En su 29ª reunión, en un acto de conciencia histórica, el Consejo Ejecutivo de la UNESCO adoptó la Resolución 29C/40, siendo a partir de esa fecha marcada en 1998 que todos los 23 de agosto fueron declarados como el Día Internacional del Recuerdo de la Trata de Esclavos y de su Abolición.

Han transcurrido más de 20 años de este exhorto realizado a la comunidad internacional, pero no es baladí que hoy por hoy en un mundo interdependiente, complejo e impregnado de conflictividades que no superan el sesgo de la intolerancia, siga siendo una tarea impostergable comprender las condiciones, contextos, métodos, causas y perniciosas consecuencias de procesos que atenten contra la dignidad humana y el disfrute de los Derechos Humanos.

Recordar la trata de personas esclavizadas no es entonces un acto de vacías lamentaciones, sino, por el contrario, constituye una oportunidad permanente de fortalecer los valores necesarios para la construcción de una institucionalidad capacitada para responder eficientemente a todas aquellas manifestaciones que requieren una respuesta internacional concertada y la atención preferente tanto de los Estados como del resto de actores del escenario global.

Sobre todo, cuando en pleno siglo XXI, paradójicamente se observa que la trata de personas si bien ha cobrado nuevas y complejas modalidades con el uso de las nuevas tecnologías, no es menos cierto que sigue manteniendo la misma tragedia subyacente, vale decir, la captación, transporte, traslado, acogida o recepción de personas, recurriendo a la amenaza o al uso de la fuerza u otras formas de coacción con el propósito de obtener múltiples beneficios, representa un abuso de poder sumamente lesivo que no puede dejarse de analizar desde los enfoques requeridos para la formulación de políticas públicas.

Así entonces, las interacciones políticas, sociales y económicas que se desencadenaron desde el siglo XV entre África, Europa, las Américas y el Caribe a través del comercio de personas que sirvió de base para la consolidación de condiciones del poder político colonial, es asimilable, mutatis mutandi, con los delitos perpetrados por redes del crimen trasnacional que, por cierto, en la actualidad concentran la mayoría de sus víctimas en el mismo continente americano donde, en 1791, se produjo el comienzo de las sublevaciones que serían decisivas para la abolición del comercio transatlántico de esclavizados y que particularmente inspiraron la fecha internacional que hoy nos ocupa.

En otros términos, asumiendo la gobernanza global como perspectiva analítica del campo de Relaciones Internacionales y como proyecto político de orden para el sistema internacional, tenemos que el llamado a la semblanza histórica a partir de lo acontecido con millones de personas, principalmente africanos y sus descendientes, permite adoptar en la actualidad medidas legislativas, educativas, sociales y culturales que se apalanquen en la cooperación bilateral y multilateral a fin de desalentar la demanda que propicia cualquier forma de explotación conducente a la trata de personas.

No en vano, diferentes convenciones internacionales han declarado la esclavitud y el tráfico de seres humanos un crimen contra la humanidad, castigado, en consecuencia, por el derecho penal internacional. De hecho, es en esta línea que destacan la Convención de las Naciones Unidas contra la delincuencia organizada transnacionalmente; el Protocolo para prevenir, reprimir y sancionar la trata de personas, especialmente mujeres y niños; el Protocolo contra el tráfico ilícito de migrantes por tierra, mar y aire; el Convenio 182 de la OIT sobre eliminación de las peores formas de trabajo infantil; así como el Protocolo facultativo de la Convención sobre los Derechos del Niño relativo a la venta de niños, la prostitución infantil y la utilización de niños en la pornografía.  

Paralelamente, como instrumentos de soft law regional, podrian señalarse, entre otros, el Plan de Trabajo contra la Trata de Personas en el Hemisferio Occidental 2010/2012 desarrollado por la Organización de Estados Americanos (OEA), las conclusiones de las Conferencias de Ministros de Justicia de los Países Iberoamericanos (COMJIB), o las Declaraciones Interministeriales en el marco del MERCOSUR.

Las redes criminales que según diferentes consultoras y organismos, generan aproximadamente un mínimo aproximado de 10.000 millones de dólares por año, nos obligan a no desfallecer en el estudio sistemático de los procesos jurídicopolíticos experimentados en las diferentes latitudes del mundo (en el pasado y en el presente) para aprehender y aprender las lecciones que ello conlleva para el venturoso futuro social.
Aprovechemos la proclamación del Decenio Internacional para los Afrodescendientes (2015-2024) realizada por la ONU en el año 2014 mediante la Resolución de la ONU [A/RES/68/237], para que el Día Internacional del Recuerdo de la Trata de Esclavos y de su Abolición refuerce su posición como una fecha en la que nuestras identidades individuales y colectivas se sitúen en los sacrosantos terrenos de la libertad como motor fundamental para la construcción de la ansiada paz internacional que pasa, precisamente, por relaciones más justas que permitan reparar, reconstruir y superar los flagelos del pasado en pro de las nuevas generaciones, abanderando, a su vez, una ética de vanguardia opuesta a cualquier forma de abuso o perversión del poder.

Las nuevas e ingeniosas soluciones a los problemas que afecten la dignidad humana parten de actitudes abiertas a dinamizar tanto el Derecho Internacional como la Política Internacional. Los objetivos del desarrollo sostenible (ODS), la Agenda 2030, el Pacto Mundial de las Migraciones y otros tantos aportes, son una muestra incipiente, imperfecta pero atrevida de lo que queremos.

Por ende, es propicio traer a escena las palabras de la Constitución de “La Charte du Manden” que viera luz en la Edad Media durante el reinado de Sundiata Keita en el Imperio de Malí, para reivindicar a héroes y heroínas que siguen luchando por la dignidad de todos, en tanto que así estamos contribuyendo al proceso de concienciación necesario en los liderazgos políticos propositivos, pues corresponde a todos visibilizar las soluciones aportadas, los problemas persistentes y, en definitiva, clamar contra toda acción de opresión, en el entendido que la esclavitud más peligrosa siempre será aquella que intente apresar las ideas.

“El hombre como individuo hecho de huesos y de carne, de médula y de nervios, de piel recubierta de pelos y de cabellos, se nutre de alimentos y de bebidas; pero su ‘alma’, su espíritu vive de tres cosas: ver lo que quiere ver, decir lo que quiere decir, hacer lo que quiere hacer. Si carece de una sola de estas cosas, sufrirá y con seguridad se marchitará…” 

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Mayger Urbina
Licenciado en Estudios Internacionales y Abogado por la Universidad Central de Venezuela. Se desempeña como Profesor de Teoría de las Relaciones Internacionales en la Escuela de Estudios Internacionales y es cursante en la Maestría de Derecho Internacional Privado y Comparado de la UCV. Articulista de Ceinaseg.