Existe una premisa sobre la realidad norteamericana que no está sujeta a debate: La inmigración es un fenómeno intrínsecamente relacionado con ella. Los fundadores del país eran principalmente descendientes de británicos, holandeses y suecos, que compartían un sueño de unidad y democracia más que un legado cultural. En la actualidad, solamente un 1,5% de la población desciende de los nativos americanos, el restante 98,5% tiene su origen familiar en otra parte del mundo. Por lo cual, no es extraño que muchos hagan referencia a esta gran potencia como un “país de inmigrantes” (Echevarría, 2020). A diferencia de otras naciones, Estados Unidos empezó como un proyecto entre varios estados que únicamente compartían proximidad y el yugo de la corona británica. A día de hoy, su grandeza y unidad reside precisamente en una serie de valores como la democracia y la libertad, que, a su vez, se alimentan de la heterogeneidad de sus componentes. Allí, cada persona aporta un ápice de patriotismo, y es ese patriotismo el que hace a sus habitantes estadounidenses.

Sin embargo, la llegada de nuevos ciudadanos siempre ha creado tensiones con los hijos de los que desembarcaron antes. Aunque al principio de su historia fueron los europeos quienes llenaron las calles de nuevos residentes, a partir de los años sesenta la mayoría de los inmigrantes de EE.UU. son latinoamericanos (Echevarría, 2020). En su mayoría son mexicanos, seguidos por salvadoreños y cubanos, pero la crisis migratoria venezolana de la última década ha incrementado notablemente la cantidad de nacionales de este país que ahora residen en Estados Unidos. Además, cada vez hay más latinos que tienen la ciudadanía estadounidense, y eso significa que la población latina con derecho a voto está en crecimiento, lo que le da al colectivo la oportunidad de tener más influencia política (Vermeulen, 2019).

El “voto latino”

El concepto de “voto latino” agrupa, nada más y nada menos, que a 32 millones de personas. Tomando en cuenta que, por ejemplo, la diferencia entre los votos por cada candidato en la elección Biden vs. Trump fue de aproximadamente 6 millones de electores, está claro que nos enfrentamos a un colectivo que posee relevancia en la arena electoral y debe ser, como mínimo, considerado. Ahora bien, es probable que esos 32 millones de personas prefieran no ser agrupadas bajo el mismo concepto pese a lazos comunes como su origen o idioma, ya que las experiencias de los latinos en Estados Unidos son muy diversas y dependen de factores como el nivel educativo, el estatus socioeconómico, la ubicación geográfica y la crianza familiar. Dado que todos esos factores forman opiniones y posturas políticas, es fundamental destacar que, en contra de cualquier mito prestablecido que pueda existir, el voto latino no es uniforme (Sulbarán, 2020).

La polarización del voto venezolano

En esta oportunidad vamos a adentrarnos específicamente en la dicotomía existente entre los electores de origen o ascendencia venezolana, que, como se mencionó anteriormente, es la comunidad de migrantes latinos que más rápidamente crece en Estados Unidos. Así como no está bien pensar que el voto del bloque es uniforme, tampoco lo está asumir que son votos asegurados para los demócratas.

Por un lado, hay quienes consideran que Trump será capaz de sacar a Nicolás Maduro del Palacio de Miraflores y restaurar la democracia en Venezuela, basándose sobre todo en el paquete de medidas, entre ellas las sanciones económicas, que se han tomado para presionar al gobierno chavista. Tienen la fantasía de que Trump es la única garantía de salvación que les queda, y que es él quien puede liberar a la patria de Bolívar (Barrera, 2020). Adicionalmente, este mismo grupo teme que el líder del Partido Demócrata, Joe Biden, lleve a EE.UU. hacia el socialismo. Pues, como es de esperarse durante una reñida campaña electoral, Trump ha hecho múltiples alegaciones, bastante poco sutiles, sobre como Biden es “débil con el socialismo” y un “títere del castrochavismo”, como estrategia para cautivar el voto latino: empujando a su contrincante hacia el extremo opuesto al suyo. La presunción es que dichos electores le rehúyen a cualquier cosa que suena a izquierda, en vista de que han pasado por experiencias autoritarias traumáticas desde esa orilla. Es el estereotipo del votante fiel a los Republicanos tanto por sus valores tradicionales como por una suerte de lección aprendida a la fuerza sobre el socialismo (Galindo, 2020).

