1.1. El origen de la conciencia ecologista contemporánea con un alcance masivo.

El cuestionamiento del paradigma extractivista de la sociedad capitalista moderna ha resultado determinante en la emergencia de nuevos movimientos sociales surgidos en los años sesenta y setenta: pacifismo antinuclear, feminismo, ecologismo, asociaciones de consumidores, organizaciones de ayuda al desarrollo… que suponen la expresión política e intelectual de este nuevo paradigma cultural (Campillo, 2000).

En esta época, sucesivos trabajos académicos irán sistematizando y profundizando en argumentarios procedentes de diferentes disciplinas a partir de la incipiente ruptura paradigmática del pensamiento verde. La Primavera Silenciosa (1962) de Rachel Carson, es una de las primeras expresiones de las nuevas inquietudes de las sociedades occidentales, incidiendo en las problemáticas relacionadas con el uso de pesticidas sintéticos. Otras obras que profundizarán la preocupación y concienciación social en torno a cuestiones de índole medioambiental serán obras como La bomba demográfica de Paul y Anne Ehrlich (1968).

Por su parte, Aldo Leopold desarrollará una ética que busca trascender al ser humano, negando la conceptualización de la naturaleza como mercancía. En el campo de la economía, el Club de Roma establecerá los fundamentos de la economía ecológica a partir de la crítica a la economía clásica, publicando Los Límites del crecimiento (Meadows et al., 1972), en el que mediante el análisis de la población, el consumo, la producción y la contaminación dibujan un futuro poco prometedor. Nociones como la de “sistema finito” van adquiriendo relevancia. En lo que respecta a la plasmación política en 1973 aparece Greenpeace, en 1974 es elegido en Suiza el primer diputado verde en un parlamento estatal y el 1979 se crea el Partido Verde alemán.

1.2. El análisis beckiano del nuevo prisma ecologista contemporáneo. Sucesos como las bombas atómicas de Nagasaki e Hiroshima, las muertes ocasionadas por la Operación Castle en 1954; el Desastre de Honda Point en 1969 o el de Bhopal en 1984; la proliferación de armas químicas y biológicas; y Chernóbil en 1986, serán claves en la popularización de la conciencia política verde y el desarrollo del pensamiento ecologista contemporáneo.

A la hora de comprender bajo qué óptica se aproximan los movimientos políticos verdes a la cuestión ecológica y las razones sociológicas existentes en torno a la proliferación de la conciencia política ecologista en un contexto histórico tan concreto y tan reciente como los años 60 y 70, resulta oportuno profundizar en la figura de Ulrich Beck. El autor desarrolla su propia teoría de la modernidad, dando cuenta de las razones que subyacen a la gran incidencia del ecologismo en el imaginario colectivo llamando la atención sobre la necesaria gestión internacional de las cuestiones medioambientales.

Beck (1986) subraya que la conciencia ecologista contemporánea no sólo parte de una cierta culpabilidad debido al deterioro que el desarrollo civilizacional ha comportado en el medioambiente, sino de la creciente sensación de riesgo asumido como consecuencia de la profundización de los procesos de modernización. Argumenta que la nueva amenaza que perciben cada vez más sociedades ya no viene dada únicamente por el “otro”, ya sea éste el devenir natural o una minoría étnica, sino que el gran cambio paradigmático que trae consigo el ecologismo contemporáneo consiste en concebir que la amenaza viene dada justamente por todo el conjunto de engranajes institucionales y tecnológicos modernos que, en su esfuerzo por cumplir con el “ideal de progreso”, han terminado atentando contra la seguridad.

Beck expone esta idea a partir del fenómeno de la nube atómica de Chernóbil, que alzó el cuestionamiento sobre la fiabilidad expresada por expertos cuyo “reino de la seguridad atómica duraría 10.000 años” (1986). Según el autor, la sociedad moderna habría estado asumiendo estos hechos como inevitables, algo que la humanidad está abocada a asumir en favor del “progreso”, un destino manifiesto semejante al inmutable sistema estamental medieval. Beck describe la nube de Chernobyl como un mero producto de la Modernidad, una mezcla entre naturaleza y sociedad, un híbrido entre fuerza civilizacional y natural que vincula historia y clima para hacer peligrar la vida de innumerables seres humanos. Todo ello en un mundo supercivilizado cuya seguridad existencial protege sus fronteras mediante alambradas, muros, el ejército y la policía, pero que por un instante llegó a depender, paradójicamente, como “última esperanza” para no desencadenar una catástrofe a nivel planetario, de un viento “favorable”.

