Resumen

Vivimos en una época particularmente agitada de la historia. Sin embargo, el número de enfrentamientos violentos (más de mil muertos) es bastante menor que el de los movimientos de resistencia civil, autodefinidos como no violentos, los cuales están moldeando sociedades y gobiernos alrededor del mundo, impactando, de una manera u otra, las relaciones internacionales. Los chalecos amarillos en Francia, la primavera árabe, #MeToo, Strike 4 Climate Action en Australia y la resistencia en Venezuela son ejemplos recientes del «poder de la gente», levantamientos populares con consecuencias aún por verse.

Más que una explicación causal propia del paradigma racional, el tema amerita una aproximación reflexiva para comprender las múltiples variables envueltas, y la importancia de los nuevos actores, de la mano de teorías alternativas del poder y el conflicto.

Palabras clave: People power, Paz, conflicto, #Me too, Strike 4 climate action, Chalecos amarillos, Resistencia Venezuela.

 

 «No puedes esperar que alguien más lo haga. Tienes que hacerlo tú

con tu esfuerzo, con tus acciones, con tu visión»

 Estudiante de Nashville, USA – Movimiento por los Derechos Civiles


 

Si sienten que vivimos en una época particularmente agitada de la historia, están en lo cierto. Sin embargo, según una reconocida base de datos de la Universidad de Denver, el número de enfrentamientos violentos (más de mil muertos) es bastante menor que el de los movimientos de «resistencia civil», autodefinidos como no violentos.

Cuadro N°1: Movimientos violentos y no violentos (1900-2015)

Fuente: Stephan and Burrows (2015)

Solamente en los primeros cinco años de esta década han surgido más campañas no violentas que durante toda la década de los 90’, y casi tantas como las que aparecieron del 2000 al 2010. Ante esta situación, se puede decir que el período actual constituye la década más agitada de la que se tenga registro.

Cabe señalar que estas cifras se refieren específicamente a campañas «maximalistas», lo que quiere decir que sus metas consisten en destituir a los líderes nacionales en el poder o en crear independencia territorial a través de la secesión o expulsión de un ejército extranjero o de un poder colonialista, todo esto vinculado al área de estudio de las relaciones internacionales. 

Si sumáramos los numerosos movimientos no violentos que luchan por causas menos ambiciosas, la brecha sería mucho mayor, esto a pesar de que su comprobada efectividad ha disminuido en los últimos años.

 Cuadro N°2: Efectividad Resistencia Civil vs Conflictos violentos, 1940-2015

 Fuente: Stephan and Burrows (2015).

Entre las razones de la tendencia a la baja de la efectividad podrían citarse el copiar acciones que han funcionado en otras latitudes sin asumir las diferencias de contexto y el aprendizaje de los autócratas en el sentido de reprimir y debilitar los movimientos antes de que cobren forma (Burrows and Stephan, 2015), entendiendo que el mundo está en medio de una recesión democrática global de casi una década. Las crisis democráticas en países de importancia estratégica como Rusia, Nigeria, Pakistán, Egipto y Venezuela son motivo de grave preocupación, al igual que los retrocesos en Turquía y Hungría pues los reveses democráticos domésticos pueden tener graves repercusiones a nivel regional. Sin embargo, cabe destacar como la cifra de éxito (en azul) es casi el doble que la de fracaso (en rojo). Además, los movimientos no violentos tienen la ventaja de causar menor daño físico tanto a los organizadores como a los oponentes y, por lo general, conducen a sociedades más pacíficas y democráticas.

En cualquier caso, estos datos no se entienden en toda su complejidad bajo los esquemas del racionalismo que, al moverse dentro del paradigma positivista, usa el empirismo para llevar a cabo observaciones sistemáticas y deducir «conclusiones ciertas» acerca de los fenómenos, las instituciones y los comportamientos, buscando evidenciar las regularidades y explicar objetivamente la lógica que les caracteriza, manteniendo la distancia con el objeto de estudio. Una lógica que en las RRII parte de la evaluación de medios disponibles en un contexto dado para la obtención de un interés determinado que, en última instancia, siempre tiene que ver con la acumulación de poder por parte de los Estados, considerados los actores más importantes.

El fenómeno que nos proponemos estudiar, más que una explicación causal, amerita una aproximación reflexiva que reconozca la importancia de las ideas y de los nuevos actores, así como la posibilidad del cambio.

