En la era del silicio y los algoritmos, el poder ya no se mide únicamente en armas, petróleo o territorio. Hoy, las líneas de código, los flujos de datos y la capacidad de entrenar modelos de inteligencia artificial (IA) se han convertido en activos estratégicos de primer orden. La IA no solo transforma industrias y redefine el trabajo: también reconfigura el equilibrio global de poder.

Las grandes potencias tecnológicas como Estados Unidos, China, la Unión Europea y otros actores emergentes como Japón, Taiwán e Israel compiten en una carrera tecnológica marcada por avances que han permitido rediseñar las relaciones internacionales. Esta carrera no se libra únicamente en laboratorios o centros de datos: se extiende a tratados comerciales, normas internacionales, espionaje digital y guerras narrativas, los algoritmos son armas, los datos son recursos y las plataformas tecnológicas son territorios en disputa.

Corporaciones como OpenAI, Google, Microsoft, Huawei o Palantir se han convertido en actores geopolíticos clave en los escenarios del ciberespacio, gracias a su influencia que ha trascendido fronteras y sus alianzas con los gobiernos y agencias de inteligencia moldean el futuro digital del planeta.

Las complejas telarañas del poder digital: ¿cómo la IA se entrelaza con la geopolítica de la Moderm Warfare 5.0? ¿Qué emergen como las nuevas arquitecturas de poder, y qué desafía un orden tecnológico más justo, seguro y democrático?

Estados Unidos vs China: Modelos, Estrategias y Tensiones

En el epicentro de la competencia por la IA se ubican Estados Unidos y China, dos modelos de desarrollo tecnológico que chocan en objetivos, mecanismos y alcance. Aunque ambos persiguen ventaja estratégica, sus rutas difieren: Estados Unidos se centra en el fomento de ecosistemas mixtos impulsado por la innovación privada y la financiación de mercado; mientras China articula una estrategia de Estado que integra objetivos industriales, control regulatorio y despliegue masivo en servicios públicos y seguridad (Ricart & Álvarez-Aragonés, 2024; Colomina Saló & Galceran-Vercher, 2024).

Las tensiones entre ambos incluyen controles de exportación sobre semiconductores, vetos y listas negras que fragmentan cadenas de suministro y fuerzan respuestas de localización tecnológica; también compiten por estándares técnicos y por influencia normativa internacional, con impactos directos en la capacidad de investigación y despliegue de sistemas de IA a gran escala (Instituto Español de Estudios Estratégicos, 2024; Miailhe, Hodes, & Çetin, 2024).

En cuanto al poder tecnológico, Estados Unidos, domina en modelos generalistas, plataformas cloud y ecosistemas de startups que impulsan la investigación abierta y la comercialización global; en contra posición China destaca por su capacidad de escalar aplicaciones verticales gestión urbana, vigilancia y servicios públicos mediante un mercado interno masivo y una coordinación estrecha entre Estado y empresas (Colomina Saló & Galceran-Vercher, 2024; Ricart & Álvarez-Aragonés, 2024).

La rivalidad se extiende más allá del hardware y los algoritmos: incluye diplomacia tecnológica, programas para atraer y retener talento, inversiones en terceros países y una guerra narrativa para legitimar modelos nacionales de IA como más seguros, éticos o eficientes según los intereses de seguridad e influencia de dichas potencias (Miailhe et al., 2024; Instituto Español de Estudios Estratégicos, 2024).

En los últimos años la competencia se ha materializado en medidas concretas y bloqueos de accesos a tecnologías que afectan la investigación, la producción de hardware y la capacidad de despliegue de IA, siendo el caso de las restricciones de Washington a las exportaciones de equipos y software para la fabricación de semiconductores avanzados de Nvidia. Desde la Primera Administración Trump, se han ido ampliando controles incluyendo limitaciones a la venta de máquinas de litografía y a la exportación de chips específicos con el objetivo explícito de frenar el acceso de empresas chinas a nodos de fabricación de vanguardia y, por ende, a capacidades críticas para IA de alto rendimiento (U.S. Department of Commerce, Bureau of Industry and Security, 2023; Instituto Español de Estudios Estratégicos, 2024).

