Introducción

Hay espacios geográficos cuya relevancia supera ampliamente sus dimensiones físicas. El Mar Rojo es uno de ellos. Entre el Canal de Suez y el Estrecho de Bab el-Mandeb se concentra una parte decisiva de la circulación comercial, energética y digital que sostiene la interdependencia contemporánea. Por esa razón, cualquier alteración en sus aguas deja de ser un episodio periférico y se convierte en una perturbación con efectos en las cadenas de suministro, los mercados de seguros, la seguridad alimentaria y el cálculo estratégico de potencias situadas mucho más allá de la región (Council on Foreign Relations, 2026).

En 2026, esta condición adquirió una intensidad singular. Las dificultades para transitar por el estrecho de Ormuz llevaron a Arabia Saudita a recurrir con mayor intensidad a su oleoducto Este-Oeste y a la terminal de Yanbu. Sin embargo, esa salida desemboca en el Mar Rojo y, hacia el sur, depende de Bab el-Mandeb. Cuando los hutíes anunciaron en julio un embargo a la navegación vinculada a Arabia Saudita, la supuesta ruta de escape se convirtió en un segundo frente. No fue necesario imponer un bloqueo naval convencional: bastó con introducir un grado de incertidumbre capaz de alterar primas, itinerarios y decisiones empresariales (Reuters, 2026d, 2026h).

Este artículo sostiene que la situación del Mar Rojo no puede entenderse únicamente como una crisis de navegación. Lo que está ocurriendo revela una transformación más profunda: un corredor concebido como bien común se ha convertido en un espacio de coerción selectiva. Misiles, drones, seguros, puertos, bases militares y cables submarinos forman parte de una misma geografía política. Analizarla exige conectar la guerra en Yemen, la rivalidad entre Irán y Estados Unidos, la vulnerabilidad económica de Egipto y las estrategias de China, Europa y los Estados del Golfo. Desde esta perspectiva, la pregunta central ya no es solo quién controla el mar, sino quién posee la capacidad de definir las condiciones bajo las cuales otros pueden atravesarlo.

1. De corredor a sistema de coerción

Durante décadas, el Mar Rojo se explicó por una geografía aparentemente estable: Suez al norte, Bab el-Mandeb al sur y, entre ambos, la vía más corta entre Asia y Europa. En condiciones normales, por este espacio circula alrededor de una décima parte del comercio mundial, además de petróleo, grano, manufacturas y componentes críticos. El dato sigue siendo importante, pero ya no basta para entender lo que ocurre. En 2026, el valor político del corredor depende tanto de lo que transporta como del poder que ejerce la amenaza de interrumpirlo (Council on Foreign Relations, 2026).

Ahí reside la innovación estratégica hutí: una amenaza intermitente puede funcionar como un peaje geopolítico. No es preciso hundir decenas de buques ni controlar físicamente el estrecho. Alcanzar unos cuantos objetivos y mantener la lista de naves toleradas en la sombra puede bastar. En agosto de 2026, la Organización Marítima Internacional registraba 61 incidentes confirmados desde el 10 de enero de 2024, además de 17 ocurridos entre noviembre de 2023 y los primeros días de 2024. Más que el total, pesa el efecto acumulado. Una explosión aislada puede modificar la valoración del riesgo a lo largo de toda la ruta (International Maritime Organization, 2026).

Así lo mostró el mercado asegurador tras el anuncio de los hutíes en julio. Las primas indicativas por riesgo de guerra para atravesar el sur del Mar Rojo pasaron de alrededor del 0,3% del valor del buque a más del 1% en cuestión de días. En una nave valorada en 100 millones de dólares, esa diferencia puede significar cerca de un millón de dólares adicionales por viaje, antes de considerar el combustible, la escolta, los retrasos o el costo financiero de la carga inmovilizada. La geopolítica se transmite al consumidor no solo a través del precio del petróleo, sino también a través de cada póliza, inventario y contenedor (Reuters, 2026g, 2026i).

2. El actor hutí: autonomía, patrocinio y ambición regional

Hay una tentación comprensible pero engañosa de reducir a Ansar Allah a un instrumento de Irán. El apoyo de Teherán en tecnología, componentes, inteligencia y entrenamiento ha sido decisivo; aun así, los hutíes conservan una agenda propia. Quieren afianzar su autoridad en Yemen, endurecer cualquier presión saudí, ganar peso en una eventual negociación política y presentarse como el actor más activo del llamado Eje de la Resistencia. Su relación con Irán se entiende mejor como un alineamiento con márgenes de autonomía que como una cadena de mando rígida (Labh & Al-Muslimi, 2026).