Abordar el acontecer de las RRII como el producto de la acción no solo de los Estados, sino de muchos otros actores, incluidos los individuos en el marco de sistemas culturales, de las organizaciones sociales y de las épocas históricas, no solo resalta las singularidades (las cuales solo pueden ser captadas de manera intuitiva, desde adentro, buscando un tipo de objetividad más elevada que haga sitio a la subjetividad) sino que permite dar cuenta del cambio.

Requerimos teorías novedosas, y por qué no, hasta un enfoque multidisciplinario que valore la complejidad inherente a cada caso. Por ello, asumiremos la perspectiva constructivista de las teorías alternativas del poder y conflicto surgidos en los ámbitos de la ciencia política y la sociología.

Mientras en las corrientes racionalistas de las RRII se habla de un poder «duro, blando o inteligente» que implica alguna forma de dominación, las teorías alternativas hacen énfasis en sus aspectos relacionales y en el poder de los «débiles», el cual se conoce en la literatura sobre la resistencia civil como poder pluralista, idea que viene a sustituir aquélla otra de un poder monolítico, fijo, del cual solo cambian sus representantes ubicados en el tope de la pirámide social.  Se considera que, en última instancia, el poder reside en el consentimiento de la gente común ubicada en la base a someterse a determinadas reglas; y que, cada una de esas personas en cualquier momento puede cambiar de parecer y negarse a obedecer, ejerciendo individual o colectivamente, la cuota de poder que le es inherente. 

De acuerdo con Arendt (1970), la comprensión tradicional del poder se basa en el monopolio de la fuerza o la violencia. Sin embargo, para ella, el poder y la violencia son opuestos, dado que el poder real es el que mantiene unida a la comunidad, mientras que la violencia destruye a la comunidad. Destaca además que, si bien la violencia puede vencer el poder a corto plazo, nunca puede crear poder.

Como señala Bell (2008), otra forma no tradicional de expresar poder es a través de la construcción de estructuras alternativas o «paralelas». Mantener las relaciones de poder basadas en la dominación generalmente implica el mantenimiento de las estructuras sociales existentes y las instituciones que las apoyan. En cambio, los desafíos «desde abajo» pueden expresarse creando nuevas estructuras y patrones de interacción que hacen que los supuestamente impotentes dependan menos de aquellos que intentan dominarlos. El establecimiento de estructuras paralelas no niega la existencia de estructuras represivas; simplemente niega su legitimidad y las formas de poder que promueven.

En fin, lo que queremos resaltar es que el poder ya no es visto como una cosa rígida que “pertenece” a una minoría, sino que es fluido y, por lo tanto, puede ser redistribuido tantas veces como sea necesario.  

 

Figura N°1: Poder monolítico vs Poder plural

 

Esto se vincula con la visión constructivista de la Paz, la cual no se equipara con la ausencia de conflictos, sino con la resolución pacífica de los mismos. La resistencia civil implica un conflicto de intereses en torno a una determinada situación considerada injusta por parte de la sociedad y, a veces, se requiere escalar este conflicto con miras a llamar la atención y movilización de las personas para su transformación en el marco de la No violencia. 

De hecho, como vimos, el conflicto caracteriza nuestro tiempo.  La resistencia civil está moldeando sociedades y gobiernos alrededor del mundo. Mientras las protestas acaparan los titulares, resaltamos la importancia del momento en que surgen, por qué surgen, la naturaleza de las demandas y los métodos de lucha para la obtención de resultados. De esto no se puede hablar en general, se requiere un tratamiento de caso.

La primavera árabe, #MeToo, los chalecos amarillos y Strike 4 Climate Action son ejemplos relativamente recientes de un tipo particular de resistencia, la insurgencia espontánea sin líderes a la vista, sobre la que vale la pena ahondar. La primera inquietud gira en torno al elemento detonador. En Le Monde Diplomatique (Bonelli, enero, 2019) encontramos la referencia a un clásico de Barrington Moore que puede darnos pistas al respecto.

Su trabajo, escrito en un momento en el que los académicos intentaban comprender las grandes oleadas de protestas de los años 1960 y 1970 en Estados Unidos, aporta una nueva perspectiva. A la pregunta de ¿por qué la gente se rebela? contrapone otra: ¿por qué no lo hace más seguido? Las injusticias son una variable permanente a lo largo de la historia, así que no pueden ser consideradas como el único factor causal.