Estas sanciones obligan a China a redoblar inversiones en diseño y producción nacionales y a acelerar programas de autonomía tecnológica, al tiempo que introducen fricciones en las cadenas globales de suministro de componentes electrónicos, desde el año 2019 con el bloqueo a Huawei y sus respectivas restricciones ilustran otra arista práctica de la rivalidad, esta dinámica no solo afecta a una empresa concreta sino que redefine la arquitectura industrial regional, incentivando cadenas paralelas y aumentando los costes de producción para actores que antes operaban en un mercado global más integrado (Colomina Saló & Galceran-Vercher, 2024).

En el plano de despliegue de IA, China ha aprovechado su mercado interno y la coordinación público-privada para implementar soluciones a escala municipal y nacional, como proyectos de “ciudades inteligentes”, sistemas de gestión de tráfico y aplicaciones de reconocimiento en transporte público y seguridad urbana. Estos despliegues permiten iteraciones rápidas y la acumulación de grandes volúmenes de datos operativos, acelerando la maduración de algoritmos aplicados, pero también han levantado preocupaciones internacionales sobre privacidad, derechos civiles y uso dual de tecnologías de vigilancia.

Finalmente, la rivalidad tecnológica incluye la competencia por talento y la diplomacia tecnológica: sanciones y restricciones impulsan a China a crear programas agresivos de retención y repatriación de investigadores, y a ofrecer paquetes a empresas tecnológicas para asegurar capacidad local; por su parte, EE. UU. y socios también usan visas, financiación y acuerdos de cooperación para atraer talento y estrechar lazos con hubs tecnológicos en terceros países.

Unión Europea: el impulsor de regulación, soberanía tecnológica e ética artificial

La Unión Europea ha optado por una estrategia que intenta convertir la regulación y la defensa de derechos en una fuente de poder geopolítico, buscando no solo proteger a la ciudadanía sino también definir estándares que condicionen mercados globales.

El Reglamento General de Protección de Datos (GDPR) sentó un precedente regulatorio con impacto extraterritorial, y la UE ha intentado trasladar esa influencia normativa al terreno de la IA mediante su propuesta de Reglamento sobre Inteligencia Artificial (AI Act) y otras iniciativas vinculadas a la soberanía tecnológica (European Commission, 2016; European Commission, 2021).

El “AI Act” propone un enfoque basado en el riesgo, imponiendo obligaciones crecientes según el impacto de los sistemas en derechos fundamentales y seguridad, siendo un marco legal con el fin de convertirse en un estándar global si otras jurisdicciones adoptan criterios para cumplir las exigencias europeas, pero también plantea retos: una regulación prematura o excesivamente rígida puede frenar la innovación y la competitividad industrial frente a bloques con marcos más flexibles (European Commission, 2021; European Parliament, 2023).

Para reducir dependencias estratégicas, la UE combina regulación con políticas de industrial policy. Iniciativas como el “European Chips Act” y programas de financiación para supercomputación, centros de datos y proyectos de microelectrónica buscan fortalecer la capacidad de diseño y fabricación de semiconductores en Europa, así como asegurar infraestructura crítica para entrenamiento de modelos avanzados (European Commission, 2023). Estas medidas atienden al reconocimiento de que la soberanía digital exige no solo marcos legales, sino también control sobre la infraestructura física y los insumos tecnológicos.

A nivel comercial y diplomático, la UE procura posicionarse como interlocutor que promueve una IA “SEGURA Y DIGNA” mediante cooperación internacional y diálogo regulatorio con aliados. Sin embargo, la propia heterogeneidad entre Estados miembros, la capacidad limitada de algunos polos industriales y la dependencia de proveedores externos (fabricantes de chips, nubes públicas no europeas) complican la traducción efectiva de la ambición normativa en poder económico y tecnológico real.

