Sin duda alguna, el año 2020 será recordado por sus múltiples causales debido a la pandemia, ocasionada por el COVID-19, quienes desde el primer trimestre ha ocasionado una recesión a la economía mundial, generando desequilibrios en países subdesarrollados y con una caída de más del 80% en el turismo mundial, los cuales en algunos casos forman parte del sector más importante y desarrollado de la economía.

Asimismo, hemos podido vislumbrar que, a pesar de la pandemia, las relaciones comerciales no se han estancado, lo que permite entender a éstas como dinámicas con altas posibilidades de adaptarse a las circunstancias. En este sentido, se puede observar como el comercio internacional no se detiene, sin embargo, sí ha disminuido su volumen debido a las múltiples barreras que acarrean esta situación mundial, lo cual permea a generar desbalances en las cuentas nacionales de cada país, que en algunos casos se ven obligados a apelar a sus reservas internacionales como método de financiación y sostenimiento.

Pero, no solo los Estados son los grandes perdedores en esta batalla contra reloj de la pandemia, ya que las micro, pequeñas y medianas empresas (MIPYMES) han sido también gravemente afectadas con esta situación mundial, teniendo que acelerar en algunos casos su proceso de maduración o adaptándose a los cambios vertiginosos e intentar no desaparecer en el intento. Sin embargo, en muchos casos los indicadores de rentabilidad de muchas empresas los han obligado a clausurar sus operaciones, debido a falta de fondos de financiamiento.

De esta forma, con respecto a lo anterior señalado, cabe preguntarnos, ¿es el fin de la sistema económico y financiero internacional? Desde una concepción objetiva no se puede hablar del fin de la concepción económica y financiera actual, pues siempre existen mecanismo para sacar a flote la economía, retornar el flujo de inversiones y generar bienestar económico en los distintos países. Lo que sí se puede decir es que el orden económico financiero tal como lo conocemos sufrirá variaciones hacia nuevos mecanismos de adaptación.

Aunado a lo anterior, está latente una alta probabilidad de que, una vez se consiga frenar la ola expansiva de la COVID-19, se susciten cambios en la concepción originaria del sistema financiero internacional que, junto a la llamada nueva normalidad, terminarán por dinamizar la economía y adaptándose a los nuevos tiempos y formas de generar inversiones, captación de fondos, etc.

Ahora bien, es cierto que la pandemia ha impactado fuertemente en las relaciones comerciales de la gran mayoría de países, así como el sistema financiero, que ha tenido que resguardar fondos como un mecanismo dilatador de la crisis en su mayoría y, a su vez, restringir el acceso a las formas habituales de financiamiento e inversión en distintos proyectos, cuya consecuencia se ve reflejada en un desbalance y déficit comercial que terminará por impactar en múltiples indicadores económicos como el PIB, balanzas de pago y comerciales, entre otros; lo cual, al final del día, termina generando consecuencias negativas en la economía de cada país así como las empresas que hacen vida allí, quienes en muchos casos dependen de dichos recursos financieros para generar nuevas fuentes de empleo o para gestionar e impulsar proyectos.

Por suerte, desde hace años, se vienen desarrollando a muy baja escala nuevas formas y fuentes de financiamiento que, desde un punto de vista objetivo, han ido abonando el campo hacia nuevas estrategias y formas de captación de inversiones las cuales, a raíz de esta pandemia, cobraron vida y permitirán revolucionar el panorama financiero internacional existente, este sector es denominado FinTechs[1].

Las FinTechs “…son empresas que aplican alta tecnología en soluciones orientadas al sector financiero”[2], es decir estas empresas “usan la tecnología digital y herramientas asociadas –computación en la nube, blockchain, big data, inteligencia artificial, redes sociales, etc.- para prestar servicios financieros a consumidores y empresas de una forma innovadora y bajo nuevos modelos de negocio.”[3], permitiendo acercar más a la población hacia nuevas fuentes de ingresos más simples, cómodas, amplias y al alcance de la mano con un smarthphone.

Este sector, compuesto por grandes empresas en la actualidad, surgió entre 2014-2016, y muchos lo consideran aún como un fenómeno financiero prematuro y en desarrollo dentro de la región de Latinoamérica. Todo lo anterior deriva, debido a las constantes y múltiples barreras que permean sobre los gobiernos hacia estas empresas a quienes ven con reticencia, además de encontrarse al desnudo los primeros por la ausencia de políticas públicas enfocadas al sector que permitan acelerar la maduración de estas. Por otra parte, la existencia de una regulación jurídica incipiente hacia el sector Fintechs, la falta de coordinación, el poco diálogo público-privado sobre la materia, y la ausencia de educación en finanzas y tecnologías, han terminado por convertirse en comunes denominadores de dicho sector en Latinoamérica.