Ese margen de autonomía explica el cambio de objetivos. Entre 2023 y 2025, los ataques fueron justificados como una muestra de solidaridad con Gaza y como una forma de oposición a Israel. La tregua de 2025 redujo temporalmente la presión sobre la navegación comercial. En 2026, sin embargo, el conflicto entre Estados Unidos e Irán y la reactivación de las tensiones con Arabia Saudita ampliaron el repertorio: buques saudíes, terminales energéticas y rutas de exportación pasaron al centro de la amenaza. El Mar Rojo se integró así a una guerra regional distribuida, en la que cada frente puede activarse sin un mando único (Reuters, 2026d, 2026h; Labh & Al-Muslimi, 2026).

Conviene detenerse en la dimensión humana, porque el lenguaje de la disuasión suele volverla invisible. El ataque contra el carguero Tihamah, frente a Al Mokha en agosto, causó la muerte de cuatro tripulantes; dos rescatistas yemeníes fallecieron en un incidente asociado. Quienes quedan en primera línea son marinos de distintas nacionalidades, no los gobiernos que diseñan las estrategias. La seguridad marítima debería medirse también en vidas y no solo por el porcentaje de buques que consiguen atravesar el estrecho (International Maritime Organization, 2026; Reuters, 2026c).

3. Mucha capacidad táctica, poca arquitectura política

La respuesta internacional deja una paradoja difícil de ignorar. Alrededor de un corredor muy estrecho se concentra una enorme cantidad de tecnología militar, pero esa presencia aún no ha generado una normalidad comercial duradera. Estados Unidos ha combinado escoltas, intercepciones, ataques contra posiciones hutíes y acuerdos de desescalada. La Unión Europea eligió un mandato defensivo más limitado: la operación EUNAVFOR ASPIDES, prorrogada en febrero de 2026 hasta febrero de 2027, protege buques y contribuye al conocimiento de la situación marítima conforme al derecho internacional (Council of the European Union, 2026).

Estas misiones reducen los daños, pero no resuelven el problema político. Un misil o un dron relativamente barato puede obligar a emplear interceptores costosos, a desplegar escasos buques y a sostener cadenas logísticas a miles de kilómetros de distancia. Hay, además, un límite menos visible: ninguna escolta puede obligar a una junta directiva o a una aseguradora a considerar segura una ruta. La superioridad naval evita que los hutíes dominen el mar; no evita que condicionen las decisiones de quienes lo cruzan (Labh & Al-Muslimi, 2026).

El Consejo de Seguridad mantiene el seguimiento de los ataques y ha exigido su cese, pero la competencia entre potencias limita una respuesta política coherente. Además, las operaciones existentes se superponen en sus mandatos: protección del comercio, lucha contra la piratería, control del tráfico de armas y vigilancia de amenazas regionales. Lo que falta no es otra coalición nominal, sino una arquitectura que conecte la seguridad naval, la diplomacia sobre Yemen, la desescalada regional y las capacidades de los Estados ribereños (International Maritime Organization, 2026; United Nations Security Council, 2026).

4. De la libertad de navegación a la política de permisos

El desarrollo más inquietante de 2026 es la erosión silenciosa de la universalidad del tránsito. China, altamente dependiente de la energía de la región, entabló contactos directos con los hutíes para facilitar el paso de determinados petroleros. Para Pekín, la negociación pragmática protege los suministros y evita una confrontación militar. Para el sistema marítimo, sin embargo, el precedente es delicado: si cada bandera, empresa o potencia debe obtener una garantía particular, la libertad de navegación se transforma en un mosaico de permisos selectivos (Reuters, 2026a).

Arabia Saudita respondió al impulsar una nueva coalición de defensa marítima, con la participación anunciada de estados árabes, africanos y asiáticos. La iniciativa reconoce que el problema no puede permanecer indefinidamente en manos de las fuerzas occidentales. También revela las fracturas del vecindario: la ausencia de algunos actores del Golfo y la coexistencia con el Consejo de Estados Árabes y Africanos Ribereños del Mar Rojo, creado en 2020, muestran que abundan los foros, pero escasean los mecanismos operativos compartidos (Financial Times, 2026; Council on Foreign Relations, 2026).