De esta forma, tras las numerosas catástrofes tecnonaturales que se van dando a lo largo del globo, como las mencionadas anteriormente, Beck propone el concepto de “sociedad del riesgo” para dar cuenta de esta nueva realidad. El autor hace así una distinción entre riesgo interno y externo, estableciendo que toda la cultura tradicional, vigente en la sociedad industrial, se ha caracterizado por la preocupación social en aquellos riesgos que provenían de la naturaleza: malas cosechas, inundaciones, plagas y hambrunas… y que, sin embargo, en un momento dado, —y muy recientemente en términos históricos— la humanidad comienza a preocuparse menos por las amenazas externas, transitándose dicha preocupación hacia un predominio del riesgo manufacturado (Giddens, 2000: 39).

De lo expuesto podemos derivar dos ideas: en primer lugar, que el pensamiento ecologista contemporáneo cuestiona la división ontológica entre la naturaleza y artificio, entre la biosfera terrestre y la tecnosfera humana, y la ilusoria pretensión de que es posible reemplazar y trascender la una por la otra (Campillo, 2005); en segundo lugar, el gran absurdo de nuestra era, en la que tras siglos de desarrollo tecnocientífico para la dominación de las amenazas naturales, sería éste mismo el que amenaza nuestra seguridad, llegando a dejar de nuevo nuestra supervivencia a mano de los aleatorios procesos naturales. Como expresa el autor (1986), la humanidad habría comenzado protegiéndose de la naturaleza construyendo cabañas, pero actualmente nos encontraríamos “sin protección ante las amenazas industriales de la segunda naturaleza incluida en el sistema industrial”.

1.3. El pensamiento verde como un paradigma de alcance esencialmente transnacional.

La nube de Chernóbil, además de señalar ciertas paradojas de la Modernidad, nos indica, a su vez, la inevitable expresión internacionalista inscrita en el pensamiento ecologista, dada la necesidad de aportar respuestas de carácter global y transfronterizas ante los nuevos desafíos. En este sentido, la noción de sociedad del riesgo de Beck nos permite trascender del recurrentemente señalado desajuste entre fronteras políticas y despliegue transnacional de los procesos naturales, aportando nuevas dimensiones de análisis.

La noción de sociedad del riesgo tiene consecuencias epistémicas en torno a cómo aprehender el mundo desde el pensamiento político verde. La disociación de la oposición natural-artificial descrita por Beck permite reconceptualizar la naturaleza como un fenómeno meramente dado a uno producido, cuya transformación técnico-industrial y comercialización la ha incluido en el sistema industrial (Bronner, 1995). En este sentido, el análisis del riesgo requiere un análisis global en torno a la producción de manufacturas tecnonaturales integradas en el engranaje mercantil e industrial de alcance global. El autor integra la crítica al concepto de sociedad industrial de clases descrito por Marx y Weber, que giraba en torno a la cuestión de cómo repartir la riqueza producida socialmente de una manera desigual, añadiendo la dimensión del riesgo.

La tesis de Beck es que mientras que en la sociedad industrial la “lógica” de la producción de riqueza domina a la lógica de la producción de riesgos, en la sociedad del riesgo se invierte la relación. De esta forma, el desarrollo en el “progreso” técnico-económico se ve eclipsada cada vez más por la producción de riesgos, cuyas tendencias transnacionales están vinculadas al proceso de globalización. Cabe destacar que en ningún momento se pretende suplantar la cuestión económica por su noción vinculada al riesgo, sino que entiende que cada uno de los “paradigmas” de la desigualdad social se refiere a diferentes momentos del proceso de modernización. El autor destaca que los conflictos en torno al reparto de riqueza están en un primer plano en aquellos países y sociedades con una evidente miseria material, como podemos observar en el Tercer Mundo, mientras que en los Estados del bienestar desarrollados y ricos de Occidente sucederán dos procesos paralelos: la lucha por la subsistencia pierde progresivamente relevancia y ganan visibilidad aquellas problemáticas que preexistían pero fueron percibidas como “efectos secundarios” de la modernización (1986). De esta forma, incluso en los Estados más acomodados las distintas demandas sociales se ven solapadas debido a la tensión entre aquellas propias de la sociedad de la carencia y las del riesgo.

