La dinámica mundial está compuesta por el desarrollo de distintos acontecimientos en simultáneo, muchos de estos acontecimientos se refieren a eventos que ponen en peligro la integridad de las personas, forzando a las mismas a dejar su lugar de origen para lograr sobrevivir en cualquier otro destino. Estos desplazamientos son denominados desplazamientos forzados y se refiere a “la situación de las personas que dejan sus hogares o huyen debido a los conflictos, la violencia, las persecuciones y las violaciones de los derechos humanos” (Banco Mundial, 2015) pasando por situaciones críticas en el proceso. Sin embargo, esta situación no es novedosa, durante el siglo XX como consecuencia de las guerras muchas personas se vieron obligadas a buscar refugio en otros países distintos al de origen para huir de las persecuciones que se llevaron a cabo. La respuesta del sistema internacional a este suceso fue la creación del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en diciembre de 1950 y la posterior adopción de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados, en julio de 1951.

    Según el informe de la ACNUR sobre desplazamiento forzado para el año 2020 la cifra era de 82,4 millones de personas desplazadas en el mundo, el número más alto alcanzado en los últimos 10 años. Los principales países de procedencia fueron la República Árabe Siria, República Bolivariana de Venezuela, Afganistán, Sudán del Sur, Myanmar y los principales países destino fueron Turquía, Colombia, Pakistán, Uganda, Alemania. “las Naciones Unidas estiman que la pandemia puede haber reducido la cantidad de migrantes internacionales en unos dos millones a nivel mundial durante los primeros seis meses del año” (ACNUR, 2020, p. 5) y, aun así, para ese año tenemos que 1 de cada 95 personas se han desplazado por la fuerza.  Los motivos por los cuales son elegidos los países destinos, son principalmente por la cercanía geográfica, recordemos que las personas que huyen en medio de situaciones de conflicto y violación de los Derechos Humanos pocas veces cuentan con recursos suficientes para poder construir un plan de migración que les permita elegir entre una variedad de destinos. Lo cual podría explicar las cifras del 2020 donde “El 73% de las personas refugiadas y venezolanas desplazadas en el extranjero vivían en los países vecinos a sus países de origen” (ACNUR, 2020, p. 2).

Siria, una década de conflicto armado.

    Siria es uno de los países con más desplazamientos forzados como consecuencia de los numerosos episodios de violencia durante estos años de conflicto.  Según el Comisionado de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, desde el comienzo del conflicto en el año 2011, millones de mujeres, hombres, niñas y niños se han visto afectados y han sufrido violaciones en manos de las partes en conflicto. Más de 5,6 millones de personas han huido del país y 6,6 millones son desplazados internos que huyen de una serie de ataques que atentan contra la integridad y los Derechos Humanos de los civiles, incluyendo “asesinatos, ejecuciones sumarias, masacres, detención de civiles (menores incluidos), tortura sistemática, violaciones y otros actos de violencia sexual, reclutamiento y uso de menores en las hostilidades, desapariciones forzadas, toma de rehenes, emboscadas, ataques con armas químicas contra civiles” (Mooney, 2014) así como también ataques a periodistas, personal médico e incluso a hospitales. Durante estos años los civiles se han encontrado en medio de un fuego cruzado entre las fuerzas gubernamentales y grupos armados no estatales. Es por ello, que en un país donde los bombardeos terrestres y aéreos son acontecimientos de cada día, no es un hecho extraordinario que las personas terminen huyendo a sus países vecinos como única opción de supervivencia, exponiéndose en el proceso a una serie de riesgos y situaciones de vulnerabilidad con respecto a alimentación, vivienda, necesidades básicas sanitarias, entre otros.

Impacto del COVID-19 en los desplazamientos forzados.

