Tras la Segunda Guerra Mundial, diversos países europeos buscaron la forma de avanzar en el tema de integración y cooperación económica, así como en nuevas áreas con el fin de mitigar posibles conflictos e incrementar los lazos de unión y sentimiento europeo. En este sentido, a partir de 1951 con la creación de la Comunidad Europea del Carbón y el Acero (CECA), se comenzaría a dar pasos estrechos para reunificar Europa y exaltar sus valores y principios en el mundo, hasta el punto de hoy considerarse una referencia inevitable para cualquier proyecto integracionista a nivel mundial. Desde entonces la Unión Europea (UE) se construyó con el fin de lograr objetivos políticos y decidió hacerlo mediante la cooperación intergubernamental económica[1].

Sin embargo, a pesar de que el inicio tuvo un connotado acento economicista, como todo proceso de integración, fue avanzando hacia nuevas áreas y temáticas, impulsando cada vez más la unión en el área política, social, laboral y migratoria; logrando así que existiese en el largo plazo una libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas[2], a través de diferentes acervos jurídicos que beneficiaron a los miembros del bloque regional europeo, lográndose en el tiempo una difuminación de los controles y barreras transfronterizas intrabloque a través de la creación del Espacio Schengen en 1985. Es decir, se creó un área sin fronteras dentro de la Unión Europea, principalmente con el fin de lograr la cohesión interna territorial de sus miembros a través de la sinergia y cooperación intergubernamental existente en materia de política migratoria.

Inicialmente, la creación de esta zona estipulaba la supresión gradual de los controles y restricciones en las fronteras comunes (terrestres, aéreos y marítimos) sobre las personas; también se encargaría de reducir los desplazamientos comunitarios y extracomunitarios irregulares[3]; además, facilitaría beneficios económicos para la región debido a la facilidad del comercio intrazona, determinándose así una acertada, tangible y popular política europea hacia la creación de un espacio libre de controles fronterizos y circulación de personas[4][5].

En consecuencia, con la consagración de la libre circulación de personas se fue facilitando cada vez más extender estas libertades a otras áreas como los bienes, servicios, capitales y otras áreas dentro de la Unión Europea. Todo ello, debido a que estas se consideraban como una de las características principales e indispensables en el desarrollo del proyecto integracionista europeo, que fue promulgada legalmente por medio del artículo 45 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea (TFUE) en el cual se detallan cada una, así como su alcance[6].

Es decir, que el ámbito donde principalmente la Unión Europea debe mantenerse firme, es el relativo a la libertad de circulación que se materializa con la creación de dicho espacio sin fronteras, denominado Schengen; pues esta genera las dinámicas y mecanismos para profundizar la integración, todo ello debido a que está afecta de manera general a la totalidad de los Estados miembros de la Unión Europea[7].

El Acuerdo de Schengen. Mapa de Europa que representa los Estados miembros del Tratado.

Europapress (2015) “¿En qué consiste el Acuerdo Schengen?”. Recuperado de: https://www.europapress.es/internacional/noticia-cosiste-acuerdo-schengen-20150614201253.html

Y es que, en pleno proceso de construcción de Europa como potencia política y económica, se consideró este paso como esencial para facilitar la movilidad y dinamismo de un factor productivo como lo es el trabajo. Además, para existir como proyecto político y ciudadano Europa necesitaba construir las bases materiales para preservar la libertad de circulación; pues sin ella, sería sólo un área de libre comercio sin dimensión política o ciudadana[8]. Por ello, hoy en día debe ser un derecho preservado; por el contrario, la Unión Europea perdería su sentido y rumbo hacia una mayor profundización del proceso integracionista.

En torno a ello, podemos ver que uno de los objetivos esenciales sobre los cuales se moverá la UE en su conjunto a partir de ese entonces, será hacia la búsqueda y la mejora del bienestar económico y social de sus miembros, los ciudadanos, lo cual conllevaba a converger hacia una estabilidad y prosperidad económica europea[9]; impulsándose así, políticas económicas que fomenten el libre mercado, la libre competencia empresarial en todos sus niveles y formándose en el largo plazo un gran bloque económico-comercial competitivo y cohesionado frente al resto de los países y bloques regionales en el mundo.

