La economía venezolana atraviesa por una profunda recesión económica que destruyó su capacidad productiva, siendo  una de las causas de la crisis humanitaria actual. En medio de la debacle económica que se ha prologando por 7 años, avanzan algunas tendencias como la digitalización y la intangibilidad productiva que modifican los actores, bienes y modos de producción en el comercio internacional.

¿Nos tenemos que resignar o hay una ventana de oportunidades para recuperar el tejido productivo del país? ¿Cuál será el rol de la industria petrolera y de los emprendedores en la reconstrucción? ¿Qué podemos aprovechar de la economía internacional poscovid? ¿Cómo se debe formular la política comercial de Venezuela en un futuro? ¿Venezuela debe permanecer en el Mercosur y regresar a la CAN?  Para responder a estas y otras interrogantes nuestro director Lic. José Humberto Blanco entrevistó al Dr. Francisco Javier Sánchez, abogado, especialista en derecho y política internacional, profesor de la Universidad de los Andes (ULA) y coordinador académico del Centro de Estudios de Fronteras e Integración de la ULA.

  1. Jose Humberto Blanco: Profesor, suponiendo que mañana se resuelva la crisis político institucional que atraviesa el país, ¿Por dónde debemos comenzar para iniciar una transición económica en el marco de un modelo rentista que muestra señales de agotamiento? ¿Qué características debe tener una transición económica eficiente?

Francisco Sánchez: La debacle económica venezolana deviene de una crisis política inextricable, y como resultado, vivimos una emergencia humanitaria compleja; hay que dejarlo claro. Ahora bien, los economistas señalan que al ser la crisis económica venezolana profunda y prolongada, la recuperación de la misma y, sobre todo, la transición hacia un modelo económico distinto al rentista petrolero de los últimos 100 años, debe incluir unas medidas macroeconómicas que, en primera instancia, recuperen la economía venezolana del abismo en el que se encuentra y la estabilice en el menor tiempo posible, acompañadas de los instrumentos necesarios para ayudar a los más vulnerables en ese proceso de estabilización, que conlleva una transición a un modelo económico diversificado y sustentable. Esas medidas para la recuperación y transición económica deben ir dirigidas, dicen los expertos, a diversos sectores de manera simultánea, uno de los cuales, por cierto, es el propio sector petrolero, centro de la economía venezolana por casi un siglo, que ya no lo es más pero que seguirá siendo importante dentro del sector económico y energético en Venezuela y el mundo por más tiempo.

Estabilizada la economía, la transición del modelo económico, debe conllevar reformas estructurales y ser multisectorial, debe permitir al empresariado privado, desde el gran industrial hasta el pequeño emprendedor, dedicarse con libertad a la rama económica de su preferencia, en el contexto de una economía social de mercado, es decir, capitalista pero corrigiendo lo indispensable para no perder de vista las distorsiones e injusticias que todo modelo económico genera, con la necesaria regulación del Estado pero sin intervencionismo, respeto a la propiedad privada y con estado de derecho, de manera que la economía no solo florezca, sino que alcancemos el desarrollo económico  de manera sustentable y sostenido en el tiempo.

  1. Jose Humberto Blanco: El tejido productivo del país se ha reducido. El tamaño de nuestra economía en términos de PIB es similar al de Haití o Nicaragua. Según Fedecámaras, más de 200 mil empresas han cerrado en estos últimos 20 años. Ante este panorama, ¿Cómo se puede fomentar la creación de nuevas empresas? ¿Qué sectores económicos podrían verse beneficiados?

Francisco Sánchez: Todos los sectores económicos deben y tienen que ser beneficiados de la necesaria transformación de la economía venezolana, no puede quedar ninguno fuera. Unos llegarán a ser dinámicos más pronto que otros, algunos necesitarán seguramente ayudas estatales de diversa naturaleza, pero el objetivo del Estado para la recuperación económica y una transición hacia una economía no dependiente de la renta petrolera debe incluir a todos.

