En su obra “Transiciones democráticas: enseñanzas de líderes políticos (2016)”, Sergio Bitar y Abraham Lowenthal, profesores de la Universidad. Ide Harvard, recopilan “el testimonio y las experiencias de trece expresidentes y primeros ministros de nueve países” que contribuyeron al éxito de transiciones desde regímenes autoritarios hacia la democracia. De esta manera, el libro recoge las lecciones de los procesos de transición de Brasil, Chile, España, Sudáfrica, Polonia, Filipinas, Indonesia, México y Ghana. A continuación, las lecciones, enseñanzas, rasgos comunes y obstáculos que presentaron estos procesos de transición.

Del régimen autoritario a la gobernanza democrática

El estudio llevado a cabo por Bitar y Lowenthal (2016) busca “aprender de los líderes políticos para construir el futuro”. “Sin desconocer la alta complejidad y diversidad de situaciones, pretendemos extraer un conjunto de principios útiles para aquellas personas que deseen promover transiciones democráticas en el futuro”, afirman los autores.

¿Por qué estudiar, entre todos los factores presentes en una transición, el liderazgo político? En palabras de Bitar y Lowenthal (2016), porque “los líderes no pueden conseguir la democracia por sí solos, pero su contribución es fundamental”. Veamos pues, cuáles han sido las contribuciones del liderazgo político contemporáneo a las transiciones.

Del régimen autoritario a la gobernanza democrática

El estudio llevado a cabo por Bitar y Lowenthal (2016) busca “aprender de los líderes políticos para construir el futuro”. “Sin desconocer la alta complejidad y diversidad de situaciones, pretendemos extraer un conjunto de principios útiles para aquellas personas que deseen promover transiciones democráticas en el futuro”, afirman los autores.

¿Por qué estudiar, entre todos los factores presentes en una transición, el liderazgo político? En palabras de Bitar y Lowenthal (2016), porque “los líderes no pueden conseguir la democracia por sí solos, pero su contribución es fundamental”. Veamos pues, cuáles han sido las contribuciones del liderazgo político contemporáneo a las transiciones.

Rasgos generales de nueve transiciones exitosas

Luego de estudiar las nueve transiciones exitosas a la democracia de Brasil, Chile, España, Sudáfrica, Polonia, Filipinas, Indonesia, México y Ghana, los autores observaron que existían características comunes y rasgos generales en las mismas. Algunos de estos son:

1. La mayoría de estas transiciones de un régimen autoritario a una democracia fueron procesos prolongados, no acontecimientos puntuales.

“Los acontecimientos emblemáticos pueden desempeñar una función esencial para catalizar o simbolizar una transformación política, pero el camino a la democracia suele empezar años antes de estos momentos y prolongarse hasta años después. Aquellos que deseen emprender o apoyar una transición democrática deberían tenerlo siempre presente”, agregan a este respecto los autores.

Asimismo, desde el derrocamiento final al inicio del proceso, aclaran los autores, existe un largo trecho. “Los primeros pasos hacia la transición suelen darse sin hacer ruido, incluso de manera imperceptible: en la oposición política, dentro del propio régimen autoritario, en la sociedad civil o en varios ámbitos a la vez”, argumentan.

2. Una vez en marcha, las transiciones evolucionan a distintas velocidades: se producen avances, repliegues y, con frecuencia, zigzagueos.

Sobre este particular, Bitar y Lowenthal destacan que “acontecimientos inesperados pueden acarrear consecuencias significativas”. Uno de estos pudo reflejarse en la transición brasileña. “El presidente electo de Brasil, Tancredo Neves, que el movimiento de oposición había designado como candidato en las elecciones indirectas de 1985, enfermó y falleció en vísperas de asumir el cargo y convertirse en el primer presidente civil tras dos décadas de gobierno militar”, relatan los autores.

Finalmente, es indispensable señalar como “aunque estos sucesos generaron situaciones complejas, originaron respuestas ágiles y eficaces, y no desbarataron la posibilidad de lograr la democracia”.

