La Polarización Afectiva y la erosión de las instituciones democráticas
Resumen
Las instituciones democráticas de los Estados de este carácter se ven amenazadas por el crecimiento constante de un fenómeno corrosivo para éstas: la Polarización Afectiva. Este fenómeno consiste en la transmutación hacia la irracionalidad emocional de los aspectos racionales de la comunicación entre agrupaciones políticas en una sociedad polarizada. En el presente artículo, se analiza este fenómeno, su origen y su impacto en la cohesión social y gobernabilidad de los Estados democráticos. Se concluye en el presente que la polarización afectiva erosiona las instituciones democráticas por su fomento al distanciamiento dialéctico, la “irracionalización” de la validación de las perspectivas, ideas y conceptos intra y extra grupales, el fomento de la tolerancia social a sacrificar actitudes y procesos democráticos a cambio de satisfacer intereses político-partidarios y el aumento de la violencia política.
Introducción
La Polarización Afectiva (conocida en la literatura angloparlante como Partisan Affective Polarization, PAP, o Polarización Afectiva Partidista, como traducción cuasi literal del inglés) es un fenómeno creciente de animosidad negativa entre los “polos” políticos de las sociedades democráticas occidentales, caracterizado por la “desconfianza, [el] disgusto, y [el] resentimiento entre las líneas opositoras” (Garzia et al., 2025). La PAP, lejos de ser un fenómeno focalizado en los Estados Unidos (de donde proviene como concepto y, a la vez, es engendro consecuente de un sistema estrictamente bipartidista), juega un papel político clave respecto a la creación de una suerte de “endogamia” discursiva presente en la política contemporánea, a lo largo y ancho de Europa, África y Latinoamérica (Bankert y Stone, 2025, p. 168). El presente artículo de análisis busca describir este fenómeno y cómo afecta negativamente a la cohesión social y la gobernabilidad, erosionando últimamente la integridad de las instituciones democráticas occidentales. Se partirá desde explicar lo que es la Teoría de la Identidad Social, para luego desarrollar el desenvolvimiento del término “polarización” en el ámbito de las ciencias políticas y sociales contemporáneas. Finalmente, se concluirá brevemente respecto a la relación entre la PAP y la erosión, consecuente al desenvolvimiento de la mentada, de las instituciones democráticas.
Desarrollo
Para poder comprender a la PAP en su totalidad, es menester entender, en primera instancia, la Teoría de la Identidad Social, formulada por Henri Tajfer y John Turner (1979). Según la mentada teoría, todo ser humano tiene la intención de obtener una perspectiva positiva de sí mismo (del yo), y que esto proviene de una sinergia entre su identidad personal y su identidad colectiva o grupal: la identidad colectiva proviene de la categorización social, lo que consecuentemente da lugar a la creación de in-groups (identidad) y out-groups (alteridad) (Rodríguez, 2024, pár. 1-2). Esto explica la tendencia humana de beneficiar o privilegiar a las opiniones y perspectivas que engloban su grupo identitario (y de menospreciar a las que pertenecen a la alteridad): si los miembros de un grupo enaltecen al mentado, enaltecen consecuentemente su percepción de sí mismos. Existen 3 herramientas conceptuales de interacción en este contexto, dos de carácter individual y uno de carácter colectivo: 1) la salida (exit), que es la capacidad de un individuo para elegir salir de un grupo percibido como “inferior” para ingresar a otro percibido como “superior”; 2) el “pasar” (pass) se da cuando un individuo es menos reconocido por tener carácteres comparativamente inferiores respecto a los que forman parte de su grupo (ej. una persona afroamericana de piel más clara en EE.UU. siendo considerada menos negra que sus pares identificados como afroamericanos); y el 3) la “voz” (voice), que representa la alocución conjunta, la expresión grupal desde dentro hacia afuera, que busca enaltecer la percepción popular del mentado (y por ende a sus individuos) (Rodríguez, 2024, pár. 2-3). Si bien en el Siglo XX la referida teoría fue utilizada para estudiar distintos fenómenos y movimientos aislados entre sí, en el presente se utiliza para obtener una mayor comprensión (desde la perspectiva de la psicología social) del “(…) comportamiento político formal e informal, incluyendo la identificación partidaria, afiliación y solidaridad políticas, liderazgo, retórica política, participación y activismo políticos, cismas (o “brechas” políticas), separatismo nacionalista, teorizaciones conspirativas y extremismo” (Sindic y Condor, 2019, p. 43).