Basándose en una minuciosa revisión de documentos relativos al comportamiento de la clase obrera alemana entre 1848 y 1930, la cual soportó largamente condiciones que le eran desfavorables antes de rebelarse, concluye que el mantenimiento del statu quo depende de las concesiones que los «opresores» hagan a los «oprimidos». En otras palabras, la gerencia que se haga de la voluntad de cambio.

Siguiendo esta línea de pensamiento, pudiéramos decir que los levantamientos populares surgen de la frustración generalizada con la política convencional de «arriba hacia abajo», sin real «voluntad de escucha», independientemente de la forma de gobierno. El caso es que construir alternativas resulta, a veces, más complicado de lo que parece. Cuando estos movimientos irrumpen convulsionando la vida pública, se sabe en contra de qué van, pero las propuestas escasean y la falta de liderazgo dificulta las negociaciones.

Si la demanda es por cambios en la relación social, como la de #MeToo frente al acoso sexual y la violencia de género, que no toca el sistema, entendiendo por sistema el modelo de gobierno o el modelo de desarrollo, pueden verse resultados rápidos en contra de individualidades «malportadas», aunque el cambio cultural, en este caso el trato hacia las mujeres en general, lleve más tiempo.

A un año de la campaña, directores de distintos organismos públicos y privados, ministros y hasta primeros ministros han sentido la presión y acabado renunciando (más de 200 altos cargos solo en Estados Unidos; Mobashar Jawed Akbar, ministro adjunto de relaciones exteriores, India; Damian Green, viceprimer ministro, Gran Bretaña).  En América Latina, el caso emblemático ha sido, sin duda, el de Oscar Arias, expresidente de Costa Rica (1986 y 2006) y Premio Nobel de la Paz (1987). Lamentablemente, algunos de los señalados vieron destruida su reputación aun siendo inocentes.  Morgan Freeman, por ejemplo. Estas son las cosas que dan pie a adjetivos peyorativos como el de “feminazi” con el que se busca denigrar al movimiento feminista. En todo caso, la de #MeToo es, en efecto, una campaña si se quiere «exitosa» en su sencillez. A los negros surafricanos no les resultó tan fácil derrotar el Apartheid. Tampoco fue sencilla la campaña por los derechos civiles de los afroamericanos en el Sur de los Estados Unidos en los años 60.

Cuando los cambios son profundos, se requieren de procesos de toma de decisiones inclusivos, una estructura que permita las negociaciones y con quien negociar. Las metas maximalistas a las que nos referimos al principio son imposibles de alcanzar sin una estrategia definida de antemano.

Durante las revueltas en serie de la llamada Primavera Árabe que viera luz en Túnez en 2011, era obvio que la población estaba harta de los gobiernos autoritarios tan extendidos en el mundo musulmán. La rabia acumulada era tal, que el fósforo de un joven que decidió prenderse fuego bastó para incendiar Túnez, Egipto, Yemen, Libia y Siria.  Lamentablemente, en la mayoría de los casos no hubo acuerdo previo sobre cómo llenar el eventual vacío de poder y esto ha dejado un halo de frustración, pues no siempre se pudo avanzar en un sentido liberal. Dentro de las excepciones, por su originalidad, vale la pena mencionar el experimento democrático kurdo en la frontera de Siria.

En Francia, tras años de derrotas sociales, ahora un movimiento inédito por su heterogeneidad ha obligado al gobierno a abjurar de su «ortodoxia presupuestaria». Los chalecos amarillos no se han dejado engañar por la oposición entre protección del clima y poder adquisitivo, pero prácticamente no cuentan con ninguna estrategia para invertir la situación, que es común a la UE. Tras haber sabido reunir a aquellos desprovistos de voz, dudan sobre la forma de organizarse o de converger con otras protestas (Dossier Le Monde Diplomatique, enero, 2019). ¿Cómo hará Macron para manejar el explosivo descontento de las clases medias por el aumento del precio de los combustibles, medida tomada para honrar los acuerdos de París sobre cambio climático sin considerar la pérdida del poder adquisitivo que aqueja a la mayoría? La cuestión se le ha salido de las manos y el malestar no deja de crecer, sobre todo, en las áreas rurales donde el tipo de trabajo y las largas distancias son factores agravantes ¿Con quién va a negociar si no hay cabezas visibles? ¿Cómo afectará esto su liderazgo en la UE? demagogos es lo que sobra y el cambio climático es un tema elástico que da para todo.

