En los Alpes suizos, Louis Vuitton abrió una tienda temporal en St. Moritz inspirada en la yurta, presentada como un escenario “nómada” adaptado al esquí y al lujo.

Esta puesta en escena se inscribe en una tendencia más amplia del marketing de lujo que moviliza formas de vivienda o signos culturales asociados al nomadismo como resortes de “exotización”. Varios periodistas kazajos interpretaron la instalación como una reutilización estetizada y descontextualizada de un símbolo central del patrimonio nómada de Kazajistán. En The Caspian Post, Leila Mekhdi recuerda que “la yurta no es un simple decorado, sino un símbolo identitario cuya reutilización comercial puede vivirse como una desposesión”; Qazaqstan Monitor sitúa el evento en una serie más amplia de préstamos del lujo occidental a la cultura nómada kazaja (Klimenko, 2022; Mehdi, 2023). Así, la yurta circula como signo estético —sobre todo en Europa— mientras que en Kazajistán sigue siendo un símbolo cultural vivo: como subraya la historiadora del arte kazaja Raushan Yeschanova, “la yurta no es solo una vivienda; refleja toda la filosofía de la cultura nómada kazaja” (citada en Olzhbaekova, 2024).

Este punto de partida permite abordar la folclorización del nomadismo en ciertas partes de Europa, centrándose en el caso kazajo. En los relatos turísticos, mediáticos o culturales, el nomadismo se presenta a menudo mediante un repertorio limitado de emblemas —yurtas, caballos, festividades “tradicionales”— que favorece una lectura patrimonial y atemporal. Estos encuadres ignoran la diversidad regional y socioeconómica de las prácticas y silencian las recomposiciones del siglo XX ligadas a las políticas imperiales y soviéticas.

Esta brecha entre representaciones y realidades plantea una pregunta central: ¿cómo analizar un modo de vida profundamente transformado por la sedentarización forzada y la colectivización, cuando las imágenes dominantes ofrecen una versión homogeneizada y despolitizada? Más ampliamente, ¿cómo contribuyen estas representaciones —difundidas fuera de Kazajistán— a construir un imaginario que reduce el nomadismo a un patrimonio visible, ocultando las rupturas históricas que han afectado a las sociedades de la estepa?

El artículo se organiza en tres partes:

  1. La pluralidad histórica del nomadismo kazajo, recordando que nunca constituyó un sistema uniforme.
  2. Las políticas de sedentarización de los siglos XIX y XX y sus efectos sobre las estructuras sociales, económicas y territoriales.
  3. Las formas contemporáneas de folclorización, especialmente a través del turismo “étnico”, para comprender cómo ciertas imágenes del nomadismo siguen ocultando las transformaciones impuestas a las poblaciones kazajas en el último siglo.

I — Un nomadismo plural: complejidades históricas antes del siglo XX

Prácticas pastoriles diversas según los territorios y los Jüz

Cuando se evoca el nomadismo kazajo en Europa, las imágenes dominantes sugieren a menudo un modo de vida uniforme: yurtas en una estepa infinita, un pueblo viviendo “fuera del tiempo”. Sin embargo, la historia del pastoralismo kazajo es mucho más matizada. No correspondía a un modelo único, sino a un conjunto de prácticas situadas, ligadas a entornos y organizaciones sociales variadas. Durante el Kanato kazajo, y más claramente desde el siglo XVII, la sociedad kazaja se estructuraba en tres grandes confederaciones, los Tres Jüz: la Gran Horda (Uly jüz), la Horda Media (Orta jüz) y la Pequeña Horda (Kişi jüz). Cada una ocupaba espacios distintos y desarrollaba regímenes pastoriles específicos (Ohayon, 2015).

En la Kişi jüz, situada en zonas áridas del oeste, la trashumancia implicaba desplazamientos de gran amplitud, a veces cientos de kilómetros entre los pastos de invierno (qystau) y los de verano (jailau). En cambio, en la Orta jüz, en el centro del país, predominaba el semi-nomadismo con campamentos estacionales relativamente estables. En el sur y sureste, en la Uly jüz, la movilidad seguía ciclos montañosos: subida estival hacia los jailau y bajada invernal a los valles, similar a los pastores kirguises (Ohayon, 2014).

Los trabajos de Isabelle Ohayon muestran que incluso dentro de un mismo jüz no existía un patrón único: algunos grupos eran muy móviles, otros reducían sus desplazamientos a dos o tres sitios regulares, a veces cerca de aldeas rusas o tártaras (Ohayon, 2004, 2014). Seïtkassym Aouelbekov subraya que los itinerarios dependían de relaciones políticas locales: el acceso a ciertos pastos podía reservarse a linajes específicos (Aouelbekov, 2006). El nomadismo kazajo era, por tanto, un conjunto de estrategias territoriales estructuradas.

Fuentes internas: Abay y la complejidad social de la estepa

Esta diversidad aparece también en los relatos kazajos. Los Qara sózder de Abay Kunanbaıuly (1845–1904) describen una sociedad pastoril atravesada por rivalidades y conflictos sobre rutas trashumantes. La movilidad no se presenta como un ideal romántico, sino como un sistema social, político y económico ya afectado por las reformas zaristas (Laruelle, 2014). El novelista Mūqtar Äuezov prolonga esta visión en Abai joly, mostrando la organización concreta de las migraciones hacia los jailau y las negociaciones entre clanes.