Las políticas públicas para fomentar la creación de nuevas empresas, me parece, debe venir en dos sentidos, de una parte, con las reformas estructurales necesarias, una política macroeconómica clara, creíble, con apoyo internacional, aplicada por un Gobierno con legitimidad y de consenso, lo que le daría un sólido piso político a las necesarias reformas que hay que realizar, algunas de las cuales requerirán cambios constitucionales, como las del sector petrolero. De otra parte, el Estado debe reducir al mínimo los requisitos para constituir empresas, hoy día hacerlo es casi un imposible, incluso, la constitución de las firmas personales, sencillo instrumento jurídico de muchos pequeños emprendedores, requiere de enormes requisitos, gastos y diligencias ante cualquier registro mercantil, lo que dificulta enormemente la necesaria formalidad en la economía, que pasa porque todos quienes se dediquen a la industria, comercio o servicios tengan un sustento legal para sus operaciones.

  1. Jose Humberto Blanco: La economía internacional ha cambiado, y los bienes intangibles tienen mayor peso en la generación de riqueza y productividad. La exportación de bienes primarios pierde importancia en una economía cada vez más digital y disruptiva. La ley de propiedad intelectual vigente data de la década de los 50 del siglo pasado. ¿Cómo encarar este desafío? ¿Qué rol pueden jugar los emprendedores?

Francisco Sánchez: En cuanto a la propiedad intelectual, Venezuela se regía por normas más recientes y de acuerdo a los retos más actuales, así la Decisión 486 de la Comunidad Andina (CAN) sobre propiedad industrial, la Decisión 351 sobre protección del derecho de autor y conexos, la Decisión 345 sobre la protección de los derechos de los obtentores vegetales, o la Decisión 391 que es el régimen común sobre acceso a los recursos genéticos, entre otras, es decir, un tejido legal para la propiedad intelectual, pero al salir formalmente de ese acuerdo de integración regional, las normas comunitarias ya no hacen parte del ordenamiento jurídico venezolano. El desafío de la economía digital que comprende, entre otras, intangibles que generan riqueza para sociedades y naciones, solo puede asumirse exitosamente desde una política pública de transformación tecnológica de la mano de acuerdos internacionales que permitan, no solo captar capital que invierta en el país en todas las áreas, sino que incluya la transferencia tecnológica. En ese sentido, si Venezuela reingresa a la CAN tendrá el acervo jurídico necesario para proteger la propiedad intelectual. En todo caso, la vigente ley es obsoleta.

Hay ventajas comparativas importantes según qué regiones para qué sectores, por ejemplo, en San Cristóbal, Táchira, hay una universidad con un perfil técnico y tecnológico de alto nivel en las ingenierías de las ciencias informáticas, la Universidad del Táchira (UNET), lo que ha generado un clúster gracias a emprendedores que han desarrollado pequeñas y medianas empresas que ofrecen servicios en software, hardware y otros, a clientes en la región, el país y el mundo. Como puede inferirse de lo que comento, el rol de los emprendedores es fundamental, así como el de una sociedad dispuesta a estimularlos a que tomen riesgos y a que aprendan de sus éxitos y fracasos para seguir adelante y crecer como personas y empresarios, y transformar la sociedad.

  1. Jose Humberto Blanco: Algunos expertos señalan que estamos ante el fin del modelo petrolero o como diría el Asdrúbal Baptista “el capitalismo rentístico” ¿Qué rol jugará el petróleo en la transición económica partiendo del estado actual de la industria petrolera? ¿Es la oportunidad para diversificar nuestra economía?

Francisco Sánchez: Como he señalado, debemos afrontar una transición hacia un modelo económico distinto al rentista perolero, en palabras del recordado Asdrúbal Baptista del “capitalismo rentístico”, como bien mencionan. La industria petrolera necesita una profunda reforma, porque si bien los venezolanos debemos entender que vivir casi exclusivamente de la renta petrolera llegó a su fin, no es menos cierto que al petróleo le queda un largo camino por recorrer como fuente de energía y, por tanto, con un papel que jugar en la economía venezolana y global; el país puede aprovecharlo para su recuperación, como la industria gasífera y otras conexas.  De manera que este es un sector importante, con un manejo que bien puede ser mixto público – privado, como muchos han planteado, o más inversión privada y menor estatal, sin descartar de plano la participación del Estado, pero no la exclusividad para él de la actividad petrolera como hasta ahora, lo que supondría una reforma constitucional, respeto del estado de derecho, reglas claras y libertad económica. El petróleo será importante pero no el pilar económico del país, sino un sector más que aporte económica y socialmente.