3. En contadas ocasiones, los regímenes autoritarios caen súbitamente a causa de una crisis económica, como sucedió en Indonesia en 1998; o debido a la indignación popular ante hechos incendiarios, como el asesinato de Aquino y las posteriores elecciones anticipadas, totalmente fraudulentas, que Marcos organizó en 1986.

4. La mayoría de las transiciones tardaron mucho tiempo en alcanzar la madurez y su institucionalización.

“En algunos países –entre ellos Brasil, Chile, España, Filipinas, Polonia y Sudáfrica– los movimientos opositores tuvieron que presionar durante años para poner fin al régimen autoritario. Se fueron superando etapas y, de tanto en tanto, hubo que afrontar reveses imprevistos”, argumentan los autores.

Adicionalmente, mencionan que “estas negociaciones establecieron una serie de parámetros y posibilitaron la elaboración progresiva de los principios y las prácticas para construir acuerdos que permitieron a los movimientos democráticos obtener un amplio respaldo y, a la larga, afianzarse”.

5. Las transiciones presentaron ciertas características comunes, pero difirieron en cuanto a su inicio, secuencia y trayectoria

“Las transiciones de los regímenes relativamente exitosos y las de los precarios tomaron caminos diferentes, determinados por el poder relativo de los gobiernos con respecto a las fuerzas opositoras. Las transiciones de Brasil, Chile y España, por ejemplo, se vieron afectadas por la impresión de que los gobiernos autoritarios de turno ofrecían a los ciudadanos seguridad y crecimiento económico”, argumentan los académicos.

6. Algunas de estas transiciones surgieron, al menos en parte, a raíz de un acercamiento mutuo entre determinados sectores de los mandos superiores del régimen autoritario y elementos de la oposición.

En este apartado, destaca la negociación como un elemento fundamental para propiciar y concretar la transición. “Muchas transiciones tuvieron su origen en una negociación tácita o explícita entre determinados elementos del gobierno de turno y la oposición; algunas transiciones (no muchas) implicaron acuerdos formales entre las élites, tales como los Pactos de la Moncloa sobre la política económica en España, que posteriormente dieron pie a acuerdos políticos”, arguyen los autores.

7. Todas estas transiciones fueron el resultado de fuerzas y procesos internos, aunque también se vieron afectadas, de distintos modos, por el contexto internacional y por instancias externas concretas.

“En muchos países la experiencia personal en el extranjero de los líderes políticos, con frecuencia exiliados, y las ideas y las redes de contactos resultantes, también fueron importantes, como se refleja en las entrevistas con Cardoso, Lagos, Mbeki y Habibie”, señalan Bitar y Lowenthal.

Sobre el apoyo internacional, añaden que “aunque los actores internacionales no resultaron decisivos por sí solos en ninguna transición, prácticamente en todos los casos fueron importantes el apoyo internacional a las fuerzas políticas y organizaciones locales (y la interacción con ellos), o la retirada de los apoyos externos al régimen autoritario”.

Retos recurrentes en las transiciones

Adicionalmente, aparte de los rasgos comunes, también se presentaron retos recurrentes en los procesos de transición. De esta forma, Bitar y Lowenthal mencionan que existen cuatro tipos de desafíos. A saber:

1. Preparación para la transición.

2. Fin del régimen autoritario;

3. Ejecución y gestión de la transferencia de poder

4. Estabilización e institucionalización de la democracia emergente.

Sin embargo, es indispensable destacar como “estos retos no se manifestaron siempre de manera lineal ni en orden cronológico, pero sí surgieron en todos los casos y es probable que estén presentes en transiciones futuras”.

1. Preparación para la transición

Esta es la fase inicial del proceso. “La creación de una coalición amplia, capaz de hacer caer a un régimen autoritario y firmemente comprometida con los valores democráticos, requirió un trabajo diligente dirigido a superar las divisiones en el seno de la oposición; al mismo tiempo, hubo que entender y aprovechar las divisiones, evidentes o latentes, dentro del régimen”, argumentan los autores.