Vale destacar que, la UE encara una tensión interna entre ética y competitividad: buscar estándares altos en derechos y transparencia puede mejorar la legitimidad social de la tecnología en Europa, pero exige mecanismos de apoyo industrial subvenciones, mercados de adopción pública, coordinación transnacional para que empresas europeas compitan en igualdad de condiciones, conllevado que la regulación por sí sola corre el riesgo de producir fuga de inversión o relocalización de talento hacia ecosistemas menos regulados y más dinámicos (Real Instituto Elcano, 2024; European Commission, 2021).

Tecnologías en Ascenso: El Poder Silencioso de los Nuevos Hubs de IA

Más allá del eje Estados Unidos-China, una constelación de países está emergiendo como motores tecnológicos en sus respectivas regiones. India en Asia del Sur, Israel en Medio Oriente, Brasil en América Latina, Taiwán en Asia Oriental, Corea del Sur en el Pacífico y Emiratos Árabes Unidos en el mundo árabe están impulsando y rediseñando ecosistemas de inteligencia artificial con estrategias propias. Aunque en la actualidad no compiten directamente por la hegemonía global, su influencia regional, capacidad de innovación y diplomacia digital los convierten en piezas clave del nuevo tablero algorítmico.

Israel: innovación militar, startups y liderazgo regional

Israel, artífice del mayor desarrollo de Medio Oriente, se ha consolidado como un laboratorio de innovación en IA aplicada a defensa, ciberseguridad y deep tech, a través del Ministerio de Defensa ha creado unidades especializadas en IA autónoma, integrando expertos militares, académicos y startups para desarrollar sistemas que combinan soldados humanos con herramientas inteligentes (Army Recognition, 2025), a su vez, transforman experiencias de combate en soluciones tecnológicas, como el sistema SKYHOOP, un sistema portátil de alerta ante drones hostiles (Aurora Israel, 2025), un sistema clave durante sus operaciones contra Hamas y respuesta ataques de Irán.

Además, Israel ha invertido 133 millones USD, para el desarrollo de investigación de IA para fortalecer su liderazgo global, expandir talento y mejorar servicios públicos (Shalom Israel, 2024). Considerando que el poder israelí combina la inversión estatal, cultura emprendedora y transferencia tecnológica, ha convertido a Israel en un referente regional, exportando soluciones a Europa, América y Asia.

Taiwán: semiconductores, IA generativa y autonomía estratégica

Taiwán es un actor némesis y crucial en la infraestructura global de IA para China. Corporaciones como el TSMC, fabrican cerca del 90 % de la mayoría de los semiconductores avanzados del planeta, convierten a la isla en un nodo indispensable para el entrenamiento de modelos de IA de alto rendimiento (Bloomberg Línea, 2024).

Taipéi ha lanzado un plan para que su industria de IA supere los 500.000 millones de dólares en producción para 2040, generando medio millón de empleos (Infobae, 2025), llevando a Taiwán a crear un contrapeso a la influencia china en sus modelos de IA generativa, desarrollando versiones locales como CKIP-Llama-2-7b, con el objetivo de preservar autonomía lingüística y cultural frente a modelos entrenados en China continental (Global Voices, 2024).

Pekín considera el liderazgo tecnológico de Taiwán como una amenaza directa a su hegemonía global, misma que ha llevado al despliegue de una estrategia de autosuficiencia tecnológica, centrada en:

  • Redefinir su industria de chips: China ha invertido masivamente en fábricas de semiconductores propios, priorizando nodos de más de 20 nm para sectores como automoción y electrónica de consumo, mientras busca reducir su dependencia de TSMC y ASML (HD Tecnología, 2025; El Mundo, 2025).
  • Presión diplomática: Pekín mediante su doctrina de seguridad, ha acusado a Taiwán de “regalar” su industria de semiconductores a Estados Unidos, especialmente tras los planes de TSMC de expandirse en Arizona, Japón y Alemania, mismo que ha provocado que China considere estas alianzas como maniobras para consolidar la independencia taiwanesa con respaldo occidental (Cinco Días, 2025; Kippel01, 2025).

