoras con capacidad exportable. ¿Cómo lograrlo? Desarrollar una política de Estado y capacitar a la industria venezolana.

Una hoja de ruta comercial

La nueva política comercial tiene que ser integral, multidimensional y deberá idear fórmulas para monitorear y aprovechar las oportunidades que ofrece la economía del conocimiento; esto requiere, en mi opinión, una serie de pasos: 1) adaptar las normativas aduaneras existentes para facilitar el comercio no petrolero (arancelarias, para-arancelarias etc.); 2) Disminuir progresivamente el nivel arancelario y demás impuestos para facilitar la importación de bienes de capital, intermedios y tecnológicos necesarios para las pymes; 3) Invertir masivamente y dotar servicios eficientes de infraestructuras básicas como transporte, energía y telecomunicaciones; 4) Identificar y promover nuevos modelos de negocios como los servicios basados en el conocimiento a través de la creación, promoción y financiamiento de clústeres, centros de investigación en las universidades, think tanks y aceleradoras de emprendimientos; 5) Invertir en educación, ciencia y tecnología para desarrollar habilidades en sectores productivos intensivos en conocimiento como la ingeniería y la informática; 6) Proveer un marco institucional favorable para los negocios (proteger derechos de propiedad, disminuir la burocracia para la creación de empresas y simplificar trámites) y un mecanismo de financiamiento y facilidades fiscales para el emprendimiento (startups y pymes); 7) Iniciar un proceso dinámico al mediano y largo plazo de integración económica que le permita a Venezuela suscribir acuerdos comerciales de nueva generación (no limitados a desgravación arancelaria, deben incluir asuntos como propiedad intelectual, protección al medio ambiente y comercio electrónico) para acceder a nuevos nichos de mercados en las cadenas globales de valor;

Igualmente, en un contexto donde los flujos comerciales digitales están aumentando; 8) Es indispensable la inversión en el sector de las telecomunicaciones, puesto que es uno de los sectores de la nueva economía que más beneficios genera. La digitalización de la industria y el comercio desafían los actuales modelos de negocios puesto que la exportación de servicios e intangibles no requieren puertos o barcos para cruzar fronteras; debemos entender esto para avanzar en 9) Una política cambiaria previsible y transparente para evitar la sobrevaluación de la moneda, necesitamos un régimen cambiario que genere incentivos para el exportador no petrolero.

La economía mundial está cambiando y tenemos que adaptarnos

En esta era, las ventajas comparativas basadas en recursos naturales pierden relevancia, con lo cual resulta clave el desarrollo de ventajas tecnológicas que permitan hacer frente a una eventual pérdida de competitividad en los sectores productivos tradicionales donde Venezuela llegó a poseer capacidad exportable. Desde hace algunas décadas, hemos venido escuchando reiteradamente la necesidad de disminuir la dependencia del sector petrolero sin ningún éxito aparente. La severa crisis actual es una oportunidad para retomar las palabras del expresidente Rafael Caldera quien en los setenta afirmó:

Iniciativas interesantes nos animan a esperar buenos frutos para una política de comercio exterior sistemática, inteligentemente orientada a lograr una economía de exportación, mediante la acción de una diplomacia cada vez más consciente de los intereses nacionales y de su propia responsabilidad” (citado por Luis Grisanti).

La re-industrialización y cambio estructural de la economía venezolana deberá realizarse entendiendo los paradigmas de la economía mundial del siglo XXI y la nueva naturaleza del comercio mundial. Ciertamente, el rezago productivo y tecnológico de Venezuela es abismal, sin embargo, es el momento de reflexionar sobre qué proyecto de país y qué modelo de crecimiento y desarrollo económico queremos para el futuro.

La condición petrolera y vocación energética de la economía venezolana no se perderá, no hay duda en que será una industria clave en la construcción de un nuevo país, pero la recuperación de la producción petrolera según los pronósticos más conservadores requerirá miles de millones de dólares (difíciles de conseguir considerando la magnitud de la deuda externa, la precariedad de la economía y el número de inversiones necesarias en el sector)

A su vez, dado los cambios en el mercado petrolero mundial (nuevos actores y mayor oferta) y el creciente uso de las energías renovables en el marco de una transición energética que busca disminuir las emisiones de carbono (concordante con el Acuerdo de París que busca limitar la temperatura mundial a través del uso de energías limpias y no contaminantes que Venezuela suscribió), la demanda de petróleo en los próximos años estará mostrando una tendencia de desaceleración ( alcanzando el peak demand en 2030 según datos de McKinsey) con lo cual afectará el precio del petróleo y los beneficios esperados actuales y del futuro. En todo caso, los recursos provenientes del petróleo deberían destinarse para financiar ecosistemas de innovación y de emprendimiento que permitan disminuir el peso de los hidrocarburos en la canasta exportable para enfrentar la nueva realidad comercial global.

Finalmente, y es pertinente destacarlo, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) considera la innovación como una herramienta para el desarrollo económico cuando adoptó los 17 objetivos de la Cumbre Desarrollo Sostenible en 2015. El objetivo número 9 es enfático cuando señala en una de sus metas:

“Aumentar la investigación científica y mejorar la capacidad tecnológica de los sectores industriales de todos los países, en particular los países en desarrollo, entre otras cosas fomentando la innovación y aumentando sustancialmente el número de personas que trabajan en el campo de la investigación y el desarrollo por cada millón de personas, así como aumentando los gastos en investigación y desarrollo de los sectores público y privado para 2030” (UNDP, 2015).