Superar esa fragmentación no exige alineamientos absolutos. Un régimen funcional podría construirse por capas: intercambio de información, protocolos de búsqueda y rescate, protección de cables, criterios comunes para atribuir ataques, coordinación con aseguradoras y canales de comunicación con actores hostiles. Nada de esto luce tan bien como una flotilla. Probablemente, sin embargo, se parece más a la infraestructura institucional que requiere una arteria global (Council on Foreign Relations, 2026).

5. Suez y la geoeconomía de la incertidumbre

Egipto es el Estado que más directamente convierte el tránsito en un ingreso soberano. Los ingresos del Canal de Suez alcanzaron cerca de 4.670 millones de dólares en el ejercicio 2025/2026, lo que representa una recuperación de alrededor del 23% respecto al período anterior. Aun así, permanecieron muy por debajo del récord de 9.400 millones registrado antes de la crisis. Esa brecha no es un detalle contable: presiona las reservas de divisas, el presupuesto y la capacidad de El Cairo para sostener políticas sociales en una economía ya tensionada (Egyptian Streets, 2026; Reuters, 2024).

Para las navieras, la elección ya no se limita al Canal de Suez ni al Cabo de Buena Esperanza. Es una comparación dinámica entre el tiempo, el combustible, la disponibilidad de buques, las primas, la seguridad de la tripulación y la previsibilidad contractual. Las pruebas de retorno a Suez realizadas a comienzos de 2026 fueron frenadas por el deterioro regional posterior. La ruta corta puede ser más barata en una hoja de cálculo y, sin embargo, resultar más costosa si una nueva amenaza obliga a cambiar el itinerario con la carga ya embarcada (Reuters, 2026g, 2026i, 2026e).

El resultado empieza a verse en una logística algo menos eficiente, aunque más redundante. Empresas y gobiernos invierten en oleoductos, puertos alternativos, almacenamiento, inventarios de seguridad y rutas terrestres. La guerra con Irán aceleró proyectos para extraer hidrocarburos del Golfo sin atravesar el Estrecho de Ormuz y devolvió protagonismo a las terminales del Mar Rojo. Pero trasladar la dependencia de un estrecho a otro no elimina la vulnerabilidad; apenas la reubica en el mapa (Reuters, 2026f, 2026b).

6. Puertos, bases y potencias: la competencia por las orillas

La superficie del Mar Rojo concentra la atención, pero la competencia decisiva también se da en tierra. Estados Unidos mantiene una presencia militar central en la región y una base clave en Yibuti; China posee allí su primera base militar permanente en el extranjero y ha invertido en puertos, ferrocarriles y zonas económicas desde el Cuerno de África hasta Suez. Europa aporta seguridad naval; los Estados del Golfo proyectan su influencia mediante terminales portuarias, operadores portuarios, financiamiento y alianzas locales (Council on Foreign Relations, 2026).

Ninguna potencia domina el conjunto y esa es una de las claves del problema. La pluralidad dificulta una hegemonía excluyente, pero también complica la provisión de bienes públicos. China busca rutas estables sin asumir los costos políticos de convertirse en garante universal. Estados Unidos conserva una capacidad militar superior, aunque su credibilidad depende de que esa fuerza produzca algo más duradero que pausas entre ataques. Turquía, Egipto, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, por su parte, combinan intereses comerciales, militares e ideológicos que no siempre coinciden entre sí (Council on Foreign Relations, 2026).

El error habitual es ver la costa africana como una mera plataforma para bases extranjeras. Sudán lleva su guerra hasta las proximidades de Port Sudan; Somalia, Somalilandia, Etiopía, Eritrea y Yibuti disputan el acceso, la soberanía y los beneficios portuarios. Para estos países, la seguridad marítima también implica empleo, control de fronteras, pesca, combate al contrabando, infraestructura costera y capacidad estatal. Una estrategia que proteja los contenedores, pero ignore la fragilidad de las sociedades ribereñas, preservará el síntoma y reproducirá la causa (Council on Foreign Relations, 2026).

7. La segunda geografía: cables y soberanía digital

Debajo del tráfico naval hay otro Mar Rojo, menos visible y no menos estratégico. Una densa red de cables submarinos conecta Asia, África, Medio Oriente y Europa. Los cortes de 2024 afectaron, según estimaciones del CSIS, aproximadamente una cuarta parte del tráfico de telecomunicaciones entre esas regiones; nuevas interrupciones en 2025 confirmaron la concentración del riesgo. Las redes suelen redirigir el tráfico y evitar un apagón total, pero eso no vuelve inocuo el daño: la latencia, la capacidad disponible y los tiempos de reparación pueden deteriorarse de forma apreciable (Center for Strategic and International Studies, 2025).

