El Indo-Pacífico en 2025: El Escenario Perfecto para la Colisión de Órdenes que Kissinger Predijo
Introducción
La principal cumbre de seguridad y defensa de Asia, conocida como El Diálogo de Shangri-La 2025, ha sido escenario de las declaraciones del Secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, donde afirmó que el Indo-Pacífico será el teatro prioritario de las operaciones estadounidenses en los próximos años (Hegseth, P., 2025). China invierte $245 mil millones de dólares en innovación militar, esto representa un aumento del 7,2% en el gasto militar en comparación con el año pasado (Canal 26, 2025), inversión que los ha llevado a desarrollar avances tecnológicos como misiles hipersónicos, avances cibernéticos con inteligencia artificial y avances espaciales (Treviño, J., 2025). Esto plantea el desafío de la coexistencia con la aún potencia hegemónica, Estados Unidos.
En ese sentido, el sistema internacional en el Indo-Pacífico no es un mero conflicto de intereses, sino una manifestación empírica de la colisión de órdenes conceptualizada por Kissinger. Dicha colisión proviene del choque entre diferentes visiones acerca de qué constituye un orden global justo y cómo debería distribuirse el poder, según las perspectivas de distintas civilizaciones o regiones. Aunque los principios de Westfalia son la única base generalmente reconocida del orden mundial contemporáneo, estos principios son desafiados por visiones alternativas, como el Universalismo de Principios planteado por Estados Unidos, Universalismo Jerárquico bajo la perspectiva de China, el Universalismo Revolucionario promovido por movimientos del Islamismo Radical.
En este artículo se examina rigurosamente el concepto de ‘orden’ en Kissinger desglosando sus nociones de legitimidad, equilibrio de poder y modelos civilizatorios, y explicando la premisa de la colisión entre órdenes, luego se aplica este marco analítico al estudio objetivo de las dinámicas de poder y orden geopolítico en el Indo-Pacífico en 2025.
Lente Teórica: El Concepto de «Orden» de Kissinger
Para Kissinger la definición principal de orden mundial se centra en la visión que cada gran sociedad tiene sobre cómo debe organizarse la vida global, es un concepto difundido por una región o civilización sobre los acuerdos justos y la distribución del poder, tal concepto se considera aplicable al mundo entero (Kissinger, H. 2014. Pág. 20). Explora la necesidad de una idea de orden global, proveniente del miedo hacia el caos. Ya que cada civilización tenía su sistema de defensa ante dicho caos, éstas percibían su propia organización como legítima. De este concepto de orden se derivan los elementos constitutivos en busca de equilibrio: la legitimidad y el poder, y la libertad y la estructura. Lo que logra que un orden internacional sea sostenible es el grado de aceptación que este tenga de los ciudadanos tanto como de los gobernantes. El orden debe ser cultivado y debe reflejar dos verdades: el orden sin libertad crea su propio opuesto, y la libertad no puede garantizarse ni sostenerse sin un marco de orden que mantenga la paz.
La Premisa de la Colisión: La Inevitabilidad del Conflicto en un Mundo de Órdenes Múltiples
La obra de Henry Kissinger, «Orden Mundial», postula que la estabilidad internacional no es un estado natural, sino una construcción frágil que surge de un consenso sobre la legitimidad del orden imperante. La premisa central que este artículo adopta como marco analítico es que la coexistencia de órdenes rivales, sin un marco de reglas universalmente aceptado, conduce inexorablemente a la inestabilidad y al conflicto. Kissinger argumenta que este fenómeno no es una anomalía, sino una característica recurrente de la historia. La razón fundamental reside en que cada orden se considera a sí mismo legítimo y universalmente aplicable, lo que genera fricciones cuando sus principios fundamentales entran en contradicción.
Kissinger (2014, p. 25) lo expone con claridad: «Cada orden internacional debe hacer frente, tarde o temprano, al impacto de dos tendencias que desafían su cohesión: o bien un cambio en el equilibrio de poder, que hace que parezcan injustas e ilegítimas sus disposiciones en algún punto crucial, o bien una alteración del orden internacional, que es consecuencia de un cambio en los valores». En el contexto del Indo-Pacífico de 2025, ambas tendencias están en juego: un cambio en el equilibrio de poder material hacia China y una alteración profunda en los valores y principios que sustentan el orden internacional.
La colisión no es meramente entre estados-nación, sino entre concepciones filosóficas del poder y la legitimidad. Kissinger (2014, p. 351) advierte que «el orden mundial se sostiene en última instancia mediante acuerdos sobre lo que es legítimo». Cuando esos acuerdos se desvanecen, la fuerza bruta y la coerción se convierten en los árbitros finales de las disputas. La ausencia de un «concepto compartido del orden» crea un vacío donde «cada potencia se siente obligada a enfrentarse a las demás desde una perspectiva de seguridad nacional puramente unilateral» (Kissinger, 2014, p. 359). Esta dinámica es evidente en la región, donde la acumulación de capacidades militares y las posturas estratégicas de Estados Unidos y China reflejan una profunda desconfianza mutua y la percepción de que el orden del otro es inherentemente ilegítimo y amenazante.
