Elecciones en Tailandia 2026
El pasado jueves 19 de marzo, los resultados electorales en Tailandia dieron la victoria al partido gobernante, el Bhumjaithai Party (Thai Pride Party), liderado por el primer ministro Anutin Charnvirakul, consolidando el avance electoral realizado en febrero. El triunfo consolida al bloque conservador como la principal fuerza política del país, con una amplia ventaja sobre sus rivales y una clara reafirmación del liderazgo de Anutin al frente del Ejecutivo.
Bhumjaithai Party combina en su programa elementos de conservadurismo, populismo y liberalismo económico. Su enfoque de gobierno se apoya en políticas de desarrollo con un fuerte componente asistencial, al tiempo que mantiene valores conservadores tradicionales, especialmente en lo relativo al papel de la monarquía.
Su principal rival, People’s Party, liderado por Natthaphong Ruengapnyawut, compareció tras las elecciones afirmando que aceptará ejercer el papel de oposición. Los comicios se convocaron en diciembre, tras el colapso de la coalición encabezada por Anutin, que apenas logró sostenerse durante tres meses.
El tercer gran contendiente fue el partido de centro Pheu Thai, vinculado a la familia Shinawatra, obtuvo 74 escaños, una caída significativa respecto a su resultado de 2023. Tras el bloqueo de Move Forward ese año, formó una coalición de gobierno, pero vio cómo dos de sus primeros ministros eran destituidos por el intervencionista Tribunal Constitucional. Su imagen quedó dañada tanto por las acusaciones de una gestión deficiente del conflicto con Camboya como por el encarcelamiento de su patriarca, el ex primer ministro y magnate Thaksin Shinawatra, el pasado septiembre de 2025.
Aunque ningún partido alcanzó la mayoría absoluta, Anutin se mantendrá en el cargo. People’s Party, que bajo el nombre de Move Forward ganó los comicios de ese año— volvió a verse relegado a un segundo plano: entonces, pese a su victoria, el Senado no electo le impidió acceder al poder; esta vez fue superado por los conservadores pragmáticos de Anutin. Los reformistas permanecerán, por ahora, en la oposición, evitando una crisis institucional que podría haberse producido si hubieran ganado y vuelto a ser bloqueados.
Bhumjaithai aseguró 192 escaños en la Cámara de Representantes, compuesta por 500 miembros, casi el triple de los obtenidos en 2023. Durante la campaña, el partido del primer ministro capitalizó el auge del nacionalismo, impulsado por las tensiones fronterizas con Camboya. Este recurso a los sentimientos patrióticos se convirtió en el leitmotiv del discurso conservador, con promesas de defender el estatus de instituciones tailandesas como la monarquía y el ejército.
Anutin hizo campaña apoyándose en un nacionalismo de línea dura y en concesiones populistas, pero su victoria también se explica por su capacidad para atraer a los intermediarios del poder local, en un sistema electoral en el que el 80% de los escaños se decide en circunscripciones individuales mediante un sistema mayoritario, y el 20% restante se asigna de forma proporcional al voto nacional.
En este contexto, el rey Maha Vajiralongkorn concedió a Anutin una audiencia en vísperas de la votación. Aunque oficialmente este encuentro no guarda relación con las elecciones, resulta significativo por el momento en el que se produjo.
Coalición
Ahora, el Bhumjaithai Party tiene la oportunidad de liderar una coalición mayoritaria dominante, tras haberse posicionado con éxito como el único voto viable para garantizar la estabilidad en un país que ha tenido diez primeros ministros en los últimos veinte años. Aun así, para conformar una coalición de gobierno necesitó alcanzar el umbral de 251 escaños. Entre sus principales socios figuran Pheu Thai, respaldado por la familia Shinawatra y con 74 escaños, así como Klatham Party, con 58, además de diversas formaciones minoritarias.