El término “polarización”, como tal, fue utilizado por primera vez (en su connotación política) en el libro Parties and Party Systems de Giovanni Sartori (1976) para describir cómo se dividen los partidos políticos según los polos ideológicos de una sociedad.[1] Sartori concluye que en sistemas en los que prima la “polarización extrema” (como se percibe hoy en día a la polarización política), se desacreditan las posturas centristas y los partidos extremistas prosperan (1976, p. 350). Ergo, en vista del aumento desmesurado de la polarización política, aquel término, inicialmente acuñado para representar dos polos opuestos, fue transmutado para explicar, en el entorno político, la tendencia de los grupos sociales de alojarse ideológicamente en los extremos, en detrimento del centro. Polarización política es, en definitiva, el fenómeno de crecimiento constante de una brecha ideológica entre agrupaciones o partidos políticos, cuyo paradigma consiste en una inclinación individual hacia acciones y posiciones extremas, en lugar de perspectivas moderadas (Churcher, 2025). La relevancia de investigar la polarización política en una sociedad reside en la necesidad de medir la volatilidad del accionar de sus actores políticos en concordancia (o discordancia) con las instituciones democráticas (y sus consecuentes efectos sobre la gobernanza democrática y la cohesión social). Sin embargo, se ha percibido un incremento inusitado de dicha polarización: El distanciamiento entre ambos polos se ha dado a tal instancia que la raíz de la animosidad negativa intergrupal ha pasado de lo político-ideológico a lo emocional (Gross et al., 2024; Bankert y Stone, 2025), llevándonos a lo percibido como polarización afectiva partidista (PAP).
La diferencia clave entre la polarización político-ideológica y la PAP es el factor de animosidad; si bien la primera, por más que se base en particularidades intersubjetivas (como lo serían la ideología y teoría políticas) es estrictamente racional, la última mide la emocionalidad positiva/negativa vinculada a los individuos y colectivos (in-groups/out-groups). Es decir que el factor clave no reside ya en el intercambio de ideas (o, más bien, la creciente brecha comunicativa o discursiva entre ambos polos), sino que hay un incremento en la relación afectiva entre la política y las convicciones o creencias éticas y/o morales, lo que alimenta la dialéctica de fortalecimiento o enaltecimiento del grupo al que el individuo pertenece (con la finalidad de, últimamente, enaltecer su percepción de sí mismo). Dicha animosidad negativa dirigida hacia la “oposición” no sólo fomenta el disentimiento mutuo, sino que también motiva a su resolución por medios no democráticos, provocando cierto aumento a la tolerancia de actitudes anticonstitucionales justificado por el cumplimiento de objetivos político-partidarios (Young, 2025). En este sentido, el distanciamiento dialéctico existente entre los distintos grupos sociopolíticos (que acaban por aglomerarse en los extremos ideológicos) erosiona, consecuentemente, la integridad de las instituciones democráticas. Esto se debe a que este propio distanciamiento (caracterizado no sólo en términos de lontananza, sino también en términos de carencia comunicativa) representa un peligro para la comunicación política multilateral e interpartidaria, piedra angular del funcionamiento óptimo de todo sistema democrático (Moe et al., 2023, p. 26). En este sentido, la radicalización de la sociedad, producto del crecimiento del mentado fenómeno, no sólo interviene en la toma de decisiones de los Estados democráticos (Nettasinghe et al., 2024), sino que también produce escaladas de tensión en sus sociedades políticas y entre los partidarios de las distintas agrupaciones que la conforman (Renström et al., 2023), fomentando, a su vez, la violencia política (Berntzen et al., 2024).