2. Fin del régimen autoritario.

Los gobiernos autoritarios no renunciaron al poder hasta que al menos un sector importante dentro del régimen percibió que esa era la única manera de evitar consecuencias indeseadas importantes: una grave pérdida de apoyo popular, violencia civil, división en las Fuerzas Armadas, perjuicios económicos graves, ostracismo internacional o amenazas a la integridad del territorio nacional. La humillación que supondría una derrota militar, un derrumbe económico o una debacle electoral aceleró en algunos casos la salida del régimen. Con todo, por lo general estos traumas desembocaron en transiciones democráticas solo cuando ciertos segmentos del gobierno autoritario toleraron o apoyaron las demandas democráticas de la oposición”, explican en extenso los autores.

3. Ejecución y gestión de la transferencia de poder

“Para llevar a cabo con éxito las transiciones hubo que abordar tensiones y dilemas diversos, y frecuentemente interconectados. Las personas que asumieron el poder tuvieron que impulsar el orden público y poner fin a la violencia, y, al mismo tiempo, velar por que todas las fuerzas de seguridad e información, entre ellas los protagonistas de la represión pasada, actuaran a partir de ese momento de conformidad con la ley y bajo el control de las nuevas autoridades civiles”, relatan los autores.

4. Estabilización e institucionalización de la democracia emergente.

Sobre la estabilización, los autores comentan lo siguiente: “Pasados algunos años, parte de la opinión pública ha cuestionado a los líderes políticos, y a veces a la propia democracia, porque no se cumplían las expectativas económicas o políticas. Muchas veces, los movimientos que se habían unido en la oposición al régimen autoritario se fragmentaron, con el consiguiente debilitamiento de los gobiernos, o bien esos movimientos fueron cayendo con el tiempo en el conformismo y la complacencia”.

Aprender de los líderes políticos

“En las circunstancias especialmente inciertas de las transiciones sistémicas, los líderes políticos se ven obligados frecuentemente a tomar decisiones con muy poca información o certeza sobre sus consecuencias”, afirman los autores. Esto pone de relieve la importancia del liderazgo político para llevar a buen puerto el proceso de transición.

En este sentido, se puede afirmar que el liderazgo es una de las variables definitorias de la transición. “Los riesgos, la incertidumbre y las decisiones duras eran algo inevitable, pero no necesariamente impidieron que los líderes tomaran medidas para evitar la parálisis”, argumentan Bitar y Lowenthal.

Entre las enseñanzas que podemos extraer, se encuentran:

a. Avanzar paulatinamente

“Todos estos líderes consideraban importante aprovechar la más mínima oportunidad, aunque fuera parcial, para avanzar, en lugar de rechazar los progresos paulatinos con la esperanza (aunque sin garantía) de poder efectuar posteriormente un cambio mayor”, argumentan los autores.

De esta manera, “estos líderes favorecieron de forma sistemática las oportunidades de ganar terreno siempre que fuera posible, aun cuando algunas prioridades fundamentales solo pudieran atenderse parcialmente, y en un momento en que organizaciones ciudadanas y partidarios importantes planteaban demandas que los líderes no consideraban viables. Rechazar las posturas maximalistas requirió en algunos casos más valentía política que ceñirse a unos objetivos mayores o aferrarse a unos principios que resultaban atractivos pero que quizá no eran realistas”, señalaron.

Finalmente, aclaran la importancia de la flexibilidad en el pensamiento y el pragmatismo político. “Llevar a buen puerto una transición no es tarea para dogmáticos”, destacan.

b. Necesidad de una visión optimista e inclusiva

La idea de la inclusión es fundamental para propiciar una transición. Se trata de crear la visión de que, incluso los sectores que se encuentran en el régimen autoritario, serán ganadores al producirse la misma. “Aunque a veces fue necesario hacer concesiones poco satisfactorias, estos líderes también comprendieron que debían proyectar una visión amplia y optimista del significado de la transición. Prefirieron señalar las bondades del camino por recorrer en lugar de concentrarse en las injusticias del pasado”, mencionan los autores.