Este partido se caracteriza por la defensa de los intereses monárquicos y por su oposición a los intentos de reformar leyes que ampliarían el margen de debate sobre el papel de la monarquía, un asunto que sigue siendo tabú en la Tailandia contemporánea. Anutin reforzó además el atractivo de su formación al situar en el centro de su campaña a tecnócratas reconocidos, con reputaciones sólidas en términos de competencia y eficacia administrativa.
El resultado de estas elecciones es el más favorable para el grupo de poder (establishment) monárquico desde principios de siglo, periodo en el que se ha recurrido de forma recurrente a golpes de Estado y decisiones judiciales para respaldar a distintos primeros ministros, entre ellos el empresario de telecomunicaciones y multimillonario Thaksin Shinawatra y sus aliados.
El principal interrogante es ahora si Anutin será capaz de capitalizar su impulso político y revertir una economía frágil, afectada por una crisis de competitividad, el riesgo de una burbuja inmobiliaria, la caída de la inversión extranjera y una población cada vez más envejecida. El crecimiento medio se sitúa en torno al 1% desde la pandemia, muy por debajo del registrado por países vecinos como Vietnam e Indonesia, una debilidad que se ha visto además agravada por el contexto geopolítico y las sanciones impuestas por la administración Trump (en su máximo, los aranceles impuestos por Estados Unidos llegaron a un 36% para Tailandia en agosto de 2025, en febrero de 2026 se sitúa en un 19%).
Tailandia se ubica en el 11.º lugar mundial con un déficit de 45,61 mil millones de USD, siendo la segunda economía del sudeste asiático tras Vietnam. Este dato evidencia la alta dependencia del país del comercio con Estados Unidos, lo que lo hace vulnerable a cambios en aranceles o en la demanda externa. La posición de Tailandia en este ranking también explica por qué decisiones políticas, como la continuidad fiscal o el estímulo a la inversión interna, se vuelven críticas para sostener el crecimiento económico y proteger la competitividad frente a vecinos como Vietnam, que podrían captar parte del turismo o exportaciones desplazadas.
Fuente: Reuters (2025)
En un a escala regional, Entre abril y agosto de 2025, varios países del sudeste asiático experimentaron aumentos significativos en los aranceles impuestos por EE. UU. En el caso de Tailandia, los aranceles pasaron del 20% al 37%, mientras que Vietnam y Camboya subieron hasta cerca del 45–50%. Otros países, como Singapur, se mantuvieron relativamente estables en torno al 10%, reflejando un impacto menor.
Este incremento evidencia la presión sobre las exportaciones tailandesas y la vulnerabilidad de la economía frente a políticas proteccionistas estadounidenses. Para Tailandia, el aumento de aranceles no solo afecta la competitividad de sus productos, sino que también refuerza la necesidad de diversificar mercados y fortalecer la producción interna, decisiones clave que el gobierno de Anutin deberá considerar en su política económica.
Fuente: U. S. Government (2025); The Economist (2025)
Las proyecciones muestran que Tailandia tendrá un crecimiento débil comparado con sus vecinos, desacelerándose del 2% en 2025 al 1,7% en 2026. En contraste, países como India y Vietnam registran tasas robustas del 6–8%, mientras que Filipinas e Indonesia se mantienen alrededor del 5%. Incluso economías más desarrolladas como China proyectan un crecimiento del 4,5%, superior al de Tailandia.

Fuente: Bloomberg (2026)
Este gráfico evidencia que la economía tailandesa se encuentra entre las más rezagadas de la región. La baja tasa de crecimiento refuerza los desafíos estructurales: población envejecida, dependencia del turismo y la exportación, y limitada inversión extranjera. Para el gobierno de Anutin, estos datos subrayan la urgencia de políticas que estimulen la competitividad interna y diversifiquen fuentes de crecimiento para evitar quedarse atrás frente a sus vecinos asiáticos.
En este contexto, la victoria de Anutin garantiza una visión moderada y continuista para el país. Durante el mandato se anticipan objetivos prudentes, entre los que figuran ayudas directas a la población y una meta de crecimiento económico del 3%. También se ha planteado la contratación de 100.000 cuidadores para atender a la población envejecida, así como la sustitución del servicio militar obligatorio por un sistema voluntario.