A pesar de lo anterior, el sector FinTechs se ha convertido durante la pandemia en un fenómeno que ha dado acrecentados pasos para consolidarse como una opción necesaria, sobre todo enfocado a las MIPYMES para que puedan generar mecanismos de financiamiento que las mantengan a flote en ausencia de la banca pública y privada consolidada en gran parte de los países que, en su mayoría, se encuentran paralizados debido a la engorrosa y excesiva burocracia presencial que permite definir, evaluar y tener acceso hacia fondos de financiamiento, lo cual termina por convertirse en un gran problema para las empresas y consumidores finales, quienes debido a las situaciones de aislamiento, en la cual la mayor parte de las sociedades está sometida como forma de reducir los contagios de COVID-19, se ven impedidos de obtener dichos recursos en pro de generar reactivación de algunos sectores productivos.

La importancia de dichas empresas del sector Fintech, en la actualidad, radica en que las mismas “emergieron en orden de incrementar la competencia y cooperación, democratizando y simplificando los productos financieros”[4], enfocándose en un principio hacia las MIPYMES, para ofrecer sus servicios y luego expandirse hacia nuevas formas de negocio que permitan potenciar, profundizar y acelerar la inclusión financiera regional[5]. Es decir, “las innovaciones del sector FinTech tienen el potencial de trasformar el sector financiero y ayudar a proveer servicios a grupos sociales tradicionalmente desentendidos por los bancos”[6].

Hoy en día, “…las FinTechs incluyen servicios financieros que ofrecen alternativas a las actividades financieras tradicionales (banca comercial), lo que compromete una acción de los gobiernos, y particularmente de los entes regulatorios, que son los encargados de fijar las reglas de juego[7] dentro del sistema financiero nacional.

Las empresas Fintechs, a lo largo de estos últimos dos años, se han venido preparando para un cambio de paradigma y redefinir el sistema financiero internacional, generando una agenda de temas que van desde: inclusión financiera, inteligencia artificial, transformación digital, regulación, Insurtech y ciberseguridad, los cuales son tópicos que, en la actualidad, el sistema financiero internacional no ha logrado abarcar.

Asimismo, estas empresas no escapan de la lupa de las relaciones internacionales y la agenda de las organizaciones internacionales, son diversas las instituciones y Estados que han dado su opinión e investigado sobre el sector que cada vez es más latente y tiene bastante relevancia en el sistema financiero global.

En este sentido, en el informe de la CEPAL (2018) se establece como “…la cooperación intergubernamental e internacional de las Fintechs es urgente, ya que los flujos transfronterizos de capital han alcanzado montos enormes con mayor facilidad de acceso para realizar transacciones de grandes cifras, y sin mucho control por parte de las autoridades regulatorias”[8], por ello es indispensable en la actualidad incentivar a los países a desarrollar unas directrices y paraguas regulatorios que vayan en pro de aligerar los contrapesos jurídicos de estas actividades financieras, así como reducir las brecha de sub-bancarización existentes en la región. 

Ahora bien, muchos se cuestionarán si Latinoamérica y el Caribe están preparados para dar este gran salto, y la verdad es que ya estamos dentro de esta ola democratizadora de las Fintechs desde hace años, solo que no nos hemos dado cuenta debido al ritmo acelerado con el cual marcha la sociedad mundial. Tal ha sido la magnitud y evolución del sector que, actualmente, existen cerca de 1500 Fintechs operativas, que se enfocan a proporcionar servicios financieros entre los cuales destacan: Neobanks, Payments and Remittances Crowdfunding, Crowd Equity, Trading and Markets, Insurance, Lending, Wealth Management, entre otros.

Desde una concepción propia, este nuevo nicho financiero ha comenzado a consolidarse y lo seguirá haciendo en el largo plazo, no deben menospreciarse los esfuerzos en dicha área, pues este sector ha logrado desarrollarse bien dentro de la mayoría de los mercados internos latinoamericanos[9] hasta lograr abarcar una gran cantidad de consumidores en la región. Pero no solo se detiene allí, pues en Europa y Norteamérica el funcionamiento de éstas forma parte de la cotidianidad, lo cual ha generado formas dinámicas, captación de fondos e inversiones, hacia nuevas empresas y proyectos disruptivos.

Ahora, si todavía no logran darse cuenta de lo útil que se ha vuelto este sector en la dinámica financiera internacional, Núñez y Furquim (2018) los detallan muy bien, logran clasificar las empresas Fintechs en 10 sectores los cuales son: 1) Medios de pago y transferencias; 2) Infraestructura para servicios financieros; 3) Origen digital de los créditos; 4) Soluciones financieras para empresas; 5) Finanzas personales y asesoría financiera; 6) Mercados financieros; 7) Crowdfunding; 8) InsurTech; 9) Criptomonedas y Blockchain; y, 10) Entidades financieras disruptivas.