Justamente el cambio climático es la causa del movimiento escolar inspirado por la estudiante sueca Greta Thunberg de 15 años, que en noviembre pasado movilizó a toda Australia y, cuatro meses después, ya suma cien países. En abierto contraste con las críticas de los chalecos amarillos en contra de una acción diseñada para responder al reto del calentamiento global, niños y jóvenes han tomado las calles para pedir que se haga “MÁS” por la conservación del ambiente. El Strike 4 Climate Action, siguiendo la moda de los movimientos populares del siglo XXI, está siendo exitosamente promovido en twitter y otras redes sociales, sacudiendo conciencias en lugares tan distantes como Corea del Sur, India y Suráfrica, al punto de que Thunberg ya ha sido nominada al Premio Nobel de la Paz. La unión hace a estos jóvenes escolares fuertes. Alguna repercusión tendrá su iniciativa, así sea simbólica. Pero este es un caso especial por donde se le mire, nadie va a cuestionar la legitimidad de las demandas de estos muchachos, no nos imaginamos a las fuerzas de seguridad de sus respectivos países tirándoles una bomba lacrimógena o llevándoselos para torturarlos.

Pero, esto no es lo común. Lo común es que los movimientos sin líderes se enfrenten a serios cuestionamientos sobre su legitimidad. La clave está en los métodos de lucha.  El gobierno de Macron ha usado la violencia observada en París y en otros lugares para afirmar que el movimiento de los chalecos amarillos es ilegítimo y antidemocrático. Mahatma Gandhi y Martin Luther King se dieron cuenta de que la acción no violenta niega a las autoridades esta línea de ataque. Por el contrario, la violencia utilizada al reprimir movimientos pacíficos ayuda a construir su propia legitimidad y obtener respaldo mundial.

Encontramos dos ejemplos contrapuestos en la renuncia de Roselló ante la presión popular puertorriqueña (julio 2019); y, el empecinamiento de Putin en reprimir las marchas organizadas para pedir la participación de los candidatos de oposición en las elecciones a la asamblea legislativa rusa (agosto, 2019). El primer caso es visto como un triunfo de la democracia; y, el segundo, como testimonio irrefutable de la pérdida de legitimidad de Putin ante sus connacionales y la consolidación de su perfil autocrático a nivel internacional.

En Venezuela, el 2019 representa un gran reto para la población. Nuestra meta entra dentro de lo que denominamos metas maximalistas puesto que se aspira a un cambio de modelo. Como sabemos, la situación es muy compleja y para superar la emergencia humanitaria y lograr la agenda del Presidente (E) en relación con: 1) Cese de la usurpación; 2) Gobierno de transición; y, 3) Elecciones libres y transparentes. Además de la unidad opositora y la presión internacional, se requiere de la acción política de los ciudadanos.

Ahora, como nunca, debemos ejercer nuestra ciudadanía, ojalá de manera organizada. El descontento popular debe poder ser canalizado para que sea realmente útil. Unión, disciplina no violenta y estrategia son las claves del éxito. Amandla!

 


Referencias bibliográficas

Arendt, Ana (1970). On violence.  Harvest Book. London. GB

Bell, Nance (2008) Power, Alternative Theories. Austin, TX, USA

Bonelli, Laurent (enero, 2019). ¿Por qué ahora? Le Monde Diplomatique. Paris. FR

CANVAS (2007). Canvas core curriculum.  A guide to effective nonviolent struggle. Centre for Applied Nonviolent Action and Strategies (CANVAS). Serbia.

Galtung J. (1996). Peace by Peaceful means: Peace and Conflict, Development and Civilization, Sage, London, GB

Le Monde Diplomatique (enero, 2019). La sublevación francesa.  Dossier especial. Paris. FR

Sharp, G. (1973). The Role of Power in Nonviolent Struggle. The Albert Einstein Institution. USA.

Stephan and Burrows (2015). Is Authoritarianism Staging a Comeback? Atlantic Council. USA.

Stephan and Chenoweth (2008). Why Civil Resistance Works. The Strategic Logic of Nonviolent Conflict.

____________________. (January 18, 2016). How the world is proving Martin Luther King right about nonviolence. Washington Post. USA.

 

 

Compartir
Maria Gabriela Mata
Licenciada en Estudios Internacionales por la Universidad Central de Venezuela y Comunicadora Social por la UCV/UNICA. Magíster en Ciencias Políticas por la Universidad de los Andes. Se desempeña como investigadora en asuntos sobre África y Asia. Ha escrito libros y en revistas sobre temas de la India, racismo, terrorismo, cultura y globalización. Es conferencista y articulista con amplia trayectoria.