Frente a este enfoque gradualista, el People’s Party defendía una agenda de cambios estructurales, que incluía limitar el poder de las grandes empresas y de las Fuerzas Armadas, racionalizar la extensa burocracia estatal y modernizar el sistema educativo. Aunque su programa había gozado de un notable respaldo entre los votantes más jóvenes desde la fundación del movimiento, los resultados muestran que en esta ocasión tuvo menos éxito entre los sectores de mayor edad y en las provincias, donde pesaron más las promesas de ayuda financiera directa formuladas por el partido de Anutin.
Mercados
Desde la perspectiva de los mercados asiáticos, la victoria de Bhumjaithai y la formación de una coalición alineada con el grupo de poder es considerada muy positiva para los inversores, que perciben un entorno más favorable en el corto plazo. Este optimismo se apoya en la expectativa de políticas de continuidad fiscal orientadas a sostener el consumo y la inversión en infraestructuras.
Bhumjaithai ha prosperado en un contexto marcado por golpes de Estado y disoluciones judiciales desde que se separó del bloque de Thaksin en 2008, convirtiéndose en un socio indispensable tanto para los generales monárquicos como para los reformistas pro-democracia. Al mismo tiempo, ha encabezado iniciativas de carácter populista, entre ellas el impulso emblemático para la legalización de la marihuana, con ajustes y reformas a lo largo de los años.
El ascenso de Anutin al establisment culminó en 2023, cuando ocupó el vacío de poder dejado por el líder saliente de la junta, Prayuth Chan-ocha. En aquel momento se negó a integrarse en una coalición progresista debido a su oposición a la reforma de la ley de lesa majestad, el estricto código de difamación real del Reino. Su consolidación política llegó en septiembre, cuando se convirtió en el tercer primer ministro en dos años tras la destitución de Paetongtarn Shinawatra por corrupción. Desde entonces, Anutin ha capitalizado el fervor nacionalista, avivado por el conflicto fronterizo con Camboya, para erosionar el apoyo rural del anteriormente dominante Pheu Thai.
Este giro político tiene profundas implicaciones para una economía dependiente de las exportaciones, que muestra signos de estancamiento y que ha priorizado soluciones populistas frente a reformas estructurales. Al día siguiente de las elecciones, el lunes 9 de febrero, el índice de la Bolsa de Tailandia registró una subida superior al 3% tras confirmarse la victoria de Bhumjaithai. Analistas citados por Bloomberg señalaron que el mercado bursátil será uno de los principales beneficiados de un resultado electoral claro.
Según analistas de Eurasia Group a Bloomberg, si Bhumjaithai lidera el próximo gobierno, la política fiscal será previsiblemente más prudente, aunque acompañada de cierto estímulo, mientras que las reformas económicas avanzarían de forma gradual bajo un ejecutivo conservador.
Es interesante entender que la subida de los mercados tailandeses es una vara de doble filo para una economía que está muy enfocada y condicionada por el turismo. A la economía tailandesa no le interesa en estos momentos tener una moneda fortalecida, ya que esto favorece a sus vecinos como Vietnam, que recogerá el turismo perdido por Tailandia.
Referendum
Sin embargo, estas elecciones no se limitaron a la designación de un partido gobernante. Paralelamente, se celebró un referéndum para sustituir la Constitución de 2017, elaborada bajo la tutela militar, un proceso de reforma que el gobierno encabezado por Bhumjaithai ha tratado de contener durante años. Anutin ha señalado que, aunque respalda en principio una reescritura constitucional, su administración protegerá al establishment monárquico de cualquier cambio radical.
Los críticos de la carta magna sostienen que esta otorga un poder excesivo a instituciones no electas, como los tribunales y el Senado, lo que, a su juicio, limita de forma sustancial el funcionamiento democrático del país.