    La emergencia sanitaria por la propagación del COVID-19 causó grandes impactos económicos, sociales, políticos, educativos, entre otros. Los desplazamientos forzados no son la excepción y aunque aún no se tienen datos exactos sobre el impacto en cuanto a los desplazamientos transfronterizos forzados, hubo una disminución con respecto a la expectativa calculada por la ACNUR (2021) donde exponen que los desplazamientos forzados tuvieron “alrededor de 1,5 millones de personas menos de lo que se habría esperado en una situación sin la influencia de la COVID-19” (p. 5). Lo que significa que muchas personas se quedaron desamparadas en medio de su búsqueda de refugio y protección en el exterior, pues, aunque “a pesar de la pandemia, varios Estados han encontrado formas de conservar algún tipo de acceso al territorio para las personas que buscan protección internacional. Uganda, por ejemplo, ha aceptado a miles de personas refugiadas de la RDC” (ACNUR, 2021, p. 6) no es la situación de la mayoría, quienes además de luchar por sobrevivir en medio de conflictos políticos y armados, deben preocuparse por la situación sanitaria, la cual los encuentra con enormes desventajas, ya sea por la falta de acceso a una alimentación balanceada lo que ocasiona que muchos sufran de desnutrición, por las deficiencias del sistema de salud de los países en los que se encuentran y de los que esperan salir, como también por la falta de acceso a vacunas. Por otro lado, las restricciones impuestas por los distintos gobiernos en aras de mitigar la propagación del virus constituyeron un obstáculo para la asistencia de personas que se encontraban en el país que los acogió y que por efectos de la misma pandemia se encontraron en situaciones de vulnerabilidad. En este sentido, “solo un número limitado de personas refugiadas y desplazadas internas pudo acceder a soluciones como el retorno voluntario o el reasentamiento en un tercer país” (ACNUR, 2021, p. 7) sobre todo por la recesión económica que trajo consigo la pandemia, muchas familias se quedaron sin entrada económica debido al cese de muchas actividades laborales que no eran consideradas como esenciales, lo que ocasionó que estas personas tomaran la decisión de retornar a su país de origen donde podrían encontrar apoyo de familiares y personas cercanas o de migrar a un tercer país que se encuentre en mejor situación socioeconómica.

Conclusiones

    Cuando se habla de desplazamientos forzados se entra dentro de un campo sensible que requiere de análisis profundos para cada situación en particular, porque si bien se pueden establecer ciertas generalizaciones encontramos que los acontecimientos de cada país son característicamente diferentes y por lo tanto deben ser tratados de acuerdo a sus particularidades, no olvidemos que aunque se hable de números, esos números en realidad son personas que se encuentran en situaciones de riesgo y vulnerabilidad. Durante el proceso de investigación se encontró que había poca disponibilidad académica sobre el ámbito de las movilizaciones forzadas. Es por ello, que se decidió utilizar solo fuentes oficiales, esto a su vez es una invitación a explorar el campo de las migraciones forzadas tanto internas como transfronterizas, visibilizar las situaciones de conflicto y vulnerabilidad, así como también investigar y exponer desde una perspectiva crítica el impacto que generan las distintas coyunturas como el COVID-19 en los procesos migratorios.

 

Referencias

ACNUR. (2021). Desplazamiento forzado en el 2020.Tendencias Globales, pp. 1-72. https://www.unhcr.org/60b638e37/unhcr-global-trends-2020

Banco Mundial. (16 de diciembre de 2015). Preguntas frecuentes: Desplazamiento forzado, una crisis mundial cada vez mayor. https://www.bancomundial.org/es/topic/fragilityconflictviolence/brief/forced-displacement-a-growing-global-crisis-faqs

Mooney, E. (septiembre de 2014). La historia desde dentro: el desplazamiento interno en Siria. Migraciones Forzadas, (47).  https://www.fmreview.org/sites/fmr/files/FMRdownloads/es/siria/Mooney.pdf

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Angelina Arellano
Venezolana en Argentina. Estudiante del segundo año de Relaciones Internacionales de la Universidad de San Martín (UNSAM). Miembro investigadora de CEINASEG. Miembro de la Red Juvenil de CEERI.