En este sentido, la emergencia de la internacionalista conciencia ecologista occidental, además de beber de los giros ontológicos ya mencionados, está muy vinculada con la abundancia económica de sociedades posindustriales, cuyos orígenes y prerrogativas parecen distar en gran medida del ecologismo de sociedades indígenas preindustriales basadas en percepciones holísticas y mitológicas de la naturaleza.

A su vez, desde un punto de vista práctico, también se deriva que dada la universalidad y supranacionalidad de la producción y comercialización de manufacturas, como es el tráfico de sustancias nocivas, la supervivencia de los bosques como el de Baviera dependerán, en última instancia, de la firma y cumplimiento de tratados internacionales.

Cabe destacar la distinción del autor entre la noción de riesgo como fenómeno cotidiano de la acción humana, de carácter circunstancial y personal, vinculado al coraje y la actitud temeraria; y aquel derivado del proceso de modernización, donde atendemos a riesgos de alcance global, como son los derivados de la fisión nuclear, con implicaciones en la propia autodestrucción de la vida en el planeta. En este sentido, la globalidad en las amenazas propias de las sociedades del riesgo conforma una visión profundamente cosmopolita que trasciende al ser humano, incluyendo a todos los seres vivos en dicha categoría, donde la primacía del ser humano pasa a un segundo plano respecto al peligro estructural del ecosistema.

Otro ámbito que nos lleva a pensar el mundo desde una óptica esencialmente internacional consiste en la asimétrica carga de riesgo que perciben unos Estados frente a otros. Beck señala que los riesgos constituyen una nueva fuente de desigualdad internacional; por una parte entre los llamados Estados del “tercer mundo” y los Estados industrializados, y por otra entre los mismos Estados industrializados.

1.4. Gestión internacional del Medioambiente, una demanda social de la Modernidad tardía.

Este último apartado pretende mostrar la incidencia de Beck tanto en el pensamiento verde contemporáneo como en la propia gestión internacional del medioambiente. El autor aporta un marco teórico idóneo para comprender las dinámicas sociales inscritas en la perspectiva ecologista contemporánea y para abordar la propia gestión internacional de medioambiente en cuestiones como el “Principio de precaución, sostenibilidad, mecanismos y legislación internacional, tecnología verde…” (Muñoz, 2021). Su obra, conforme ha ido adquiriendo mayor visibilidad, ha ido trascendido del mero debate académico y adquiriendo presencia en ámbitos vinculados a la administración política internacional. Su desarrollo teórico vinculado a la gestión medioambiental ha inspirado el prisma bajo el cual las instituciones internacionales abordan dichas cuestiones. Ahondaremos en esta cuestión a partir del estudio del principio de precaución, en torno al cual Beck aporta tanto la explicación sociológica para la emergencia del concepto como un fundamento epistemológico y prescriptivo utilizado en el ámbito internacional

El principio de precaución es una noción que ha sido conceptualizada desde diferentes paradigmas teóricos, siendo la propuesta de Beck, que lo concibe como como un instrumento político vinculado a su noción de riesgo, la mejor percibida tanto en la academia como en instituciones internacionales (Aguilar, 2003).

De nuevo, Beck defiende que la aparición de dicho principio se debe al advenimiento de una gran magnitud global de los riesgos tecnológicos y catástrofes ambientales de orden acumulativo a lo largo de nuestra historia. De esta manera, la demanda social de “precaución” en el ámbito internacional vino a sustituir gradualmente a la tradicional demanda por “prevención” y “reparación”, emergiendo el principio de precaución en el ámbito del derecho ambiental e inaugurando un nuevo paradigma ante los nuevos riesgos para la humanidad y el medioambiente.