De igual manera, se puede entender que dentro de Europa se consideró que la supresión de fronteras permeaba a la creación de mayores libertades y menores obstáculos como restricciones para la integración, comercio y economías de los diferentes Estados miembros del bloque; y por otra parte, generaría en el corto plazo beneficios para las empresas en cuanto al tema de internacionalización, crecimiento, inversión, eficiencia, competencia, producción y comercio debido a que el mercado intrabloque tiene una mayor dimensión y diversificación[10], no tiene limitaciones internas en cuanto a la movilización de mercancías de un Estado a otro debido a la eliminación de barreras físicas, abriendo las puertas a nuevos socios, ya que las empresas tienden a aprovechar las oportunidades de mercado en otros países miembros del bloque generando una ampliación de la oferta de productos de alta calidad hacia la totalidad de los consumidores europeos. En resumidas cuentas, estas medidas crean el ambiente propicio para que las inversiones aumenten en el mediano plazo.

Por otra parte, podemos ver que la creación de dicha zona permeo a la instauración de un pasaporte europeo que repercutió para disminuir los niveles de discriminación por el origen étnico o ciudadano en la región; además, abrió las posibilidades de obtener mayores facilidades de trabajo (movilidad laboral), estudio, inversión, creación de empresas y filiales, dentro de los Estados europeos miembros del bloque. Al respecto, también se puede evidenciar que tanto personas físicas como jurídicas se benefician de un Mercado Único Europeo a través de la materialización de la libre circulación de personas, la prestación de sus servicios temporales y los derechos de establecimiento en cualquiera de los Estados de la Unión Europea; todo ello, sin mayores trabas o permisos que no sean presentar un documento de identidad o pasaporte donde se demuestre la nacionalidad de algún Estado miembro de la Unión Europea.

Así pues, la libre circulación de personas en la zona Schengen supone diversos aspectos ventajosos, como la posibilidad de que cada ciudadano europeo pueda ejercer su movilidad laboral hacia otros países del bloque sin la necesidad de que se vea afectado por trabas burocráticas o requerimientos legales migratorios, teniendo la posibilidad de que con su desplazamiento hacia otro Estado miembro no se vea afectada su residencia, profesión o permanencia vigente; pues los únicos requisitos para este tipo de movimientos migratorios es poseer el documento de identidad o pasaporte válido, contar con los suficientes recursos económicos y un seguro de enfermedad cuando tu permanencia en dicho país supere los tres meses[11].

Más allá de los argumentos descritos anteriormente, se debe tomar en cuenta el envejecimiento europeo durante los últimos años, problema que ha contribuido a que la edificación de la zona de libre circulación permee a mitigar el déficit laboral existente en algunos países europeos debido a la alta movilidad intrabloque existente. Con base a esto, las fronteras europeas deben ser porosas y flexibles, pero también seguras al promover la movilidad y flujos laborales, comerciales, sociales, entre otros, que benefician a algunos y disuaden a los que perjudican; permitiendo a su vez, el retorno a sus países de origen de aquellos en condiciones de hacerlo, aportando desde su lugar al crecimiento económico del bloque e incrementando la productividad regional.

Por ende, el hecho es que para lograr materializarse este modelo de integración gradualista y escalonado descrito anteriormente, de un espacio sin fronteras, y lograr desarrollar el funcionamiento de las cuatro libertades fundamentales[12], los Estados debieron antes tomar medidas compensatorias, entre estas tenemos: 1) Eliminación de las barreras físicas, técnicas y fiscales; 2) Ser responsables de controlar cada uno sus fronteras externas; 3) Expedir visados uniformes para estancias de corta y larga duración; 4) Cooperar de forma eficiente con los demás estados de la UE en materia de seguridad fronteriza; 5) Aplicar las normas generales sobre el espacio terrestre, marítimo y aéreo, cooperación policial y protección de datos personales; 6) Combatir el tráfico de drogas; y, 7) Conectarse al Sistema de Información Schengen (SIS)[13].

