El movimiento social que pide para la mujer el reconocimiento de unas capacidades y unos derechos que tradicionalmente han estado reservados para los hombres, en una palabra, el “feminismo”, es una doctrina que ha evolucionado con el transcurso del tiempo. En la historia destacan importantes figuras como Juana De Arco, Marie Curie, Frida Kahlo o Eva Perón por su destacada participación en múltiples ámbitos, desde conflictos armados, hasta la ciencia, el arte o la política.

Debido a las reivindicaciones llevadas a cabo, tanto por ellas como por otros millones de mujeres, la lucha por la igualdad de género se ha ido transformando en función del contexto político-social en el que nos situemos. Inicialmente fue la obtención del sufragio femenino, ahora son cuestiones como el rechazo a la brecha salarial o a la violencia de género. Cada logro, por más pequeño que sea, significa estar un paso más cerca de la igualdad real y efectiva. Hoy en día, uno de los temas más frecuentados por la agenda política feminista, y, a su vez, más controversiales, es, sin duda, la legalización del aborto.

El aborto desde una perspectiva de derechos humanos

Un aborto es la interrupción prematura del embarazo, antes de que el feto pueda sobrevivir fuera del útero de la mujer, lo cual puede producirse de forma espontánea o provocada. Sin embargo, en esta oportunidad vamos a centrarnos en la interrupción voluntaria del embarazo, es decir, el aborto premeditado que tiene como objetivo detener la gestación y que debe realizarse a través de un procedimiento médico (Junior Report, 2020).

Los partidarios del aborto libre defienden, principalmente, que la mujer tiene derecho a decidir sobre su cuerpo; por eso es una de las reivindicaciones de la lucha feminista. De hecho, el listado de derechos sexuales y reproductivos de Amnistía Internacional incluye: El acceso a información y servicios de salud sexual y reproductiva, poder elegir cuándo y con quién casarse (en caso de querer hacerlo), poder decidir si se quiere tener hijos y cuántos (lo cual incluye poder interrumpir un embarazo no deseado), y vivir libre de violencia y prácticas que busquen dominar el cuerpo y la sexualidad de la persona en cuestión (como la violencia sexual, la mutilación genital y los matrimonios forzados) (Amnistía Internacional España, 2021).

El movimiento “proaborto”, incluso señala que se trata de una cuestión de salud pública, ya que, sobre todo en regiones con altos índices de pobreza, el aborto suele producirse de forma clandestina y sin garantías, poniendo en riesgo la salud y la vida de las mujeres (Junior Report, 2020). Aquellas que no deseen continuar con un embarazo siempre encontrarán la forma de abortar, por lo cual, legalizar el procedimiento para que pueda ser llevado a cabo en condiciones óptimas resguardaría la vida de millones de mujeres que cada año se someten a abortos no seguros.

Además, para los abortistas, durante las primeras semanas de embarazo el embrión no está lo suficientemente desarrollado para equipararlo a una persona. Existen argumentos de diversa índole para justificar esta postura. Desde un punto de vista legal se hace hincapié en la terminología usada para distinguirlos; si el embrión o feto fueran neonatos o niños se llamarían así. La filosofía, por su parte, recalca la diferencia entre ser en potencia y ser en acto. Asimismo, la bioética tiene una postura en este asunto: La vida humana termina con un encefalograma plano, y un feto tiene encefalograma plano hasta por lo menos la semana 13 de embarazo. Siguiendo este razonamiento, debería usarse el mismo criterio para establecer el comienzo y el fin de la vida humana.

Los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres no pueden entenderse sin tener en cuenta el contexto social, político y económico que las rodea, ya que estos también influyen en la desigualdad de género. Por ejemplo, las tareas domésticas y el cuidado de la familia siguen recayendo sobre las mujeres. El aborto legal también es una forma de prevenir las consecuencias de los embarazos de menores, que tienen efectos sobre la salud física y mental de niñas y adolescentes, esto debido a que convertirse en madres a tan temprana edad puede obligarlas a abandonar sus estudios y empujarlas a la pobreza. Por otro lado, la violación y el abuso sexual a mujeres es, lamentablemente, una práctica muy extendida, sobre todo en contextos de conflictos armados. Muchas mujeres sufren lesiones de por vida, contraen enfermedades de transmisión sexual o se quedan embarazadas después de estas agresiones (Pont, 2021).

El movimiento “provida”

Por otro lado, los argumentos antiabortistas suelen tener, principalmente, una base religiosa, pues consideran que todas las vidas son sagradas y deben ser protegidas, por eso se autodenominan un movimiento “provida”. Estos defienden que el feto es una vida humana y priorizan su derecho a nacer sobre el derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo. Aunque, simultáneamente, señalan que un aborto provocado puede tener graves efectos sobre la salud mental de la mujer, como depresión, ansiedad o traumas psicológicos (Junior Report, 2020). No obstante, los partidarios del aborto también recalcan que, desde el punto de vista de la psicología, la maternidad tiene que ser deseada o será un problema para la madre y para su relación con el bebé no deseado y su desarrollo.

La legalización del aborto

Con base en todos los motivos previamente explicados existe un complejo debate en torno a la despenalización (o prohibición, en su caso) del aborto. Las leyes para regular esta práctica son diferentes en cada país y tienen en cuenta diferentes supuestos. Algunos países permiten el aborto libre (sin tener que alegar ningún motivo), generalmente hasta la semana 12 de gestación. En otros países, el aborto solo está permitido si existe un riesgo para la salud de la madre, en caso de malformación fetal grave o bien si es producto de una violación (lo cual, según la corriente feminista, es contradictorio, porque si abortar está mal cuando el sexo fue consentido, también tendría que estarlo en estos supuestos). En estos casos, el período para abortar puede ampliarse hasta las 24 semanas. E incluso existen países en que se penaliza a la mujer por sufrir un aborto espontáneo. Las diferencias entre leyes se deben a la ideología del gobierno, pero también a la historia de cada país y cómo evolucionan las reivindicaciones sociales sobre la mujer (Junior Report, 2020).

A pesar de que no existe un consenso universal alrededor de la práctica del aborto, existen múltiples argumentos para justificar, como mínimo, su aparición en la agenda política de diversos países. El movimiento feminista destaca la necesidad de promover la educación sexual entre los jóvenes, facilitar el acceso a métodos anticonceptivos y garantizar el derecho al aborto. Pues, en definitiva, el objetivo es que cada persona tenga derecho a tomar decisiones sobre su cuerpo y su sexualidad. El derecho a abortar es, en realidad, derecho a elegir. Y esa libertad es fundamental para alcanzar la igualdad entre hombres y mujeres.


Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente la organización comparte lo expresado.


Bibliografía


Amnistía Internacional España. (2021). Derechos sexuales y reproductivos. Amnistía Internacional Sección Española. Recuperado de:  https://www.es.amnesty.org/en-que-estamos/temas/derechos-sexuales-reproductivos/

Junior Report (09 de noviembre de 2020). El debate sobre el aborto. La Vanguardia. Recuperado de: https://www.lavanguardia.com/vida/junior-report/20200310/473968727994/debate-aborto-argumentos-favor-contra.html

Pont, E. (28 de enero de 2021). Aborto libre y seguro, una demanda feminista. La Vanguardia. Recuperado de: https://www.lavanguardia.com/vida/junior-report/20201110/49268280636/aborto-libre-seguro-demanda-feminista.html

 

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