Conclusiones
En conclusión, según el análisis realizado en el presente escrito, la polarización afectiva erosiona las instituciones democráticas por los siguientes motivos: 1) el distanciamiento dialéctico entre las agrupaciones políticas situadas en los extremos ideológicos; 2) la “irracionalización” (o “sensacionalización”) de la validación (o invalidación) de las perspectivas, ideas y conceptos intra-grupales y extra-grupales; 3) el fomento de la tolerancia social a actitudes antidemocráticas en búsqueda de satisfacer intereses político-partidarios (consecuencia de lo referido en la conclusión n° 2); y 4) el aumento de la violencia política, consecuente a los 3 puntos anteriormente mencionados. La polarización afectiva, finalmente, representa un grave peligro para la cohesión social y la gobernabilidad de la sociedad política, necesarias para la estabilidad y las garantías de paz y seguridad dentro de los Estados democráticos.
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Referencias
Bankert, A. y Stone, A. L. (2025) “Partisanship and affective polarization”. En Torcal, M. y Harteveld, E. (Eds.) Handbook of Affective Polarization, 168–183. Edward Elgar Publishing, Cheltenham, United Kingdom. https://www.elgaronline.com/edcollchap-oa/book/9781035310609/chapter11.pdf
Berntzen, L. E., Kelsall, H., y Harteveld, E. (2024). Consequences of affective polarization: Avoidance, intolerance and support for violence in the United Kingdom and Norway. European journal of political research, 63(3), 927-949.
Churcher, K. (2025). Political polarization. EBSCO Knowledge Advantage. https://www.ebsco.com/research-starters/political-science/political-polarization
Erdoğan, E. y Uyan-Semerci, P. (2025). Othering in politics: how affective polarization undermines democratic philia?, Frontiers Political Science, 7. https://doi.org/10.3389/fpos.2025.1553889
Garzia, D., Reiljan, A., Ferreira da Silva, F., y Trechsel, A. (2025). Affective Polarization. Oxford Research Encyclopedia of Politics. https://oxfordre.com/politics/view/10.1093/acrefore/9780190228637.001.0001/acrefore-9780190228637-e-2293.
Gross, N., Bryer, E., Jacobs, C. E. y Goosby J. (2024). “Heated, Polarized, and Annoying”: The Characteristics and Consequences of Affective Polarization in Independent High Schools. Democracy & Education, 32(2), 5. https://doi.org/10.65214/2164-7992.1667
Moe, H., Lindtner, S., & Ytre-Arne, B. (2023). Polarisation and echo chambers? Making sense of the climate issue with social media in everyday life. Nordicom Review, 44(1), 23–43. https://doi.org/10.2478/nor-2023-0002
Nettasinghe, B., Percus, A. G., y Lerman, K. (2024). Dynamics of Affective Polarization: From Consensus to Partisan Divides. arXiv preprint, arXiv:2403.16940.
Renström, E. A., Bäck, H., & Carroll, R. (2023). Threats, emotions, and affective polarization. Political Psychology, 44(6), 1337-1366. https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1111/pops.12899
Sartori, G. (1976). Parties and Party Systems: A framework for analysis. Cambridge University Press.
Sindic, D. y Condor, S. (2014). Social identity theory and self categorization theory. En The Palgrave handbook of global political psychology (pp. 39-54). London: Palgrave Macmillan. https://link.springer.com/chapter/10.1007/978-1-137-29118-9_3
Young, C. (2025) «Polarization and Authoritarianism: How Patterns of Polarization and Democratic Backsliding Have Been Realized in the United States». Research Days Posters 2025. 188. Binghamton University. https://orb.binghamton.edu/research_days_posters_2025/188
[1] Si bien Sartori no es el primer autor en utilizar el término “polarización” en contextos académicos, si es el que acuña certeramente el término para explicar y definir el fenómeno de apelmazamiento social en los extremos político-ideológicos (o, al menos, el pionero de este íter explicationibus).