En este sentido, las mayores ventajas que logró la instauración de este modelo de integración fue la creación de una Europa sin fronteras, la libre circulación de mercancías, servicios, capitales y personas, y hasta la ampliación del mercado intrarregional con un alto crecimiento de empresas prósperas en el corto plazo.

 De igual manera, la supresión de controles en las fronteras interiores también tuvo repercusiones en otros ámbitos de actuación, tales como la lucha contra los delitos, desplazamientos, comercio y justicia transfronteriza[14]. Es decir, todo proceso integracionista produce costos y beneficios, aunque la prioridad es que sea potencialmente positivo para que se desarrolle en el largo plazo y pueda llegar a desarrollarse en nuevos niveles de integración, todo ello en el marco de una real sinergia y cooperación intergubernamental a través de la materialización de políticas públicas, acciones y medidas comunitarias que mejoren la relación entre integración y desarrollo económico[15].

El Tratado de Lisboa contempla las 4 libertades fundamentales de Integración de la UE.

Mienciclo blog (2017). “Décimo aniversario de la firma del Tratado de Lisboa”. Recuperado de: https://blog.mienciclo.com/decimo-aniversario-de-la-firma-del-tratado-de-lisboa/

Ahora bien, haciendo un paralelismo del caso europeo al latinoamericano, podemos evidenciar que en nuestro continente no existen las condiciones adecuadas para la supresión de fronteras físicas, ya sea por las grandes brechas respecto a diferencias ideológicas, económicas, comerciales y sociales persistentes, las débiles instituciones y el gran apego a la concepción de soberanía que se encuentra arraigada en muchos países, generando altos desequilibrios que no se corresponde con una real voluntad política de los gobiernos.

En comparación a Europa, en el caso de nuestra región también la ausencia de una variable integracionista enraizada que vaya de la mano del crecimiento de un sentimiento latinoamericanista y caribeño se ve muy escasa en la región, pues el único factor al cual se ha apelado como factor catalizador hacia la integración ha sido el de compartir una historia común de colonialismo frente a las potencias extranjeras europeas.

Sin embargo, para lograr avanzar hacia un modelo cohesionador integracionista en Latinoamérica y el Caribe, parecido al europeo, es necesario construir las capacidades tangibles e intangibles, abrazar la supranacionalidad como mecanismo cohesionador y lograr la construcción de instituciones fuertes y estables, esto requiere una real voluntad gubernamental, estabilidad política y políticas públicas encargadas de crear condiciones macroeconómicas, sociales y migratorias en gran parte de nuestro continente, desde México hasta Argentina, que faciliten la libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas; para construir así, un espacio sin fronteras físicas, pero con las garantías necesarias para lograr la materialización de las mismas. A pesar de todo esto, el caso europeo sigue siendo la referencia por excelencia de un modelo de integración exitoso y que sigue desarrollándose a nuevos niveles permitiendo mejorar las condiciones actuales de sus miembros y otorgando mayores ventajas migratorias, lo cual deberíamos tomar en cuenta para seguir avanzando.

Más allá de las carencias existentes en Latinoamérica y el Caribe, es importante acotar que se han hecho avances; un ejemplo de ello, lo podemos encontrar en diferentes bloques de integración subregional como la Comunidad Andina de Naciones (CAN), en cuyo Acuerdo de Cartagena de 1969 está contemplado contribuir con la consolidación de una conciencia y cohesión comunitaria, cuya maduración del proceso integracionista desembocaría en la materialización de un modelo uniforme y documento de viaje común que beneficiaría a los nacionales de los países miembros del bloque andino en sus movimientos migratorios, así como servir de identificación internacional del proceso integracionista. La CAN fue creada en junio de 2001 por medio de la Decisión 504 emitida por el Consejo Andino de Ministros de Relaciones Exteriores[16], la cual sería aplicable para los países miembros en ese entonces: Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú; en el caso de Venezuela, este expediría el mismo documento hasta 2006[17].