Por lo antes expuesto, China refuerza su ecosistema de IA con modelos para contrarrestar la influencia de modelos taiwaneses en chino tradicional y consolidar su narrativa tecnológica (El Output, 2025), generando que la rivalidad entre China y Taiwán no sea solo territorial sino convertirla en una disputa por el control de la infraestructura digital global. En este contexto, Taiwán representa tanto un activo estratégico como un símbolo de autonomía tecnológica en Asia Oriental.

India: el futuro del talento masivo y servicios globales

India lidera el desarrollo de IA en Asia del Sur. Con una reserva de talento técnico excepcional y una industria tecnológica sólida, el país exporta soluciones de IA en salud, banca y logística.

Iniciativas como el National AI Portal y AI for All, buscan democratizar el acceso y fomentar su uso en la administración pública (Colomina Saló & Galceran-Vercher, 2024). Aunque enfrenta desafíos en infraestructura y retención de talento, su escala poblacional y capacidad de servicios la convierten en un hub estratégico.

Brasil: IA para inclusión y desarrollo regional

Brasil impulsa la IA en América Latina con un enfoque en políticas públicas, inclusión digital y aplicaciones sociales. Su Estrategia Nacional de IA promueve investigación ética y colaboración multisectorial. Su liderazgo regional y su capacidad para adaptar la IA a desafíos locales como desigualdad, salud pública y justicia lo convierten en un referente latinoamericano (Colomina Saló & Galceran-Vercher, 2024).

Emiratos Árabes Unidos: diplomacia digital e inversión agresiva

Los Emiratos, el referente del mundo árabe, han institucionalizado la IA como prioridad nacional, con la puesta en marcha del Ministerio de Inteligencia Artificial y universidades especializadas, el país busca atraer talento global y posicionarse como el epicentro no solo económico, sino como un referente regional en un zona plagada de conflicto, mediante acuerdos con Microsoft, ha permitido el desarrollo de modelos propios en árabe, mientras su flexibilidad regulatoria y capacidad de inversión lo convierten en un actor emergente con ambiciones globales, capaz de hacer frente a la influencia tecnológica de Israel (Colomina Saló & Galceran-Vercher, 2024).

Corea del Sur: integración industrial y liderazgo en chips       

Finalmente, Corea del Sur combina la innovación industrial con liderazgo en semiconductores en la competencia directa de sus empresas como Samsung y LG, que desarrollan chips especializados para IA, mientras el gobierno impulsa programas en manufactura inteligente, salud y educación. Su modelo híbrido de inversión estatal y liderazgo empresarial lo posiciona como motor tecnológico en el Pacífico asiático (Fundación CIBEI, 2025).

Los Cimientos del Poder Digital: Quien Controla el Hardware, Controla el Futuro

La inteligencia artificial no se sostiene solamente sobre algoritmos, necesita una infraestructura física colosal, los chips, centros de datos, energía y cadenas de suministro son los verdaderos cimientos del poder digital. Es en este terreno, que empresas como NVIDIA, TSMC, ASML, Apple, OpenAI, Huawei y DeepSeek, se convierten en actores geopolíticos claves de la hegemonía y disputa de control sobre los recursos que hacen posible la IA.

NVIDIA: el músculo y corazón de la era algorítmica

NVIDIA se ha convertido en el proveedor dominante de unidades de procesamiento gráfico (GPU) para IA. Sus chips A100 y H100 son esenciales para entrenar modelos de lenguaje, visión computacional y simulaciones científicas, el año 2025 fue un año clave en el avance y la consolidación de esta empresa como el corazón y musculo de la IA, la empresa anunció una inversión de 100.000 millones de dólares en colaboración con OpenAI para construir al menos 10 gigavatios de centros de datos de IA, lo que equivale a una infraestructura energética comparable a la de países medianos (Euronews, 2025).