Es necesario promover el debate sobre la futura inserción comercial de Venezuela desde un enfoque que considere los nuevos patrones productivos y comerciales globales. Tenemos una oportunidad valiosa para desarrollar una cultura exportadora y emprendedora que permita diversificar la matriz productiva y exportadora para reducir los tiempos de reconstrucción de nuestro producto interno bruto. En realidad, el comercio se está desplazando hacia servicios y bienes intensivos en conocimientos[2] y tecnologías digitales con lo cual se hace indispensable dar un salto hacia la innovación si queremos verdaderamente sentar las bases para un cambio estructural del comercio exterior venezolano, reducir las brechas productivas, aumentar la competitividad y aprovechar las oportunidades comerciales y financieras que ofrece el cambio tecnológico en el marco de la Cuarta Revolución Industrial. De lo contrario, las brechas tecnológicas y productivas con el resto del mundo seguirán aumentando y quedaremos desplazados de la nueva dinámica comercial mundial.

Si te gustó el artículo y quieres profundizar, accede al siguiente enlace: https://ceinaseg.com/venezuela-en-la-nueva-economia-mundial-entre-la-adversidad-y-la-innovacion/

 


 

Referencias documentales

Arellano, F. y Levy, S. (3 de junio 2013). La política comercial venezolana: una oportunidad desaprovechada. Recuperado de https://www.ictsd.org/bridges-news/puentes/news/la-pol%C3%ADtica-comercial-venezolana-una-oportunidad-desaprovechada

Baldwin, R. (19 de diciembre de 2018). If this is Globalisation 4.0, what were the other three? Recuperado de https://voxeu.org/content/if-globalisation-40-what-were-other-three

Baldwin, R. (21 de enero de 2019). Globalisation 1.0 and 2.0 helped the G7. Globalisation 3.0 helped India and China instead. What will Globalisation 4.0 do? Recuperado de https://voxeu.org/content/globalisation-10-and-20-helped-g7-globalisation-30-helped-india-and-china-instead-what-will-globalisation-40-do 

Banco Central de Venezuela. (2019). Estadísticas de comercio exterior. Recuperado de http://www.bcv.org.ve/estadisticas/comercio-exterior

Banco de Desarrollo de América Latina (2012). Tratados de Libre Comercio en América del Sur. Disponible en http://publicaciones.caf.com/media/21339/caf_libro_tlc_web_dl-orginal.pdf

Banco Interamericano de Desarrollo. (2015). Exportando conocimiento. Recuperado de https://intal-interactivo.iadb.org/?p=36

Banco Interamericano de Desarrollo. (2015). Servicios manufacturados. Recuperado de https://intal-interactivo.iadb.org/?p=44

Foreign Trade Information System (2019). Trade agreements and related sections. Recuperado de http://www.sice.oas.org

Guevera, J. (22 de marzo de 2019). ¿Y la política industrial para cuándo?Recuperado de https://prodavinci.com/y-la-politica-industrial-para-cuando/

Grisanti, L. (10 de mayo de 2019). Calvani y las exportaciones no tradicionales. Recuperado de https://www.analitica.com/opinion/calvani-y-las-exportaciones-no-tradicionales/

McKinsey Global Institute (enero de 2019). Globalization in transition: The future of trade and value chains. Recuperado de https://www.mckinsey.com/featured-insights/innovation-and-growth/globalization-in-transition-the-future-of-trade-and-value-chains

McKinsey Global Institute (enero de 2019). Digital globalization: the new era of global flows. Recuperado de https://www.mckinsey.com/~/media/McKinsey/Business%20Functions/McKinsey%20Digital/Our%20Insights/Digital%20globalization%20The%20new%20era%20of%20global%20flows/MGI-Digital-globalization-Full-report.ashx

Organización de las Naciones Unidas. (2015). Objetivo de Desarrollo Sostenible 9. Recuperado de https://www.un.org/sustainabledevelopment/es/infrastructure/

Trade Map (2019). Estadísticas del comercio exterior de Venezuela. Recuperado de https://www.trademap.org/Index.aspx?lang=es&AspxAutoDetectCookieSupport=1

TEDx Talks (2018). Why will future globalisation be so different | Richard Baldwin. Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=qHBoxRdd08o


Notas de pie

[1] Es decir, gracias a las tecnologías digitales se pueden exportar servicios porque disminuye el costo de almacenar y transmitir ideas.

[2] El sector de la economía del conocimiento en Argentina genera anualmente alrededor de 6.000 millones de dólares y provee 440.000 empleos. La reciente sanción de la ley de economía del conocimiento es una oportunidad para regular el sector y generar incentivos (la Nación, 2019)

 

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José Humberto Blanco Trejo
Licenciado en Estudios Internacionales por la Universidad Central de Venezuela. Con diplomado en Comercio Exterior por la Asociación Venezolana de Exportadores (AVEX). Miembro fundador y director de CEINASEG. Se desempeñó como preparador de Microeconomía y Macroeconomía en la Escuela de Estudios Internacionales de la UCV. Actualmente se desempeña como profesor universitario de pregrado en la misma casa de estudios. Es articulista en Proeconomía y Analista de Negocios Internacionales de la consultora en comercio exterior "TAT Consultores." Sus líneas de investigación son las cadenas globales de valor y la nueva carrera tecnológica entre las grandes potencias en la geopolítica global.