Como resultado, entre algunos de los beneficios existentes de este pasaporte andino, encontramos que el mismo permitía el libre tránsito de personas nacionales de alguno de los Estados miembros del bloque por las fronteras terrestres, marítimas o aéreas de dichos países miembros, sin el requisito expedito de algún tipo de visa; asimismo, una de las metas contempladas en el tratado constitutivo va enfocado hacia la materialización de las libertades de bienes, servicios y capitales; lo cual hoy en día es una realidad, conformándose así una zona andina.  

Por otro lado, también se encuentra el MERCOSUR, creado en 1991 bajo el Tratado de Asunción, el cual contempla entre sus objetivos lograr que en la subregión de Suramérica se constituya un bloque económico y comercial fuerte que permita crear una zona de libre comercio, unión aduanera y mercado común al mismo tiempo; siempre y cuando, en primer lugar, se hayan superado las barreras burocráticas, paraarancelarias y comerciales previas, que permitan consolidar la libertad de circulación de bienes[18], servicios[19], capitales[20] y personas[21] dentro del bloque o región intrazona, para luego profundizar en otras fases de integración como lo es la unión económica y política.

Con lo antes mencionado, se buscaba generar una disrupción en la forma de integración escalonada, por una paralela; propiciándose las condiciones de desarrollo económico necesarias para luego avanzar en la supresión de las barreras migratorias y transfronterizas que permitieran la creación de un pasaporte común dentro de un espacio sin fronteras físicas que hoy en día es aún precario. Sin embargo, esto se materializa en 2008 cuando se aprobó el Acuerdo sobre documentos de viaje de los Estados partes del MERCOSUR y Estados asociados[22], esté requisito permite, al igual que el caso europeo con la creación de la zona Schengen, el libre tránsito de personas, proveyendo la posibilidad de movilizarse dentro del espacio de integración con cédula de identidad o pasaporte[23].

A su vez, una de las diferencias con el esquema de integración europeo, es que el modelo de pasaporte del MERCOSUR, no otorga derechos directos a los nacionales de países miembros, para trabajar o residir en cualquier país del bloque y luego de seis meses debe legalizarse su status migratorio dentro de ese país miembro, generándose la posibilidad de obtener residencia legal con derecho a trabajar sin realizar mayores trámites ante las autoridades de inmigración. Sin embargo, uno de los beneficios que se asemeja al caso de la Unión Europea, es el referente a la convalidación de títulos universitarios dentro del bloque, lo cual genera unas condiciones favorables de movilidad laboral y mano de obra profesionalizada dentro de la subregión.

Con el Tratado de Asunción en 1991 se crea el MERCOSUR. El Acuerdo contempla la creación una zona de libre comercio, una unión aduanera y un mercado común al mismo tiempo.

Díaz, E. (2014). “El Mercado Común del Sur – MERCOSUR – 1991”. Recuperado de: https://edithrociodiaz.wordpress.com/2014/06/04/el-mercado-comun-del-sur-mercosur-1991/

Teniendo en cuenta lo descrito anteriormente, podemos entender entonces que Latinoamérica y el Caribe, si bien se han realizado avances, aún se encuentran lejos de concretar una zona de integración fuerte y amplia en toda la zona; al mismo tiempo, no se han generado los procesos y políticas públicas necesarias con miras hacia la unificación de los sistemas de inmigración definitivas, pasaportes estandarizados, desaparición de los controles fronterizos, utilización indistinta de los beneficios del sistema de seguridad social en los diversos países, convalidación de títulos y cursos académicos, entre otras medidas[24], que lleven a una profundización de la cooperación e integración regional como sucedió con el caso de integración europea. Todo esto se debe a la precaria voluntad política existente dentro de la región para lograr, al igual que el caso europeo, una zona fuerte en lo económico, político, migratorio y social, al igual que un proceso de integración unitario que debido a los diferentes sistemas de integración existente en cada subregión de Latinoamérica y el caribe (CAN, MERCOSUR, MCCA, CARICOM, etc.), ha sido difícil concretar las posturas y visiones de la mayoría de los países integrantes de la zona para realizar un ambicioso proyecto al respecto, que desde hace años se debería haber implementado y desarrollado.  