Esta alianza con OpenAI, refuerza la dependencia global de NVIDIA como proveedor de hardware crítico, siendo su capacidad de producción, liderazgo en arquitectura de chips y su red de alianzas con gigantes tecnológicos la convierten en un actor central en la geopolítica de la IA.

OpenAI y Apple: expansión de centros de datos y fortalecimiento de la IA

OpenAI, en constante colaboración con Apple, Oracle y SoftBank, mantienen el impulso del proyecto Stargate, una red de centros de datos avanzados en Estados Unidos, cuyo objetivo es garantizar una capacidad energética y computacional para modelos de IA de nueva generación, como GPT-5 y sus sucesores (El Output, 2025).

Apple, por su parte, ha rediseñado sus procesadores para optimizar tareas de IA en dispositivos personales, tal es el caso de “SIRI” y su posterior articulación con ChatGPT, busca reducir la dependencia de servidores externos y reforzar la privacidad computacional, con esta estrategia apuntan a una IA donde el hardware local juega un papel clave en la autonomía digital.

Huawei y DeepSeek: el desafío chino a la hegemonía global

En respuesta al bloqueo estadounidense, China ha acelerado el desarrollo de hardware propio. El modelo DeepSeek R2, con 1,2 billones de parámetros, fue entrenado íntegramente sobre chips Ascend-910B de Huawei, evitando el uso de tecnología NVIDIA (All-AI.de, 2025). Esta decisión no solo reduce costes, sino que marca una apuesta geopolítica por la autosuficiencia tecnológica.

Huawei, pese a las sanciones que han estado en vigencia desde 2019, ha duplicado su producción de chips y refuerza su ecosistema de IA con modelos de código abierto, como DeepSeek-V3.2-Exp, que buscan competir directamente con ChatGPT y otros desarrollos occidentales (Cinco Días, 2025). Esta estrategia desafía el monopolio de NVIDIA y plantea a su vez un escenario de competencia tecnológica con SIRI y GEMINI, y así desafiar la hegemonía de Apple y Google, pues HiAI, la IA móvil de Huawei se caracteriza por ser eficiente, así mismo, con el avance de DeepSeek, se prevee una posible alianza parecida a la Apple y OpenAI, y revolucionar la integración de Pangu y DeepSeek en sus ecosistemas de HiAI.

Entre el Código y el Caos: Los Límites del Poder Algorítmico

Desde su auge en la era post-COVID-19, la inteligencia artificial ha dejado de ser una herramienta civil para convertirse en un componente central de la guerra moderna. Pues la evolución de los nuevos campos de batalla se ha trasladado al ciberespacio, la IA redefine cómo se libran los conflictos, cómo se recopila inteligencia y cómo se proyecta poder en el siglo XXI. Esta evolución no solo afecta a ejércitos y agencias de seguridad, sino también a la arquitectura geopolítica global.

En la actualidad las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, China, Rusia e Israel han incorporado IA en sistemas de defensa, simulación táctica, logística y armamento autónomo. Proyectos como el X-62A VISTA, una aeronave de entrenamiento pilotada por IA, muestran cómo los algoritmos pueden tomar decisiones en tiempo real, adaptarse a entornos cambiantes y ejecutar maniobras sin intervención humana directa (Atkinson, 2025).

Gracias a la IA, esto permite procesar grandes volúmenes de datos de sensores, satélites y comunicaciones para identificar amenazas, optimizar rutas de ataque y coordinar unidades mediante capacidad de análisis en milisegundos, redefine el concepto de superioridad táctica.

Con esto la IA también revoluciona la ciberinteligencia. En donde los algoritmos entrenados para detectar patrones anómalos permiten identificar intrusiones, prevenir ataques y rastrear actores maliciosos en tiempo real.

En el ámbito ofensivo, la IA también está siendo utilizada para generar malware adaptativo, simular identidades digitales y lanzar campañas de desinformación automatizada, la combinación de IA y ciberinteligencia crea un entorno de guerra persistente, donde los ataques no se limitan a los conflictos armados, sino que se extienden a infraestructuras críticas, procesos electorales y sistemas financieros.