“Una visión atractiva del futuro a largo plazo para el conjunto de la sociedad y promesas moderadas de beneficios más inmediatos contribuyeron a sostener transiciones complejas en periodos de mucha tensión, que implicaron peligros, costes y decepciones”, afirman Bitar y Lowenthal.

c. Promover la convergencia y crear coaliciones

“Promover la convergencia, forjar consensos y crear coaliciones entre las fuerzas de la oposición fue fundamental para llevar a cabo estas transiciones e iniciar la construcción de la gobernanza democrática”, argumentan.

En este sentido, se afirma que es importante “poner en contacto a los partidos políticos de la oposición y los movimientos sociales –tales como los trabajadores, los estudiantes, las mujeres, los grupos de defensa de los derechos humanos y las instituciones religiosas– para que juntos colaboraran en el proceso de definición y consecución de los objetivos generales de la oposición”.

d. Crear y proteger espacios para el diálogo

Sobre este particular, el testimonio de Bitar y Lowenthal es elocuente: “Crear y proteger espacios para el diálogo directo entre los grupos de la oposición, y entre el gobierno y los líderes de esta, generalmente resultó fundamental. A veces este tipo de contactos tuvieron que desarrollarse en secreto, lo que provocó temporalmente la desconfianza de algunos grupos de la oposición. Fue esencial tender puentes entre los movimientos políticos y los grupos empresariales, las asociaciones profesionales, los congregaciones religiosas y las organizaciones de la sociedad civil. Algunos de ellos habían colaborado en el pasado con el régimen autoritario, pero parecían dispuestos a adoptar una postura neutral o incluso a distanciarse de él. Estos líderes pensaron que era mucho más importante invertir en relaciones de futuro que resolver disputas del pasado”, arguyen.

e. Elaborar una Constitución

La pieza reina de una transición, y quizá su principal legado, puede llegar a ser una nueva Constitución. Sobre este particular, los autores plantean que “la aprobación de una nueva Constitución o enmendar la existente fue una tarea esencial en la mayor parte de los países, pero también difícil y, en ocasiones, peligrosa. Como no podía ser de otro modo, el proceso suscitó debates importantes sobre temas fundamentales: los derechos sociales y económicos, el diseño y los pormenores del sistema electoral, la función de los militares, la reforma del sistema judicial y, en algunos casos, la cuestión de la autonomía regional. Los sistemas y procedimientos electorales fueron a menudo motivo de enconadas disputas, al igual que la legalización de grupos políticos que los gobiernos autoritarios habían prohibido por considerarlos subversivos”.

f. La economía política de las transiciones

La economía es un factor de primer orden en la vida política. Cuando se trata de las transiciones esta pasa a jugar un papel indispensable. En tanto, surge lo que se denomina la “economía política de las transiciones”. Así lo ilustran los autores:

“La crisis financiera asiática de 1997–1998 precipitó la caída de Soeharto y la consiguiente transición hacia la democracia. En Brasil, Sudáfrica y Polonia, el estancamiento económico a largo plazo, el declive a corto plazo, el déficit fiscal y la inflación elevada convencieron a grupos económicos importantes que habían prosperado al abrigo del régimen autoritario de que el cambio político era necesario o, cuando menos, aceptable, como explica Cardoso. El desempleo, la recesión y, en algunos casos, la inflación, también animaron a muchos a oponerse a los gobiernos autoritarios”.

Finamente, agregan: “Los desencadenantes más directos de las transiciones han sido las aspiraciones políticas antes que las materiales, pero es cierto que la mala situación económica debilitó a algunos de estos gobiernos”.

g. La importancia de los partidos políticos

Los partidos políticos juegan un rol fundamental en las transiciones, independientemente de los obstáculos propios de la lucha política en contextos autoritarios. “Los partidos políticos, antiguos y nuevos, desempeñaron un papel protagonista en la mayoría de las transiciones. Crearon redes de contactos regionales y territoriales, desarrollaron vínculos con movimientos sociales y organizaciones de la sociedad civil, participaron en el diseño y la ejecución de estrategias para luchar contra el régimen autoritario, y movilizaron el apoyo internacional”, afirman los autores.