Es crucial enfatizar que este marco kissingeriano no constituye una prescripción moral o política, sino un «lente analítico» objetivo para desentrañar las fuerzas estructurales que moldean la política global. El análisis no busca juzgar si el orden liberal, el sino-céntrico o cualquier otro es moralmente superior; su objetivo es describir y explicar cómo estas visiones del mundo, al interactuar sin un consenso sobre las reglas del juego, generan fricciones sistémicas. Este distanciamiento de la subjetividad permite una evaluación más rigurosa y desapasionada de la realidad geopolítica, liberando al análisis de los sesgos ideológicos que suelen nublar el estudio de la rivalidad sino-estadounidense.
El Indo-Pacífico en 2025: Un Análisis Objetivo de la Dinámica de Órdenes
La aplicación del marco conceptual de Kissinger al Indo-Pacífico en 2025 revela un panorama de interacción estratégica donde las acciones de los principales actores no son simples maniobras tácticas, sino la expresión de principios de orden profundamente arraigados y mutuamente excluyentes. Esta sección describe de manera fáctica cómo se materializan estas visiones y dónde colisionan.
Desde la estrategia de Estados Unidos en la región puede interpretarse como una defensa activa y una proyección del orden internacional liberal, cuyas raíces se encuentran en el sistema westfaliano. Este orden se fundamenta en la soberanía e integridad territorial de los estados, el derecho internacional como árbitro de las disputas, la libertad de navegación y la creencia en que las alianzas y las instituciones multilaterales son pilares de la estabilidad. Documentos oficiales como la Estrategia de Seguridad Nacional del Indo-Pacífico (2022) y las declaraciones posteriores enfatizan de manera consistente el compromiso con una región «libre y abierta», terminología que encapsula estos principios.
La materialización de esta visión se observa en iniciativas como el Diálogo de Seguridad Cuadrilateral (Quad), que reúne a Estados Unidos, Japón, Australia e India. El Quad funciona como un mecanismo de coordinación estratégica basado en valores compartidos —aunque no exclusivamente— como la democracia y el estado de derecho, buscando proveer bienes públicos regionales (infraestructura, seguridad sanitaria, seguridad marítima) como un contrapeso a modelos alternativos. De manera similar, el pacto AUKUS, centrado en proveer tecnología de submarinos de propulsión nuclear a Australia, representa una alianza tecnológico-militar profundamente arraigada en la lógica del equilibrio de poder clásico, un concepto clave en la teoría del orden de Kissinger. Estas acciones reflejan un intento de Washington de cultivar y sostener un orden basado en reglas, donde la legitimidad emana del consentimiento de los estados soberanos y de la adhesión a normas acordadas colectivamente.
En cambio, la concepción de la orden promovida por la República Popular China presenta un desafío estructural al modelo westfaliano-liberal. Su visión se asemeja más a lo que Kissinger identifica como un «universalismo jerárquico», donde el orden no se basa en la igualdad soberana de los estados, sino en una jerarquía centrada en el poder y la centralidad de China. Este modelo, que bebe de la tradición histórica del sistema tributario, se proyecta a través de un marco de gobernanza global alternativo.
La Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) es el instrumento principal de esta proyección. Más allá de su dimensión económica, la BRI busca reestructurar las relaciones económicas y políticas de la región, creando una red de dependencias logísticas y financieras que reorientan los flujos comerciales y la influencia política hacia Beijing. Este orden privilegia la soberanía absoluta en los asuntos internos (principio de no injerencia) y la primacía de los acuerdos bilaterales sobre el multilateralismo institucionalizado. Conceptos como «comunidad de destino común para la humanidad» y el «sueño chino» transmiten una visión de un orden global alternativo, donde la legitimidad no deriva de procesos democráticos o normas liberales, sino de la capacidad de proveer desarrollo económico y estabilidad bajo el liderazgo del Partido Comunista Chino. Las acciones de China en el Mar de China Meridional y su postura sobre Taiwán, analizadas a continuación, son la manifestación práctica de esta concepción de soberanía, que no necesariamente se alinea con las interpretaciones del derecho internacional contemporáneo.