Por el contrario, hay una parte del exilio venezolano que no piensa de la misma manera. Muchos se inclinan por Biden porque creen que el actual mandatario estadounidense ha mostrado los mismos rasgos autoritarios y populistas que antes vieron en Hugo Chávez, y más aún, en su sucesor, Nicolás Maduro (Bermúdez, 2020). Piensan que tanto Chávez como Trump son (o fueron) líderes mediáticos sin ningún tipo de escrúpulo, que utilizan la ideología como una estrategia de ventas (Barrera, 2020). A su vez, acusan a Trump de ahondar la división de la población y querer sacar rédito electoral a través del dolor de los migrantes venezolanos. Ven allí un reflejo de lo que ya vivieron en Venezuela hace años; la típica lucha de ‘ellos’ contra ‘nosotros’ y una lista de promesas inalcanzables que hacen evidente el matiz populista de su discurso. Por ejemplo, ni Trump, ni el Partido Republicano en el Congreso, han concedido a los venezolanos el “estatus de protección temporal”, cuya aprobación ha sido prometida por Biden en caso de llegar a la Casa Blanca (Bermúdez, 2020). Este último polo se identifica más con el rechazo a Trump que con el apoyo a Biden, a pesar de que existe también el estereotipo del progresista preocupado por las políticas de inmigración, discriminación racial, y acceso a educación o sanidad pública (Galindo, 2020).

Las elecciones en Estados Unidos se han vuelto un tema polémico para la comunidad de venezolanos, que se encuentra dividida por dos fantasmas engendrados por el trauma sufrido en su país de origen (Bermúdez, 2020). ¿La contención del socialismo o el resguardo de la convivencia democrática? Es evidente que, antes que inmigrantes, estos electores son venezolanos, y es ese sentimiento identitario el que determina su posición en el espectro ideológico estadounidense. Los venezolanos están unidos en su rechazo al gobierno de Maduro, pero separados por las elecciones en EE.UU. Uno de los elementos más interesantes de este proceso es observar cómo algunos han establecido por Trump la misma devoción ciega que otros venezolanos establecieron con Chávez en la esquina contraria de un supuesto antagonismo político. Cuando la emoción sustituye a la ideología, el furor religioso pesa más que los argumentos (Barrera, 2020). Nuevamente, un caudillo, pero esta vez blanco y de habla anglosajona, ha conseguido dividir a la ciudadanía. Parece que la polarización que se vive en Venezuela migró junto con los millones de personas que han tenido que atravesar sus fronteras en busca de un futuro mejor (Atencio, 2020).

En definitiva, es una comunidad que no vota en bloque. Sufren del temor a los fantasmas de su pasado y razonan con los conocimientos que consideran que adquirieron en su país de origen. Ésta, la realidad del voto venezolano, es apenas un abreboca de las aristas que habría que considerar para llevar a cabo un análisis del “voto latino”, pues tiene tantas divisiones como las de una colectividad de 30 millones de personas.


Bibliografía

Atencio, M. (29 de octubre de 2020). El dilema del voto venezolano en Estados Unidos. The New York Times. Recuperado de: https://www.nytimes.com/es/2020/10/29/espanol/opinion/venezolanos-estados-unidos.html

Barrera, A. (16 de noviembre de 2020). Rambo Trump y la fanaticada venezolana. The New York Times. Recuperado de: https://www.nytimes.com/es/2020/11/16/espanol/opinion/trump-venezuela.html

Bermúdez, A. (15 de octubre de 2020). Trump vs. Biden: cómo el fantasma del “socialismo” divide el voto venezolano en Estados Unidos. BBC News Mundo. Recuperado de: https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-54549247

Echevarría, C. H. (19 de julio de 2020). La inmigración en Estados Unidos, una historia de éxito. El Orden Mundial. Recuperado de: https://elordenmundial.com/inmigracion-en-estados-unidos-historia/

Galindo, J. (12 de octubre de 2020). Una comunidad que no vota en bloque. El País. Recuperado de: https://elpais.com/internacional/elecciones-usa/2020-10-12/una-comunidad-que-no-vota-en-bloque.html

Sulbarán Lovera, P. (7 de noviembre de 2020). Joe Biden: cómo los latinos beneficiaron y perjudicaron al presidente electo al mismo tiempo en las elecciones. BBC News Mundo. Recuperado de: https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-54833629

Vermeulen, T. (21 de marzo de 2019). La importancia del voto latino en Estados Unidos. El Orden Mundial. Recuperado de: https://elordenmundial.com/la-importancia-del-voto-latino-en-estados-unidos/

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Sandra Fuenmayor Romero
Venezolana en España. Graduada en Ciencias Políticas por la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M). Participó en un programa de intercambio con la Universidad de Buenos Aires (UBA) durante un semestre. Es apasionada de la cooperación y la política internacional, por lo cual, se involucró en diversos modelos de Naciones Unidas en el transcurso de sus estudios. Actualmente se desempeña como activista en el Equipo de Refugio e Inmigración de Amnistía Internacional España, y como investigadora en CEINASEG.