II — Transformaciones del siglo XX: sedentarización forzada y ruptura histórica

La diversidad histórica del nomadismo kazajo permite medir la magnitud de las transformaciones iniciadas en el siglo XIX y culminadas en el XX. La integración al Imperio ruso inaugura un control progresivo de las movilidades y territorios; el periodo soviético radicaliza esta lógica, reconfigurando las estructuras sociales y económicas.

Colectivización soviética (1928–1933): la destrucción de un sistema pastoral

La transformación más brutal ocurre en los años 30, cuando la URSS impone la colectivización acelerada del ganado. Esta política, presentada como modernización, ignora las lógicas ecológicas y sociales del nomadismo kazajo. En pocos años, los rebaños —piedra angular de la movilidad— son confiscados para los koljoses y sovjoses. Sin ganado, la trashumancia se vuelve imposible (Nurtazina, 2014).
Las consecuencias son inmediatas: según Cameron (2018) y Kindler (2018), la colectivización provoca el colapso del pastoralismo y contribuye a una hambruna devastadora entre 1930 y 1933, con pérdidas estimadas en 1,45 a 1,5 millones de personas (38% de la población kazaja). Los ciclos de movilidad y las estructuras sociales se desintegran.

Un relato oficial que neutraliza la violencia de la transformación

Tras la hambruna, el poder soviético construye un relato que oculta las causas y presenta el nomadismo como patrimonio cultural del pasado. La etnografía se centra en signos materiales —yurta, artesanía, rituales— mientras la dimensión política de la desaparición forzada queda relegada (Ohayon, 2001). Así, la sedentarización no solo transforma un sistema pastoral: determina lo que subsiste como herencia visible, disponible para reutilizaciones estéticas fuera de contexto.

III — La folclorización contemporánea del nomadismo: representaciones europeas y descontextualización

Nomadismo convertido en producto turístico

Comprender las formas actuales de folclorización implica examinar cómo se visibiliza el nomadismo kazajo en Europa, especialmente mediante el turismo “étnico”. Guillaume Tiberghien muestra que estas puestas en escena responden a imaginarios occidentales, estructurados por elementos simbólicos fácilmente reconocibles y descontextualizados (Tiberghien, 2018).

El caso Louis Vuitton ilustra esta circulación de la yurta como signo estético. Una lógica similar se observa en el “glamping” en yurta en Europa. La yurta se presenta como alojamiento “tradicional” e inmersivo, integrado en una economía de la experiencia, sin restituir sus usos sociales ni los saberes ligados a las poblaciones nómadas.
El turismo étnico no solo difunde representaciones: las organiza y estabiliza. Construye experiencias en torno a elementos seleccionados por su legibilidad —yurta, universo ecuestre— que condensan el nomadismo en un repertorio de signos fijos.
Aubakirova y Zykova (2018) muestran que la “autenticidad” del turismo étnico responde sobre todo a expectativas externas, ocultando las rupturas del siglo XX. Políticas patrimoniales como Madeni Mura y eventos como Nauryz o los Juegos Nómadas Mundiales han revalorizado el legado nómada, pero fijando emblemas exportables (yurta, artes ecuestres, artesanía). Abdikarimova et al. (2025) subrayan la ambivalencia: protege un patrimonio vivo, pero estabiliza un repertorio selectivo que puede ocultar la complejidad social. Estas formas de “neo-nomadismo” suscitan lecturas contrastadas en Kazajistán: algunos las ven como continuidad legítima; otros denuncian un decorado vacío, sobre todo cuando lo exportan industrias extranjeras.

Conclusión

El estudio del nomadismo kazajo muestra que se trata de un sistema social complejo, moldeado por entornos contrastados, jerarquías de linaje y prácticas pastoriles múltiples. Lejos del modelo uniforme difundido en imaginarios externos, el pastoralismo kazajo se basaba en una organización territorial precisa y movilidades adaptadas a cada región de los Tres Jüz.

El siglo XX marca una ruptura: las políticas imperiales y soviéticas desmantelaron la economía pastoril, haciendo imposible la movilidad que la sustentaba. La colectivización, la sedentarización forzada y la hambruna reconfiguraron las estructuras sociales y territoriales. El relato oficial presenta este pasado bajo una forma patrimonial y simbólica, desligada de los acontecimientos que condujeron a su desaparición.Esta evolución explica en parte cómo se representa hoy el nomadismo en ciertos discursos europeos: se privilegian símbolos visuales —yurta, caballo, juegos ecuestres— en una lógica turística que prioriza la estética sobre el contexto histórico. Las investigaciones sobre “neo-nomadismo” muestran que estas imágenes responden más a demandas de visibilidad cultural que a una voluntad de restituir la complejidad del pastoralismo.
Reinsertar estas imágenes en su historia permite medir sus límites: el nomadismo kazajo no se reduce a una tradición fija ni a un conjunto de símbolos intercambiables. Fue un sistema social diverso, profundamente transformado en el siglo XX. Esta trayectoria ilumina tanto las formas del nomadismo valorizadas hoy en Kazajistán como las lecturas reductoras que generan fuera del país.


Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente la organización comparte lo expresado.

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Licenciada en Ciencias politicas por la Universidad Complutense de Madrid. Acabo de graduarme de una Maestría en Cooperación internacional en Sciences Po. Desarrolle métodos de investigación en ciencias politicas y sociales, publicando mi tesis de máster intitulada “El Impacto de las Políticas de Aculturación en Comunidades Indígenas: Un Estudio Comparativo de México y Canadá". Cuento con experiencia en el diseño y la gestión de proyectos de desarrollo trabajando con ONG francesas y bolivianas. Mi línea de investigación se centra en el estudio de politicas internacionales, sistemas políticos, incluyendo fenómenos antropológicos e históricos.