  1. Jose Humberto Blanco: En materia de integración económica, hay nuevos acuerdos y temas en las negociaciones comerciales como el comercio digital y el cambio climático. El reciente Acuerdo sobre Economía Digital suscrito entre Chile, Nueva Zelanda y Singapur son las campanadas de un cambio en ciernes. Venezuela ha estado alejada de la integración económica mundial experimentada en los últimos años. Apenas tenemos algunos acuerdos de complementación económica suscritos en el período democrático. La integración político-ideológica privó sobre la política comercial en estos últimos años evidenciándose con la salida de nuestro país de la CAN y el acuerdo de los tres. ¿Cómo debería articularse una nueva política comercial frente a los cambios en los procesos de integración económica?

Francisco Sánchez: Venezuela ha privilegiado en las últimas dos décadas un acuerdo que el chavismo de los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro ha llamado de integración regional de tipo social, pero que según la literatura no lo es, me refiero al ALBA, que en realidad es un acuerdo de cooperación basado en la renta petrolera venezolana, de cuyos fondos se quiso construir una plataforma para el expresidente Chávez y sus ideas megalómanas. Apuntado esto, Venezuela debe volver a insertarse en el multilateralismo real del sistema internacional en términos de comercio, pero no solo, y la vía más adecuada, en mi opinión, es la de los acuerdos de integración regional. A día de hoy, el país está suspendido como miembro pleno del Mercado Común del Sur (Mercosur), por aplicación en 2017 de la denominada Cláusula Democrática del Protocolo de Ushuaia, y estamos fuera de la Comunidad Andina (CAN) por decisión intempestiva de Chávez en 2006, formalmente desde 2011 para las normas y ventajas económicos y comerciales; estos dos asuntos deben revertirse.

Insisto, el país, bajo un régimen democrático, debe tener una sólida y multilateral política comercial, desde un acuerdo de integración regional que le permita, entre otras cosas, negociar en bloque, lo que supone una ventaja frente a otros bloques de países o las grandes potencias comerciales que, por sí solas, pueden imponer sus reglas a los Estados más económicamente pequeños. De manera que, sin perder de vista el comercio global, la clave, me parece, está en la integración regional, como plataforma para acceder mejor a los mercados mundiales, algo así como hizo Brasil, un gigante regional y hegemón, que prefirió el Mercosur para mejorar sus relaciones con sus vecinos, pero, y esto es fundamental, como eslabón de inserción internacional.

  1. Jose Humberto Blanco: Siguiendo con el tema de integración, Venezuela es miembro del MERCOSUR. Se han generado una serie de debates interesantes sobre la permanencia de nuestro país en este esquema de integración que en la actualidad presenta una serie de obstáculos y desafíos. Dadas las asimetrías productivas, distancia geográfica, niveles de competitividad y matriz productiva de Venezuela, ¿Es conveniente continuar en el MERCOSUR y regresar a la CAN?

Francisco Sánchez: Siguiendo con la reflexión anterior, estimo importante la membresía del país al Mercosur, el asunto es que la negociación no se dio en las mejores condiciones y terminamos participando en ese acuerdo de integración regional como un Estado parte rico -por la burbuja del ingreso petrolero más grande de la historia- que va de compras a los negocios de los otros Estado parte, finalizado el frenesí petrolero y destruida la industria nacional por las erradas políticas chavistas, aunado a la deriva autoritaria, somos un vecino paria con el que nadie quiere estar vinculado, y teniendo la herramienta adecuada, la Cláusula Democrática, el Mercosur nos suspendió de la membresía hasta la restitución del orden democrático. El Mercosur puede ser útil al país en la medida en que pueda renegociarse su permanencia, al plantear que somos un país económicamente mediano, aunque no solo, comparado con Brasil y en muchos sectores económicos comparado con Argentina; de hecho, a día de hoy, somos una economía que no tiene nada que ofrecer al Mercosur, nuestras condiciones son paupérrimas.