En un entorno de ataques, minas, anclas a la deriva y permisos lentos, reparar un cable puede ser tan difícil como protegerlo. La Unión Internacional de Telecomunicaciones ha subrayado la necesidad de agilizar las autorizaciones, fortalecer la coordinación y aumentar la resiliencia. La soberanía del siglo XXI ya no se juega solo en puertos y estrechos: también depende de estaciones de amarre, rutas de fibra, buques especializados y acuerdos regulatorios (International Telecommunication Union, 2026).

Esta dimensión digital modifica el equilibrio de poder. Quien financia, construye, opera o repara los cables obtiene acceso a información, influencia regulatoria y una posición privilegiada en la economía de datos. La protección del Mar Rojo debe incluir, por ello, la infraestructura submarina, sin convertirla en otro campo de militarización opaca (Center for Strategic and International Studies, 2025; International Telecommunication Union, 2026).

8. Las señales que conviene observar

La primera incógnita es la relación entre Estados Unidos e Irán. Mientras Ormuz permanezca bajo presión, cada barril desviado hacia Yanbu aumentará la importancia de Bab el-Mandeb y, con ella, los incentivos de los hutíes para intervenir. Ambos estrechos forman un solo sistema energético y militar; analizarlos como crisis separadas oscurece más de lo que aclara (Reuters, 2026h, 2026f).

La señal más útil quizá no provenga de un comunicado oficial, sino de las navieras y las aseguradoras. Una caída en el número de ataques no implica automáticamente una normalización. El indicador decisivo será el retorno sostenido de los servicios regulares, sin escoltas extraordinarias ni primas de guerra prohibitivas. La confianza comercial, como suele ocurrir, regresará más lentamente que el alto el fuego (Reuters, 2026g, 2026i).

Yemen introduce otra variable que con frecuencia queda relegada por el enfoque naval. Si los hutíes convierten el control marítimo en ingresos, reconocimiento o ventajas negociadoras, el instrumento se convertirá en un elemento estable de su repertorio. Un proceso político con incentivos creíbles y límites efectivos al flujo de armamento podría, en cambio, elevar el costo de mantener la campaña (Labh & Al-Muslimi, 2026).

Queda, por último, la calidad de la cooperación ribereña. Una coalición que solo reacciona a misiles será necesariamente episódica. Una red que integre a Egipto, Arabia Saudita, Yemen, Sudán, Eritrea, Yibuti, Somalia y Jordania —con socios externos y reglas transparentes— podría llevar la seguridad marítima hacia una agenda más amplia de desarrollo, conectividad y prevención (Council on Foreign Relations, 2026).

9. Conclusión: gobernar la interdependencia

La lección de 2026 es incómoda. El Mar Rojo no está cerrado, pero tampoco permanece abierto en el sentido político que la globalización sostuvo. Se puede navegar, sí, aunque bajo condiciones variables, con costos discriminatorios y garantías selectivas. Esa zona gris favorece a los actores capaces de imponer riesgo sin asumir la responsabilidad de administrar el espacio que alteran (Labh & Al-Muslimi, 2026).

Restaurar el tráfico del día anterior no bastará. Hace falta combinar una disuasión proporcionada con una salida política en Yemen, la desescalada entre Irán y sus adversarios, la cooperación regional, la protección de las tripulaciones y una mayor resiliencia logística y digital. También hace falta reconocer algo elemental: las comunidades ribereñas no son el decorado de una ruta global. Su estabilidad es la primera infraestructura del comercio (Council on Foreign Relations, 2026).

El Mar Rojo seguirá siendo indispensable. La pregunta es si podrá conservarse como bien común o si terminará convirtiéndose en un sistema de peajes geopolíticos negociados según la bandera, la alianza o la afinidad de cada buque. No está en juego únicamente la seguridad de Suez. También se pone a prueba la capacidad del orden internacional para gobernar una interdependencia que sus adversarios ya han aprendido a convertir en un instrumento de presión.


Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente la organización comparte lo expresado.