Como explica Embid (2009:87), el principio de precaución beckiano representa la transición de una ética tradicional basada en una confianza ciega en los productos de la ciencia y en el progreso, hacia una ética reflexiva, consciente de los problemas originados por los avances técnicos, que aborda con detenimiento y cautela las cuestiones suscitadas en torno a los mismos. En este sentido, el principio de precaución tiene como planteamiento rector que ante la incertidumbre científica no se asuman los riesgos cuando los posibles daños tiendan a ser irreversibles. Bajo esta premisa, la Administración estará facultada para adoptar las políticas correspondientes sin tener evidencias científicas exactas acerca de la existencia de un peligro; en otras palabras, sin haberse establecido científicamente el nexo causal entre el supuesto de peligro y el daño potencial (Muñoz, 2021).

Autores como Moya (2013) precisan la relevancia que ha presentado el principio de precaución inspirado en el modelo de análisis del riesgo de Beck para el desarrollo del derecho internacional. A modo de ejemplo, el principio de precaución ha sido un principio rector en la resolución tomada por el Consejo Europeo en diciembre del 2000 en Niza, donde los Estados miembro de la Unión Europea determinaron que si una evaluación pluridisciplinaria, independiente y transparente, realizada sobre la base de datos disponibles no permite concluir con certeza el nivel de riesgo determinado, las medidas de gestión del riesgo deben ser tomadas sobre la base de una apreciación política que determine el nivel de protección buscado.

Conclusiones.

En la presente publicación hemos podido constatar el profundo calado internacionalista a partir de la noción beckiana de riesgo, que nos permite profundizar en la transnacionalidad más allá del mero desajuste entre fronteras políticas y fenómenos naturales. Beck aporta nuevas dimensiones de análisis señalando la inclusión de la naturaleza en el sistema industrial mediante un engranaje mercantil de alcance global y apelando al desigual reparto de riesgo como una dinámica esencialmente transnacional. Como explica el autor, dada la universalidad y supranacionalidad de la producción y comercialización de manufacturas, la gestión internacional del medioambiente depende, en última instancia, de la firma y cumplimiento de tratados internacionales.

A su vez, hemos podido constatar la validez de la propuesta beckiana vinculada a la necesaria aproximación internacional en la gestión del medioambiente, lo que paralelamente confirma el profundo calado internacionalista inscrito en el pensamiento político verde. La incidencia del marco teórico utilizado por el autor en organismos internacionales para la aplicación de nociones como el “Principio de precaución” nos ha permitido comprobar, desde un punto de vista práctico, la incidencia del autor en la propia gestión internacional de las demandas medioambientales, dada su acertada comprensión de las mismas.


Bibliografía.

  • Aguilar, S. (2003): “Principio de precaución, políticas públicas y riesgo”. Política y Sociedad, 40(3).
  • Beck, U. (1986): La Sociedad del Riesgo. Hacia una nueva modernidad, Barcelona, Paidós.
  • Bronner S.T. (1995): “Ecology, politics, and risk: The social theory of Ulrich Beck”. Capitalism Nature Socialism, 6(1), pp. 67-86.
  • Campillo, A. (2000): “Filosofía y Ecología”, Sociedad de Filosofía de la Región de Murcia.
  • Carson R. (2005/1962): “Primavera Silenciosa”, Madrid, Editorial Crítica. ● Ehrlich, P.R. y A.H. Ehrlich (1968): La bomba demográfica. Estados Unidos, Ballantine Books.
  • Embid, A. (2009): Retos jurídicos de la radiación no ionizante, Madrid, Departamento de Derecho Público del Estado.
  • Giddens, A. (2000): Un mundo desbocado, los efectos de la globalización en nuestras vidas, Madrid, Taurus.
  • Meadows, D.H., D.L. Meadows, J. Randers, W. Behrens. (1972): Los límites del crecimiento, Nueva York, Universe Books.
  • Moya Marchi, F. (2013): El principio de precaución, Cuadernos del Tribunal Constitucional, 52.
  • Muñoz Moore, J.E. (2021): “Una introducción al principio de precaución desde la teoría de la sociedad del riesgo de Ulrich Beck”. Lucerna Iuris Et Investigatio, 1, pp. 63-78.
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Estudiante del cuarto curso de Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Procedente de Granada, España. Desempeño actualmente las prácticas curriculares en la Fundación Carolina. Intereses en la región de América Latina y la Teoría Política y de las Relaciones Internacionales.