Asimismo, Bitar y Lowenthal destacan como “los partidos ayudaron a elegir candidatos y a organizar y llevar a cabo las campañas electorales; prepararon plataformas y programas para la competencia electoral y la gobernanza; formaron a sus cuadros con miras al servicio público; mediaron en conflictos entre aliados políticos, y velaron por que los gobiernos no perdieran el contacto con las bases populares”.

h. Instaurar el control civil y democrático sobre los militares, la Policía y los servicios de inteligencia

“Uno de los principales retos en todos los casos fue someter a las fuerzas armadas y demás instituciones de seguridad a la autoridad civil, reconociendo la legitimidad de sus funciones, su derecho a obtener recursos y la necesidad de protegerlos de las represalias de las antiguas fuerzas de la oposición, o sometiéndolos a los tribunales. Estas cuestiones se abordaron de manera diferente en cada caso”, afirman los autores.

El tema militar es, sin duda, uno de los más delicados de toda transición, precisamente porque, en la mayoría de los casos, suele ser este el sostén del régimen autoritario. De esta forma, los autores destacan como, en varios procesos, “fue preciso destituir o retirar a los oficiales superiores responsables de torturas y represiones brutales; colocar a los mandos militares bajo la autoridad directa de ministros civiles de Defensa, e insistir con firmeza en que los militares en servicio activo debían abstenerse por completo de manifestarse políticamente o involucrarse con los partidos. Aylwin, Lagos, Cardoso, González, De Klerk, Mbeki, Kufuor, Mazowiecki, Kwasniewski, Habibie y Ramos ofrecen testimonios fascinantes sobre el modo en que lograron estos importantes objetivos en situaciones muy diversas”.

i. Justicia en la transición

La demanda de justicia puede terminar, paradójicamente, obstaculizando la transición. De allí la necesidad de conciliar la justicia con la oportunidad política de quebrar la coalición dominante. “En todos los casos se ejerció una fuerte presión política y social para que se pidieran cuentas a los miembros del anterior régimen autoritario por las violaciones de los derechos humanos y la corrupción flagrante. No obstante, era fundamental equilibrar el justo anhelo de verdad y justicia con la obligación de proveer garantías y protección a las personas que abandonaban el poder. En algunos casos se celebraron procesos judiciales transparentes, a lo largo del tiempo, para conocer (en la medida de lo posible) la verdad sobre las violaciones de los derechos humanos; reconocer e incluso compensar a las víctimas; y, cuando era viable, procesar a los principales perpetradores. También era importante garantizar a aquellos que abandonaban el poder que no se juzgaría indiscriminadamente a los exfuncionarios”, relatan los autores.

j. Movilizar apoyos externos

“Los actores externos –gobiernos, instituciones internacionales y multilaterales, corporaciones, sindicatos, organizaciones religiosas, asociaciones internacionales de partidos políticos y otras entidades no gubernamentales– respaldaron la mayoría de estas transiciones. En algunos casos facilitaron el lugar y las condiciones para el diálogo entre los distintos sectores de la oposición, y entre estos y los representantes de los regímenes autoritarios y otras fuerzas sociales. Un buen ejemplo de estos aportes lo hallamos en Sudáfrica, donde Mbeki recuerda que una importante empresa minera facilitó fondos y lugares seguros fuera del país para las reuniones secretas entre los funcionarios gubernamentales y los líderes del CNA. También fueron significativas en España y Chile”, afirman los autores.

k. Contextos cambiantes de la transición

“El contexto de las luchas presentes y futuras contra los gobiernos autoritarios difiere significativamente de aquel en el que se desarrollaron las transiciones de finales del siglo XX. Y el mundo sigue cambiando, cada vez más rápido”, afirman los autores. En este sentido, la geopolítica ha jugado, juega y jugará un papel fundamental en los procesos de transición.

l. La geopolítica y las normas internacionales han cambiado.