Es así que emerge un nuevo término: la GeoAI (Geospatial Artificial Intelligence), surge de la intersección entre inteligencia artificial y análisis geoespacial, dicha terminología se origina en la literatura académica y técnica a partir del año 2017, especialmente en campos como la teledetección, la cartografía digital y la planificación urbana, donde se aplicaban algoritmos de aprendizaje automático para procesar imágenes satelitales, datos geográficos y patrones territoriales (Li et al., 2020; El Periódico Mediterráneo, 2025).

GeoAI permite a los Estados mapear, predecir y controlar dinámicas territoriales con una precisión sin precedentes. Desde el análisis de movimientos militares hasta la gestión de recursos naturales, esta tecnología convierte el espacio físico en un campo de datos estratégicos. China, por ejemplo, utiliza IA para monitorear el Mar de China Meridional, optimizar rutas marítimas y coordinar despliegues navales. Estados Unidos emplea GeoAI para simulaciones de conflicto, predicción de migraciones y planificación de operaciones especiales (El Periódico Mediterráneo, 2025).

Conclusiones

La inteligencia artificial se ha convertido en una arquitectura de poder que reconfigura la política global, la economía digital y la seguridad internacional. Estados Unidos y China lideran esta carrera con modelos antagónicos: uno basado en la innovación privada y la escalabilidad comercial; el otro, la planificación estatal, el control de datos y la integración vertical de capacidades. La Unión Europea por su parte busca ejercer influencia normativa mediante regulaciones como el AI Act, mientras que potencias emergentes como India, Israel, Taiwán, Brasil, Emiratos Árabes Unidos y Corea del Sur desarrollan ecosistemas propios, especializándose en servicios, defensa, semiconductores o inclusión digital.

 

Esta constelación de actores configura un orden algorítmico multipolar, donde el poder se distribuye entre Estados, corporaciones y plataformas. En este nuevo tablero, los chips, centros de datos, energía y logística se ha vuelto el terreno más disputado.

Mediante Empresas como NVIDIA, TSMC, ASML, Intel, Apple, OpenAI, Huawei y DeepSeek moldean el poder digital desde el hardware. NVIDIA continuará domina el mercado de GPU para IA, mientras que OpenAI y Apple expanden centros de datos y capacidades de cómputo distribuido. Huawei, por su parte, impulsa modelos entrenados sin tecnología occidental, desafiando el monopolio de NVIDIA y apostando por la autosuficiencia.

De igual manera, la IA también está transformando la guerra moderna y la Ciberinteligencia, gracias a los sistemas autónomos, drones inteligentes y simulaciones tácticas redefinen la superioridad estratégica, mientras algoritmos ofensivos y defensivos operan en el ciberespacio con velocidad y adaptabilidad inéditas.

Toda gracia a la GeoAI aplicada a datos geoespaciales, esta permitiendo mapear, predecir y controlar dinámicas territoriales con una precisión sin precedentes a través del análisis geoespacial, este campo se ha convertido en una herramienta de soberanía algorítmica, y mayor ejemplo es China la emplea la IA para monitorear el Mar de China Meridional o Estados Unidos para planificar operaciones especiales sin necesidad de ocupación física.

En este contexto, la inteligencia artificial no es un destino, sino un campo de disputa, en esta década se definirá la nueva hegemonía digital, y el poder se distribuye entre quienes controlan la infraestructura, atraen el talento y definen las reglas.


Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente la organización comparte lo expresado.


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Máster en Diseño, Gestión y Dirección de Proyectos, especialización en Cooperación Internacional de la Universidad Europea del Atlántico; Licenciado en Relaciones Internacionales por la Universidad del Valle de Nicaragua, con experiencia en el análisis Geopolítico y Geoestratégico, Diplomacia Económica de China y Estados Unidos, Cooperación y Diplomacia de Defensa; ha formado parte de varios Centros de Investigación y Thinks Tanks de América Latina y España.