Las tensiones en el Indo-Pacífico no son contiendas aisladas, sino los puntos de fricción empíricos donde los órdenes westfaliano-liberal y el universalismo jerárquico bajo la perspectiva de China colisionan de manera tangible. Al respecto, existen tres puntos de tensión concretos; el Mar del Sur de China, el Estatus de Taiwán, y la tecnología y esferas de influencia. Respecto al Mar de China meridional, las acciones de China en esta zona marítima, que incluyen la construcción y militarización de islas artificiales y la aplicación de su «línea de los nueve trazos», desafían los principios del derecho marítimo internacional basados en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLOS), un pilar del orden westfaliano. Para Estados Unidos y sus aliados, estas acciones constituyen una violación de la soberanía de otros estados ribereños y del principio de libertad de navegación. Desde la perspectiva del orden sino-céntrico, estas aguas forman parte de su «histórico derecho soberano», una concepción alternativa de soberanía que prioriza el control y la jerarquía sobre la igualdad legal entre estados. Las Operaciones de Libertad de Navegación (FONOPs) estadounidenses son, por tanto, la reafirmación física del orden basado en reglas frente a un orden basado en la prerrogativa histórica y el poder.
Por otro lado, Taiwán representa quizás la colisión más peligrosa. Para el orden westfaliano, la isla es una entidad política soberana de facto con su propio gobierno y sistema democrático. Cualquier alteración de su estatus por la fuerza sería una violación catastrófica de la soberanía y de las normas internacionales. Para el orden sino-céntrico, Taiwán es una provincia inalienable de China, y su reunificación es un objetivo central e irrenunciable de la «rejuvenecimiento nacional». La creciente presión militar y diplomática de Beijing sobre la isla no se interpreta solo como una reivindicación territorial, sino como la aplicación de su principio de integridad territorial absoluta, un pilar de su concepción de orden, que choca frontalmente con el principio de autodeterminación y la realidad política taiwanesa.
El tercer escenario de tensión es la competencia tecnológica, particularmente en dominios como las redes 5G, la inteligencia artificial y la ciberseguridad, es otra dimensión de esta colisión. La campaña de Estados Unidos para excluir a Huawei de las redes de sus aliados se fundamenta en preocupaciones de seguridad que forman parte de una lógica de defensa de un orden tecnológico abierto y basado en el riesgo. Para China, el desarrollo de su ecosistema tecnológico es un componente clave para lograr la autosuficiencia estratégica y proyectar un modelo de gobernanza digital alternativo, a menudo caracterizado por un mayor control estatal. Esta pugna define no solo mercados, sino los estándares y normas que gobernarán el futuro digital, una esfera crítica del orden global del siglo XXI.
Conclusiones
El análisis objetivo presentado, utilizando la lente analítica de Henry Kissinger, demuestra de manera contundente que el Indo-Pacífico en 2025 constituye el escenario central de una colisión de órdenes. La región es el crisol donde las visiones westfaliana-liberal de Estados Unidos y el universalismo jerárquico de China interactúan de forma antagónica, careciendo de un concepto compartido de legitimidad que pueda mediar en sus disputas. Lo que se observa no es una simple rivalidad de grandes potencias, sino un conflicto más profundo sobre los principios fundamentales que deben organizar la vida internacional: la igualdad soberana frente a la jerarquía, las reglas multilaterales frente a los acuerdos bilaterales y la primacía del individuo frente a la primacía del estado.
Las implicaciones analíticas de este hallazgo son significativas para el estudio de las relaciones internacionales. Revela la insuficiencia de marcos teóricos que asumen la existencia de un solo orden mundial en evolución o que reducen el conflicto a variables puramente materiales. La perspectiva kissingeriana enriquece el análisis al reintroducir la dimensión filosófica e histórica, mostrando que el poder y los intereses están inextricablemente unidos a conceptos de legitimidad y justicia que varían entre civilizaciones.
La contribución de este artículo a la literatura académica reside en aplicar de manera sistemática y actualizada el marco del «orden mundial» a la coyuntura más crítica de la geopolítica contemporánea. Al hacerlo, proporciona una herramienta poderosa para comprender la naturaleza estructural de la competencia sino-estadounidense, trascendiendo las narrativas simplistas de «agresor» y «defensor». La colisión de órdenes en el Indo-Pacífico no es un escenario futuro, sino una realidad presente. Comprender sus raíces conceptuales, como lo predijo Kissinger, es el primer paso indispensable para navegar los riesgos que plantea y, quizás en un futuro lejano, para imaginar las bases de una coexistencia más estable.
Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente la organización comparte lo expresado.
Referencias Bibliográficas
Hegseth, P. (2025). Discurso en el Diálogo de Shangri-La. Instituto Internacional de Estudios Estratégicos.
Kissinger, H. (2014). World Order. Penguin Press.
The White House (2022). Indo-Pacific Strategy of the United States.
Treviño, J. (2025). «La carrera tecnológico-militar en el Indo-Pacífico». Revista de Estudios Estratégicos Globales.


