¿Qué pueden tener en común David Beckham, Lewis Hamilton y Jackie Stewart? ¿O Michael Phelps, Michael Jordan y Serena Williams? No sólo que son deportistas, sino que además compiten y tienen buenos resultados que dan de qué hablar en sus respectivos países de origen y por consiguiente, a nivel mundial.

Desde la antigüedad el deporte se ha visto como un mecanismo que no sólo permite drenar y mantener una buena salud, sino también como una herramienta de los países para demostrar poder ¿En qué sentido? Si sus deportistas son los mejores en sus disciplinas, el mensaje que se da es que ese país no sólo domina en el terreno bélico, económico o diplomático, sino también en el deportivo porque cree en sus atletas e invierte en ellos. El Decreto 382/1992 de la República Argentina, a través del cual se refunda la Secretaria de Deportes de la Presidencia de la Nación establece:

“Que el deporte es un medio idóneo para acceder a nuevos estamentos de salud y educación siendo asimismo uno de los más valiosos elementos de apoyo para la formación del hombre y su conciencia social, permitiendo canalizar su sentimiento de participación y comunicación…” (Levoratti, 2017).

 Sin limitarnos a esto, los atletas exitosos se vuelven a su vez una referencia cultural y deportiva a nivel mundial, capaces de tener una gran influencia y de marcar lineamientos en la opinión pública de sus seguidores -sean conciudadanos o no- en algún asunto en el que decidan opinar o intervenir. Tienen el potencial para convertirse en actores influyentes dentro de nuestro sistema internacional siempre que demuestren su voluntad para hacerlo, por lo cual los gobiernos de los países buscan reconocerlos de un modo u otro: patrocinios, actos conmemorativos, reconocimientos… Mantener a un deportista satisfecho es una forma segura de ganar aliados y buenos puntos en las gestiones gubernamentales, tanto a nivel interno como externo.

No debemos limitarnos solamente a las acciones individuales de un solo deportista, sino que tomaremos como caso de estudio principal lo que se observa en la competencia reina a nivel mundial: Los Juegos Olímpicos. El evento deportivo por excelencia que reúne a múltiples disciplinas y en el cual los países envían a competir a sus mejores atletas. Todo país participante busca la gloria deportiva ante sus rivales más cercanos, lo cual ha dado pie a diversas controversias y protestas que dejan en claro la posición política de los países en un asunto determinado.

Podemos recordar, por ejemplo, los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936, donde el gobierno alemán busco demostrar la superioridad de la raza aria sobre los demás países, objetivo que quedó sin resultados debido a las victorias de atletas considerados “inferiores”. Debido a las tensiones presentes durante la Guerra Fría entre ambos bloques, los Juegos Olímpicos de 1980 en Moscú fueron ampliamente criticados, lo que derivó en la mayor abstención de países concursantes, todo ello como protesta a la invasión soviética a Afganistán, o el mas reciente llamado a boicot a los Juegos Olímpicos de Invierno de 2014 por la participación de Rusia en la Guerra en Osetia del Sur, además de la toma de Crimea.

Incluso de manera individual, se ha intentado promover ideales políticos o mensajes críticos dentro de los Juegos Olímpicos, bien sea en contra de la discriminación, a favor de los derechos de la mujer o contra el terrorismo, además de ser un evento deportivo se ha usado como plataforma para que los individuos critiquen acontecimientos y den mensajes a través de la polémica. Todo ello ha tenido éxito con el paso del tiempo dentro de la política interna de los países: Arabia Saudita ya comienza a permitir la participación de las mujeres en diversos deportes, abriéndoles la ventana para que puedan competir en los Juegos Olímpicos, evidenciando un cambio paulatino de políticas internas y tradicionales en pro de adaptarse a la actualidad; se ven actos conmemorativos en caso de eventos recientes que horroricen a la humanidad (Juegos Olímpicos de Invierno de 2002 luego de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos) y se promueve el deporte como un espacio de igualdad y libertad, donde las diferencias radican en la habilidad y resistencia de cada participante, no en sus creencias, color de piel o sexo.