“Las luchas actuales contra el autoritarismo están en su mayor parte exentas de las presiones ejercidas durante la Guerra Fría para contener las movilizaciones sociales, limitar los cambios en los regímenes de propiedad y condicionar las alianzas políticas al equilibrio geopolítico internacional. Desde el fin de la Guerra Fría, las grandes potencias son menos propensas a considerar como una amenaza el cambio político en sus aliados autoritarios. Así pues, los movimientos en favor de la democracia gozan de mayor espacio, aunque también es posible que, en determinadas situaciones, el apoyo internacional a estas fuerzas sea menor”, afirman los autores.

En la actualidad, “la revolución de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) ha empoderado a los ciudadanos frente al Estado, y en consecuencia merma la capacidad de los gobiernos para controlar a sus súbditos. Se han reducido los costes de intercambiar opiniones alternativas y noticias, se ha facilitado la organización popular y ha hecho más fácil obtener simpatías y apoyos internacionales. Cualquier persona, en cualquier lugar, puede desencadenar una protesta al grabar con su teléfono móvil una atrocidad. Estos procesos se acelerarán a medida que la población, especialmente los jóvenes, disponga de más teléfonos inteligentes y banda ancha. Sin embargo, las redes sociales a las que dan acceso estas tecnologías no pueden reemplazar a las organizaciones políticas en el trabajo de gobierno, pero sí pueden sacudir y remodelar los sistemas políticos, al obligar a los partidos y las instituciones a adaptarse o, de lo contrario, asumir el riesgo de verse gravemente debilitados”, argumentan.

Cualidades de un líder político

Independientemente del contexto, los líderes políticos que protagonizaron tenían cualidades extraordinarias. A pesar de sus diferencias, muchas de estas coinciden en lo sustantivo. Aquí alguna de las cualidades que compartían los líderes políticos de la transición:

a. Todos tenían –algunos desde sus inicios, otros lo desarrollaron con el tiempo– un sentido estratégico de orientación hacia una gobernanza más inclusiva y responsable, y una preferencia fundamental por la transformación pacífica y gradual (en lugar de violenta o convulsiva).

b. Supieron captar el clima y el ánimo de la ciudadanía e intensificaron el trabajo de los partidos políticos y las organizaciones sociales en favor de la democracia.

c. Diversificaron y ampliaron sus propias bases de apoyo, y trabajaron para debilitar a los elementos intransigentes, tanto en el seno del régimen como en la oposición democrática. Fueron capaces de valorar los intereses y la influencia de diversos centros de poder y grupos de interés, y hallaron el modo de articular acuerdos políticos.

d. Muchos demostraron resolución y valentía; algunos incluso arriesgaron su vida en momentos de polarización y violencia que costaron la vida a algunos de sus compañeros. Estos líderes aunaban una enorme paciencia, persistencia y resistencia ante la represión, los obstáculos y reveses, y lograron convencer a otros de que no se rindieran.

e. Tuvieron la confianza en sí mismos, necesaria para tomar decisiones difíciles en el momento oportuno, con firmeza y una convicción tranquila. Aunque algunos tenían un carácter muy analítico y reflexivo, no titubearon ni postergaron decisiones imperiosas.

f. La mayoría se rodeó de aliados competentes para afrontar las cuestiones difíciles, con los que compartían valores políticos y conocimientos específicos. Aunque podían tomar las decisiones más importantes personalmente (de hecho, lo hicieron a veces), la mayoría se centró en formar consensos, forjar coaliciones, tender puentes políticos y comunicarse constantemente con los grupos clave y con la opinión pública.

g. Por lo general, lograron persuadir a los demás para que aceptaran sus decisiones. Aunque había entre ellos personas elocuentes o carismáticas, lo consiguieron comprendiendo y respondiendo a los intereses principales de diversos actores políticos y sociales, incluso de algunos de sus adversarios, y no por decreto o imponiendo su personalidad.

h. A pesar de estar profundamente integrados en sus respectivas sociedades nacionales, y de confiar fundamentalmente en las relaciones internas, todos estos líderes supieron movilizar apoyos extranjeros sin convertirse en instrumento de intereses foráneos.