Según el BID (2018) se han logrado identificar al menos 1116 startups FinTechs disruptivas en 18 países de Latinoamérica, y esta cifra incrementa a través de los años mostrando, a su vez, la amplitud y dimensión geográfica que ha adquirido el sector debido a la búsqueda de convertirse en actores del mundo financiero y bancario transnacional, aportando nuevos productos como servicios y abriendo la brecha financiera hacia nuevos consumidores.

Dicho esto, la actividad Fintech en la región incrementará a lo largo de la pandemia y posterior a ella en toda la región sin ninguna duda. Asimismo, países como Perú, Ecuador, Uruguay, Costa Rica, Paraguay, Bolivia, Venezuela, Guatemala, República Dominicana, Honduras, El Salvador, Panamá y Nicaragua solo abarcan un 14% de la actividad FinTech regional[10], pues en su mayoría, el gran desarrollo de este sector se concentran en países como México, Colombia, Brasil, Chile y Argentina, quienes han ido acrecentando su huella y creado un cuerpo normativo base para desarrollar sus operaciones transfronterizas, lo que demuestra no ser un fenómeno pasajero sino que se irá consolidando como una tendencia hacia la integración financiera latinoamericana, coadyuvando a la recuperación económica y dinamizando el desarrollo financiero de distintos mercados regionales desatendidos por el sistema financiero tradicional.

Adicionalmente, debemos recordar que las relaciones internacionales en el curso del presente siglo serán cada vez más dinámicas, y habrá surgimiento de nuevos actores que jugaran un papel relevante frente a los gobiernos y el sistema internacional, por ello, debemos prestar mucha atención a las transformaciones que sufrirá el mundo luego de que pase esta situación de pandemia. Sin duda alguna, el panorama financiero internacional verá con otros lentes, a este nuevo sector quienes pueden fungir como grandes aliados para llegar hacia más empresas y personas, así evitar el estar supeditado a normativas nacionales de las cuales el Estado tiene el monopolio.

No obstante, antes de lograr convertirse en actores destacables dentro de las relaciones internacionales, las Fintechs deben lograr superar diversos retos como la regulación, burocracia, regionalización, internacionalización y generación de confianza en algunos consumidores quienes ven con sigilo este nuevo sector.

Lo cierto, es que debemos tener claro que, de lograr expandirse y consolidarse estas nuevas empresas financieras y contar con el beneplácito de los Estados a gran escala, las mismas pueden propiciar y avanzar sobre temas en los cuales Latinoamérica aún no logra un consenso; entre ellos tendríamos: la integración financiera, estímulo al consumo, aumento de la inversión extranjera e interna, mayor disciplina macroeconómica, mayor eficiencia del sistema bancario e incentivo a las MYPIMES[11], permitiendo así, que este sector logre tomar relevancia en la sociedad más que dinero, permitiendo una autentica unificación regional que permitan impulsar el comercio internacional, motorizado por la necesidad de las empresas en obtener financiamiento indirecto de mecanismos no tradicionales (bancos), los cuales le permitan generar nuevos proyectos e inversiones, además de proveerlos de plataformas financieras que permiten mejorar su productividad[12].


 

NOTAS DE PIE DE PÁGINA


[1] Representa la abreviación de Financial Technology o Fintech tradicionalmente conocida y tiene el potencial para alterar el rol predominante de las instituciones financieras como las conocemos actualmente.

[2] ABFintechs, 2018, p. 4.

[3] Rojas, 2016, p. 11.

[4] ABFintechs, 2018, p. 4.

[5] Un dato importante de señalar es que, en Latinoamérica, las investigaciones FinTech en 2018 alcanzaron un valor de $54.5B, una cifra que llama la atención al ser un nuevo sector que se encuentra en desarrollo tanto en Latinoamérica y el mundo (KPMG, 2019, p. 3).

[6] Rojas, 2016, p. 11.

[7] Núñez y Furquim, 2018, p. 3.

[8] Ibíd.

[9] Banco Interamericano de Desarrollo, 2017, p. 16.

[10] Venezuela actualmente cuenta con dos FinTechs que son: PagoFlash y Vippo, las cuales son aceptadas en múltiples empresas y negocios como forma de pago.

[11] Banco Interamericano de desarrollo, 2015, p. 7.

[12] Vivas, 2019, p. 26.

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Eliseo Carrillo
Licenciado en Estudios Internacionales por la Universidad Central de Venezuela. Egresado del Diplomado en Petróleo y Otras Energías y el Diplomado en Relaciones Internacionales, Diplomacia y Protocolo por el Colegio de Internacionalistas de Venezuela. Estudios e intereses en el área de Energía y petróleo, Seguridad, Integración y Cooperación. Investigador y miembro de CEINASEG.