Nos enfocamos en los Juegos Olímpicos porque es el mayor evento competitivo a nivel mundial, pro no podemos olvidar que esto ocurre todos los días en cualquier deporte: Se puede ver en el Mundial de Fútbol de 1954, el cual es marcado por los inicios de la Guerra Fría y donde se alza campeona Alemania Occidental sobre Hungría, luego de derrotar a países como Austria y Uruguay. Esta victoria es un duro revés para el bando soviético, el cual se había confiado en ganar, adelantando incluso las celebraciones. Otro ejemplo se dio en 2017, cuando Irán vetó de la selección nacional de fútbol a Masod Shojaei y a Ehsan Haji Saf por jugar contra la selección israelí para las clasificatorias de la Europa League. Esta medida se considera un castigo a los futbolistas, ya que Irán no reconoce a Israel como Estado, y estos jugadores al presentarse en el partido, dieron un “reconocimiento tácito”, y ambos deportistas se suman a la amplia lista de vetos del gobierno iraní.

Teniendo estos ejemplos en claro no queda más que preguntar cómo funcionan estos mecanismos. La respuesta es sencilla: es parte de lo que denominamos como “soft power” o el poder implícito de cada país, el cual puede demostrarse de muchas maneras sin llegar a las armas. Se define como: “La habilidad de obtener lo que quieres a través de la atracción que a través de la coerción o de las recompensas” (Joseph, 2010). Es el manejo psicológico de los recursos, demostrando posturas en tiempo y lugar de cara al resto del mundo, qué recursos se tienen y cómo se usan. Es efectivo ya que se evita en la mayoría de los casos el uso de la fuerza, lo cual conlleva no solo a la pérdida de vidas humanas, sino al desgaste de recursos técnicos, militares, geográficos, entre otros. También implica el uso de la persuasión para lograr la creencia de que se tienen los mismos intereses, aunque la realidad demuestre lo contrario.

En un mundo multipolar, el “soft power” se ha convertido con el paso del tiempo, en una herramienta indispensable para el buen funcionamiento de las relaciones entre países, desplazando el “hard power” o poder directo, caracterizado por el uso de la fuerza o la intimidación económica. El diccionario de Cambridge (2009) lo define de la siguiente forma: the use of a country’s military power to persuade other countries to do something, rather than the use of cultural or economic influence[1]. El uso de la persuasion, aunado a la globalización, las influencias de los distintos actores y la búsqueda del mejor uso y ahorro de los recursos disponibles han llevado a incentivar el uso del “soft power” de maneras convencionales o no convencionales.

El deporte no es el único ámbito en el que se usa el “soft power”, pero sí es uno de los más notorios, ya que es una actividad amplia y variada a nivel mundial, la cual se sustenta en seis pilares (digitalización, cultura, compromiso, empresa, educación y gobierno), lo cual le da un amplio margen de actuación. Debido a que el deporte es parte integral de la historia y cultura de la nación, se ha convertido en una ventana abierta a las opiniones variadas en la cual las personas demuestran afinidad con unas u otras disciplinas y se convierte en una plataforma perfecta para esparcir mensajes o manifestar posturas de una manera indirecta, informal y sin tantos compromisos si se compara con el ámbito diplomático o militar. También es una manera de recordarnos que, en un mundo globalizado, todo depende y está influenciado por el entorno y los actores participantes, de manera que hay que permanecer atentos para captar los sutiles mensajes que puedan llamarnos la atención dentro del “soft power”.

El soft power tiene usos convencionales y no convencionales. Un uso convencional es aquel basado en la cultura y el intercambio comercial, gracias a su aliciente histórico; mientras que con el uso mundial del internet y de redes sociales influyendo en la opinión pública se habla de un uso no convencional, el cual no fue visualizado en un primer momento por la mente del analista, pero que hoy en día capta poderosamente la atención. Dilucidar las categorías es cada vez mas difícil debido a los amplios avances tecnológicos, los cuales se han convertido en la plataforma perfecta de difusión de mensajes, tanto directos como indirectos, verbales y no verbales. Esto le da al soft power un amplio margen de influencia en cualquiera de sus ámbitos.

Por Daniela Linares. Abogada egresada de la Universidad Central de Venezuela


Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente la organización comparte lo expresado.


[1] (El uso del poder militar de un país para persuadir a otros países de hacer algo, en lugar del uso de la influencia económica o cultural) (Traducción propia).

 

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