La mayoría de los tailandeses votó a favor de sustituir la Constitución redactada por los militares en un referéndum que podría abrir la puerta a reformas políticas más profundas, pese a que el principal partido que impulsó esta iniciativa quedó en segundo lugar en las elecciones del domingo.
Más de 18,4 millones de votantes (alrededor del 60%) respaldaron la redacción de una nueva carta magna, frente al 32% que optó por mantener la actual, según datos de la Comisión Electoral con cerca del 90% de los votos escrutados. Los partidarios de la reforma obtuvieron mayorías en casi 70 de las 77 provincias del país, con Bangkok registrando el mayor nivel de apoyo.
Los resultados ponen de manifiesto un fuerte apetito social por el cambio estructural, una demanda defendida desde hace años por el People’s Party, que aboga por reducir el poder político de las instituciones no electas. Empero, frente a los resultados electorales definitivos, situaron al People’s Party con 120 escaños, muy por debajo de los 192 escaños obtenidos por Bhumjaithai (293 en coalición) que se sitúa como líder del nuevo gobierno
La última Constitución, elaborada tras un golpe de Estado militar, otorga una autoridad excesiva a organismos como el Senado de elección indirecta, el Tribunal Constitucional y la Comisión Electoral. Desde el fin del gobierno militar directo en 2019, algunas de estas instituciones han desempeñado un papel desproporcionado en la política nacional, disolviendo partidos, inhabilitando a legisladores y destituyendo a primeros ministros.
No obstante, la victoria del “sí” en el referéndum marca solo el inicio de un proceso que previsiblemente se prolongará durante años. Cualquier nueva Constitución deberá pasar por la redacción de múltiples borradores y someterse a nuevas votaciones a escala nacional antes de poder entrar en vigor.
Desde que Tailandia se convirtió en una democracia en 1932, el país ha contado con veinte constituciones, lo que equivale aproximadamente a una nueva cada cinco años. Esta elevada rotación refleja décadas de inestabilidad política, en las que cada golpe de Estado o cambio de régimen ha venido acompañado de una nueva carta magna.
Conclusión
La victoria de Anutin Charnvirakul y del Bhumjaithai Party apunta a una transición política más fluida que el estancamiento vivido en 2023, incluso en ausencia de una mayoría absoluta. De forma decisiva, el partido ha logrado consolidar su control sobre el Senado, lo que le otorga influencia significativa en las enmiendas constitucionales, la producción legislativa y la supervisión de agencias independientes encargadas de investigar a responsables políticos. Este control refuerza la estabilidad institucional y reduce el riesgo de bloqueos similares a los que afectaron a gobiernos previos.
Por su parte, People’s Party mejoró su desempeño en el voto proporcional, pero perdió apoyo en provincias y entre sectores de mayor edad, evidenciando su debilidad en redes locales y su dificultad para traducir popularidad urbana en poder efectivo. Esto sugiere que, aunque siga siendo la principal fuerza reformista y representante de los jóvenes, su capacidad de influir directamente en la política nacional está limitada por las estructuras institucionales y los equilibrios de poder existentes.
Desde el punto de vista económico, la victoria de Anutin ofrece cierta previsibilidad a los mercados y a los inversores, pero no resuelve los problemas estructurales de Tailandia: crecimiento moderado, población envejecida, dependencia del turismo y vulnerabilidad ante shocks comerciales, como los aranceles estadounidenses. La necesidad de políticas estratégicas que diversifiquen la economía, fomente la inversión interna y protejan la competitividad regional es más urgente que nunca.
Finalmente, el resultado electoral y el referéndum constitucional reflejan una tensión entre continuidad y cambio. Mientras Bhumjaithai garantiza estabilidad y continuidad conservadora, el respaldo mayoritario a la reforma constitucional evidencia un fuerte deseo social de modernización política y de reducción del poder de instituciones no electas. Esto dibuja un escenario complejo en el que el gobierno deberá equilibrar pragmatismo político, demandas populares y desafíos económicos, definiendo el rumbo de Tailandia en los próximos años.
Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente la organización comparte lo expresado.
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