Dicho esto, soy partidario de que Venezuela debe volver al seno de la CAN, que es el proceso de integración por excelencia para el país, no solo por la cercanía y la facilidad de comunicación terrestre, multimodal, con sus actuales países miembros (Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia), sino porque el país dio un debate intenso al final de la década de los 60 e inicio de los 70 del siglo pasado sobre si era conveniente pertenecer a ese acuerdo, y si bien participó en las negociaciones no suscribió el tratado que creó el entonces Pacto Andino, porque prefirió esperar debido, sobre todo, a la reticencia del sector empresarial; finalmente el país se hizo Estado parte en 1973.  Venezuela y Colombia fueron los dinamizadores económicos de la CAN, sin perder de vista aspectos sociales y de diversa naturaleza sobre los que puede ejercer competencia a escala supranacional, incluso, la economía venezolana se tornó, en buena medida, complementaria con la colombiana, lo que fue clave del éxito de los dos países en la Comunidad, pero también sirvió para que los otros socios pudieran mejorar en aspectos económicos, al poder participar en determinadas negociaciones como un bloque y al crecer comercio intrarregional que les beneficiaba; en términos de la teoría de la integración regional se creó comercio.

Más allá, incluso, me atrevería a preguntar, ¿por qué Venezuela no puede ser el país que articule una estrategia para la convergencia entre la CAN y el Mercosur de modo que los dos bloques generen relaciones tan intensas entre sí que converjan en objetivos, políticas y mecanismos, sin necesidad de diluirse para que surja uno nuevo, o más aún, si se quiere, que el país lidere la fusión de ambos acuerdos, de manera que casi toda Suramérica haga parte de un mismo acuerdo de integración regional? Esto me parece posible, pero sí y solo sí hay un cambio hacia la democracia en el país, pues la integración regional se basa en valores democráticos, como bien lo plantea la Unión Europea.

  1. Jose Humberto Blanco: Finalmente, ¿Cree que será posible un milagro económico venezolano dada las experiencias internacionales o debemos resignarnos a ser una economía comparable con países que atravesaron algunas guerras civiles?

Francisco Sánchez: ¡Jamás debemos resignarnos!  Ciertamente, tenemos una economía prácticamente de guerra sin haber pasado por una y sin haber sufrido un cataclismo natural, pero lo peor que puede pasarnos es resignarnos a ello, como tampoco podemos acostumbrarnos a la pérdida de la democracia que sufrimos hoy día, o a padecer la violación sistemática de derechos humanos, como constatan diversos informes de organizaciones internacionales o de reputadas oenegés, la esperanza de un futuro mejor en todos los órdenes de la vida no solo no puede quedar atrás, sino que debe ser la fuerza intangible que nos motorice para alcanzar las mejores cotas de bienestar económico y social para la sociedad, para los venezolanos.

El mejor ejemplo que podemos tener, a mi juicio, es la reconstrucción económica, de infraestructura, política y social de Europa luego de la devastación total de la Segunda Guerra Mundial, donde incluso el sentido de la libertad y la democracia, surgidas como ideas en aquel continente, parecían perdidas dadas las atrocidades del Holocausto. La reconstrucción fue posible por el empeño de los europeos y por el Plan Marshall (European Recovery Program), una estrategia allende sus fronteras para ayudar a Europa a resurgir de las cenizas. Pues bien, Venezuela puede y debe, con el empuje que nos ha caracterizado en momentos históricos decisivos como la gesta independentista o la vuelta a la democracia en 1958, reencontrar el camino de la libertad que hoy luce perdido, elusivo, y por ende, del “milagro económico”, que no es otra cosa que encontrar la senda del crecimiento sustentable con políticas públicas adecuadas, lo que se logrará con la ayuda de la comunidad internacional, que ha dado muestras de su disposición en este sentido.

Finalmente, quiero agradecer a Ceinaseg, un joven pero dinámico centro de ideas, de investigación, por la gentileza en entrevistarme y creer que mi opinión puede ser útil. Centros como este son fundamentales para la Venezuela de bien que queremos construir para hoy y el futuro.

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