i. Por encima de todo, estos líderes se adaptaron con rapidez a los acontecimientos y aprovecharon los giros inesperados para tomar la iniciativa. Supieron pilotar en aguas turbulentas: maniobraron en la corriente, a izquierda y derecha, de un lado a otro, adaptándose a los rápidos para, a la larga, avanzar. No determinaron la dirección ni la fuerza de la corriente, pero lograron llevar a sus países a aguas más tranquilas y, finalmente, a la gobernanza democrática.

j. Los dirigentes políticos más importantes no trabajaron solos, ni habrían tenido éxito sin el apoyo de las fuerzas sociales, políticas y cívicas; pero actuaron de manera creativa y constructiva, en colaboración con muchos otros grupos y sujetos a estrictas limitaciones, para crear nuevas realidades.

Las perspectivas de construcción democrática en otros países, ahora y en el futuro, dependen en gran medida de la aparición y el desempeño de esta clase de líderes. Como señala Samuel Huntington: «Un régimen democrático se instaura no por medio de tendencias sino por medio de la gente. Las democracias fueron creadas no por las causas sino por los causantes». Estas entrevistas son buena prueba de ello.

Mirar hacia delante

“En su entrevista, Felipe González hace dos observaciones que merece la pena destacar. Señala que el liderazgo no se aprende en la universidad, sino en la práctica, aplicando una serie de principios generales en circunstancias concretas. Por otra parte, citando al difunto novelista Gabriel García Márquez, González sugiere que a menudo la gente adquiere esos principios generales a partir de anécdotas, de la narración de experiencias pasadas. Esa es la premisa fundamental de esta obra”, narran los autores.

En este sentido, sobre el mundo de cambio en el que vivimos, agregan: “Aunque los agentes y las tecnologías cambian con rapidez, los imperativos de la expresión y la acción políticas son mucho más permanentes. Movilizar a la gente en defensa de la libertad política, crear espacios de diálogo, construir convergencias y consensos, forjar acuerdos sobre los procedimientos y las reglas de entendimiento, y garantizar a las fuerzas contendientes que sus intereses fundamentales serán protegidos, seguirán siendo prioridades esenciales. Establecer mecanismos para abordar las cuestiones relacionadas con la justicia de transición y la memoria; velar por el control civil de las fuerzas militares, policiales y de inteligencia; y proteger el orden cívico y los derechos humanos individuales seguirán siendo retos clave”.

Adicionalmente, mencionan que “Los movimientos sociales y las organizaciones de la sociedad civil, impulsadas por las redes electrónicas, ejercerán presión sobre los gobiernos y otras instituciones. Aunque estos agentes y sus técnicas pueden ser de ayuda, no pueden ocupar el lugar de los partidos, las organizaciones sociales y los líderes políticos en la difícil tarea de crear coaliciones electorales y de gobierno, ganarse el apoyo popular, elaborar políticas públicas viables, demandar sacrificios en aras del bien común, infundir confianza en que la democracia es posible y gobernar con eficacia. Así pues, la visión, la paciencia, la persistencia y una actitud abierta a los acuerdos seguirán siendo importantes”.

Finalmente, añaden que “Los líderes del futuro tendrán que sopesar detenidamente qué aspectos de lo vivido en otros lugares son pertinentes en la situación de sus respectivos países. Saber que muchos de los problemas que afrontan ya han surgido anteriormente y conocer los diversos planteamientos que se han adoptado para solucionarlos puede ser tremendamente útil. Esperamos que esos líderes de transiciones venideras encuentren inspiración en las cualidades y los logros de los líderes políticos que se ponen de relieve en esta obra”.

Por Enderson Sequera. Politólogo egresado de la Universidad Carabobo.


Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente la organización comparte lo expresado.


 

Referencias bibliográficas

Bitar, S. & Lowenthal, A. (2016). Transiciones democráticas. Enseñanzas de líderes políticos. Publicaciones Grupo IDEA Internacional.

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