No obstante, organismos intergubernamentales como el SELA, CELAC, entre otros; han ido fomentando a través de la cooperación e integración de la región ese sentimiento latinoamericano y caribeño a través de múltiples actividades y políticas públicas con el fin de incentivar propuestas que permitan crear una región estable, con procesos migratorios estandarizados que faciliten la movilidad en la región, sin barreras fronterizas físicas que lo impidan, permitiendo en el largo plazo avanzar hacia el fortalecimiento de los lazos económicos y aumentar la cooperación como integración intergubernamental entre las naciones de la zona, al igual que el caso europeo; pero que hoy en día, son precarios en toda Latinoamérica y el Caribe debido a los múltiples procesos subregionales existentes que se ven comprometidos por situaciones económicas, políticas y sociales que la coyuntura les acarrea.  

Por último, es meritorio destacar que si la búsqueda del desarrollo económico y social es la meta de todo proceso de integración, lograr suprimir las barreras que nos separan hoy en día debe convertirse en el objetivo de las naciones, propiciándose la creación de ese sentimiento de pertenencia a una región que se materializa a través de un espacio común supranacional con instituciones fuertes, donde todos formemos parte de una misma esencia y que tenga impregnada el sentimiento latinoamericanista y caribeño; pues  a pesar de los múltiples avances existentes, estos no son suficientes para generar un proceso de cohesión regional.


 

Notas de pie

[1] Fontaine 2014, p.4.

[2] Cuatro libertades esenciales en todo proceso integracionista, cuyo objetivo debe ser perseguido por todos los miembros del bloque.

[3] Iñarritú, 2018.

[4] Los únicos controles existentes son hacia las fronteras exteriores.

[5] Comisión Europea, 2015.

[6] Diario Oficial de la Unión Europea, 2012, p.19.

[7] Incluso Islandia, Liechtenstein, Noruega y Suiza, países los cuales no forman parte de la Unión Europea, si son parte del Espacio Económico Europeo (EEE) y Zona Schengen que está conformada por 22 de los 28 miembros actuales de la UE, adicional a estos 4 países que conforman la Asociación Europea de Libre Comercio (AELC).

[8] Con el Tratado de Maastricht en 1992 es cuando se crea el concepto de “ciudadanía de la Unión”, la cual garantiza la circulación y residencia de las personas en diferentes Estados miembros.

[9] Iñarritú op. cit. p.9.

[10] Para 2018 se calcula que existen alrededor de 500 millones de consumidores.

[11] Sin embargo, para obtener la residencia permanente es necesario mantenerse en dicho país por un periodo de cinco años y puede perderse en ausencia de más de dos años consecutivos de dicho país al cual emigró.

[12] Libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas, en el mercado regional, lo cual se encuentra contemplado en el Tratado de Lisboa de 2007.

[13] Comisión Europea, 2015, p.5 & Comisión Europea, 2018, p.3.

[14] Ibídem.

[15] Rueda, 2019, p.64.

[16] Organización de Estados Americanos, 2001.

[17] Fecha en la cual ya se materializaba su salida de dicho proceso integracionista andino.

[18] Para ello es necesario la reducción de aranceles en un 100% y ello es necesario materializarlo a través de la conformación de una real Zona de Libre Comercio.

[19] eliminación de las trabas legales a los prestadores de servicios que forman parte del esquema de integración

[20] Se logra a través de la eliminación de las restricciones a los flujos de capital

[21] Garantizar la circulación de personas con fines turísticos, de negocios, migratorios: residencia y trabajo

[22] En la actualidad los países asociados al Mercosur son: Chile, Colombia, Ecuador Guyana, Perú y Surinam, el caso de Bolivia se encuentra en proceso de adhesión como miembro pleno.

[23] Comisión de Representantes Permanentes del Mercosur, 2014, p. 3.

[24] Roy y Domínguez, 2010, p.122.


 

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Eliseo Carrillo
Licenciado en Estudios Internacionales por la Universidad Central de Venezuela. Egresado del Diplomado en Petróleo y Otras Energías y el Diplomado en Relaciones Internacionales, Diplomacia y Protocolo por el Colegio de Internacionalistas de Venezuela. Estudios e intereses en el área de Energía y petróleo, Seguridad, Integración y Cooperación. Investigador y miembro de CEINASEG.