Referencias

Centre for Strategic and International Studies. (2025, November 12). The strategic future of subsea cables: Egypt case study. https://www.csis.org/analysis/strategic-future-subsea-cables-egypt-case-study

Council of the European Union. (2026, February 23). Red Sea: Council extends the mandate of Operation ASPIDES to safeguard freedom of navigation. https://www.consilium.europa.eu/en/press/press-releases/2026/02/23/red-sea-council-extends-the-mandate-of-operation-aspides-to-safeguard-freedom-of-navigation/

Council on Foreign Relations. (2026, June 3). Conflict and cooperation in the Red Sea. https://www.cfr.org/articles/conflict-and-cooperation-in-the-red-sea

Egyptian Streets. (2026, June 30). Suez Canal revenue rises 23 percent in the 2025/2026 fiscal year as regional tensions ease. https://egyptianstreets.com/2026/06/30/suez-canal-revenue-rises-23-percent-in-the-2025-2026-fiscal-year-as-regional-tensions-ease/

Financial Times. (2026, July). Saudi Arabia announces maritime defence coalition. https://www.ft.com/content/926bad8a-55e0-4d1d-8612-7ebd0aaef4ee

International Maritime Organization. (2026). Red Sea area. https://www.imo.org/en/mediacentre/hottopics/pages/red-sea.aspx

International Telecommunication Union. (2026). International Advisory Body on Submarine Cable Resilience: 2026 publication. https://www.itu.int/digital-resilience/submarine-cables/wp-content/uploads/sites/2/2026/07/IAB-Publication-2026.pdf

Labh, N., & Al-Muslimi, F. (2026, July 24). The Houthi Red Sea blockade: Will collective maritime security be defended, or break down? Chatham House. https://www.chathamhouse.org/2026/07/houthi-red-sea-blockade-will-collective-maritime-security-be-defended-or-break-down

Reuters. (2024, July 18). Suez Canal revenue drops as some shippers shun Red Sea. https://www.reuters.com/business/autos-transportation/suez-canal-revenue-drops-some-shippers-shun-red-sea-2024-07-18/

Reuters. (2026a, July 28). China in touch with Yemen’s Houthis to allow ships to sail through Red Sea, sources say. https://www.reuters.com/world/china/china-touch-with-yemens-houthis-allow-ships-sail-through-red-sea-sources-say-2026-07-28/

Reuters. (2026b, July 30). Drone strike in Egypt sparks security concerns about Suez oil exports. https://www.reuters.com/business/energy/drone-strike-egypt-sparks-security-concerns-about-suez-oil-exports-2026-07-30/

Reuters. (2026c, August 12). Four crew, two rescuers killed in Red Sea attack; US strikes ship in Gulf of Oman. https://www.reuters.com/world/china/three-killed-attacks-ships-red-sea-gulf-sources-say-2026-08-11/

Reuters. (2026d, July 21). How a Houthi blockade in the Red Sea tightens Iran’s grip on oil flows. https://www.reuters.com/world/middle-east/why-are-houthis-threatening-attack-red-sea-shipping-what-does-it-mean-oil-2026-07-15/

Reuters. (2026e, February 3). Maersk and Hapag-Lloyd to resume limited Red Sea transits. https://www.reuters.com/business/maersk-hapag-lloyd-transit-red-sea-with-one-their-shared-services-2026-02-03/

Reuters. (2026f, August 28). Pipelines and ports: Iran war spurs Gulf infrastructure investment. https://www.reuters.com/business/energy/pipelines-ports-iran-war-spurs-gulf-infrastructure-investment-2026-08-28/

Reuters. (2026, July 21). Red Sea war insurance costs rise after Houthi blockade, sources say. https://www.reuters.com/legal/litigation/red-sea-war-insurance-costs-rise-after-houthi-blockade-sources-say-2026-07-20/

Reuters. (2026h, September 2). US-Iran strikes raise fears of renewed war across the Middle East. https://www.reuters.com/world/middle-east/us-iran-exchange-attacks-lull-war-appears-over-2026-09-02/

Reuters. (2026i, July 23). War risk insurance costs surge for southern Red Sea voyages after Houthi attacks. https://www.reuters.com/world/middle-east/war-risk-insurance-costs-surge-southern-red-sea-voyages-after-houthi-attacks-2026-07-23/

United Nations Security Council. (2026, July 14). Security Council renews monthly reporting on Houthi attacks in Red Sea, adopting Resolution 2826 (2026). https://press.un.org/en/2026/sc16412.doc.htm

Compartir
Costarricense. Director académico de la Escuela de Relaciones Internacionales de la Universidad Latina de Costa Rica. Tiene una Maestría Académica en Relaciones Internacionales y Diplomacia con énfasis en Administración de Proyectos de Cooperación Internacional por la Universidad Nacional de Costa Rica. Ha fungido como Representante Permanente Alterno ante los organismos internacionales en Viena, Austria.